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Violencia institucional en refugio hidalguense para mujeres

Por Tania Meza Escorza /correponsal

La labor fundamental del refugio para mujeres violentadas de Hidalgo es separar a las víctimas del ambiente de violencia y lograr que rompan el círculo de agresiones. Sin embargo, una usuaria de esta casa relata cómo el personal de la misma es el principal generador de violencia contra las habitantes.

“Si se porta mal, nada más me avisa para regañarla” es la indicación que las trabajadoras sociales dan al personal que convive con las usuarias del refugio para mujeres que sufren violencia familiar, de acuerdo con el testimonio de una mujer que llegó al albergue del estado tras sufrir violencia familiar, pero que abandonó el refugio debido al ambiente de violencia que en él se vivía.

En calidad de fuente protegida (asistida por el decreto legislativo federal correspondiente al secreto profesional periodístico), esta mujer aceptó contar lo que ella denominó una “muy mala experiencia” en el refugio hidalguense para mujeres violentadas, del que, según su dicho, muchas salen para volver con el marido golpeador.

A diferencia de otros estados de la República mexicana, el refugio de Hidalgo es dirigido por la Organización de la Sociedad Civil (OSC) denominada “En familia rompamos el silencio”, la cual recibe financiamiento del gobierno sin concursar por dichos recursos. Por tal motivo, es el ejecutivo estatal, a través de la Secretaría de Desarrollo Social y del Instituto Hidalguense de las Mujeres, quien designa y capacita al personal que labora en el refugio.

De acuerdo con la entrevistada, los malos tratos, los regaños e incluso algunos castigos son técnicas recurrentes en la manera de manejar esta institución. “Cuando alguna persona que trabaja en el refugio llega por primera vez, lo primero que las trabajadoras sociales le dicen es que si tiene alguna queja de nosotras les avisen para que nos regañen”, señaló.

El testimonio señala que cualquier ruptura del orden, por mínima que sea, es severamente sancionada no nada más por las trabajadoras sociales, sino inclusive por personal que labora en el lugar, quienes, a decir de la testiga, se sienten con autoridad sobre las mujeres refugiadas y sus hijos.

Cuestionada sobre la intervención de la directiva del refugio ante tal situación, la mujer apuntó que “la directora es la más grosera de todas. Trata mal a todo el mundo y es muy soberbia. Lo único bueno es que casi nunca está”.

ORÍGENES VIOLENTOS

Antes de que las autoridades estatales convocaran hace dos años a la creación de una OSC que dirigiera el actual albergue, en Hidalgo funcionaba el refugio “Mi Ángel”, presidido por Olivia Orozco y Julieta Hernández, quienes integraron una asociación civil de ayuda a las mujeres en situación de violencia.

“Mi Angel” albergó a más de 40 familias durante sus tres años de existencia, mediante la obtención de financiamientos nacionales y donativos estatales de otras OSC, así como de la presidencia municipal de Zapotlán.

La entonces presidenta del refugio “Mi Angel”, Olivia Orozco, relató que a partir de que el gobierno federal designó fuertes presupuestos para los refugios en todo el país, algunas personas del pasado gobierno estatal decidieron formar un refugio para mujeres violentadas y convocaron a la creación de una asociación civil, ya que las convocatorias federales exigían que estos centros fueran presididos por órganos no gubernamentales.

Orozco señaló que en el momento en que la nueva asociación anunció que crearía un refugio, no sólo se cerraron las puertas para “Mi Ángel” en Hidalgo, sino que algunos de los antiguos donantes estatales cancelaron los apoyos “por órdenes de arriba”, como textualmente dijeron a las afectadas. “Casualmente, cuando el refugio oficial estaba por iniciar labores, el nuestro fue saqueado y se llevaron tanto muebles como documentación, y por si fuera poco por esos días un diario local nos acusó de desfalco por una cantidad que nunca habríamos podido recibir”, señaló.

Finalmente, “Mi Ángel” cerró sus puertas a finales de 2005, y dejó así el camino libre para que el refugio gubernamental accediera sin competencia alguna a los financiamientos.

Entrevistada sobre este presunto abuso de poder, la directora de la Red Nacional de Refugios, Margarita Guillé, prefirió mantenerse al margen y sólo apuntó que ella tiene “muy buen concepto del trabajo realizado por ambos refugios”.

VOLVER CON EL GOLPEADOR

La testiga protegida comentó que las actividades del refugio no son muchas, salvo en las horas de capacitación para el trabajo, lo cual genera que también entre las mujeres refugiadas se den roces y conatos de pleito.

“Cuando llega a ir, la directora regaña mucho a las trabajadoras sociales y a todo el personal. Como no le pueden decir nada porque es su jefa, pues se desquitan con nosotras y a veces hasta con nuestros hijos. Y como nosotras no le podemos decir nada, pues a veces nos desquitábamos entre nosotras. Y luego están los niños, que se pelan mucho entre ellos, y hasta se llegan a agarrar a golpes”, señaló.

Relató que la rutina diaria se altera cuando alguna autoridad visita el refugio. “En esos casos, las clases se suspenden y nos ponen a todas a hacer el quehacer de arriba a abajo. Entonces nos tratan muy bien, si va la directora es muy amable y se toma fotos. Lástima que en cuanto los invitados se van, vuelven los malos tratos”.

El testimonio de esta mujer apunta que el ambiente al interior del refugio es muy tenso y que, debido a la rotación continua de las familias usuarias no permite estrechar vínculos. No obstante, ella sí mantuvo contacto con algunas de sus compañeras quienes le han confirmado una de las peores fallas de la institución: a su salida del albergue, todas han regresado con el marido golpeador, sin que su situación se haya modificado.

“Adentro del refugio no hay ninguna psicóloga. Nomás están las trabajadoras sociales, pero yo pienso que deberían de capacitarlas a ellas y a la directora, que son las primeras que deberían de ir al psicólogo. Yo de plano no aguanté y me fui de ese horrible lugar”, afirma.

“CASO AISLADO”, DICE FUNCIONARIA

Cuestionada sobre tal situación, la profesora Leticia Vergara, presidenta de “En familia rompamos el silencio” señaló que el personal el refugio trabaja para que las mujeres que ahí llegan mejoren sus vidas. La presidenta defendió a Alma de la Vega, actual directora del refugio, quien “está muy comprometida con las mujeres”, asegura.

Sobre el testimonio de violencia institucional al interior del refugio, Leticia Vergara afirmó que puede tratarse de un caso aislado pero que, de cualquier manera, aún hay mucho por hacer.

En contraposición, la activista social Carmen Rincón Cruz, doctora en estudios de las mujeres y presidenta del grupo feminista “Cíhuatl”, señaló que la gravedad de la situación de violencia al interior del refugio no debe minimizarse, ya que “ningún esfuerzo sirve si los resultados no son tangibles. El principal objetivo del refugio es empoderar a las mujeres para que rompan el círculo de violencia en el que viven y no sólo darles un lugar en donde vivan en lo que se les quitan los moretones”.

La feminista aseguró que la labor del refugio no debe ser únicamente asistencialista. “No puede pensarse que con dejarlas que sanen sus heridas y darles un oficio ya están listas. Se debe trabajar psicológica y emocionalmente para que ellas no sólo no vuelvan con el marido, sino que no permitan que en sus vidas vuelva a darse el ciclo de la violencia”.

Rincón Cruz va más allá: “Yo partiría de preguntar con cuánto dinero está funcionando ese albergue, cuál es la currícula del personal que opera en el mismo, pero no sólo en cuanto a títulos universitarios, sino conocer cuál es su experiencia en situaciones de crisis y violencia, con equidad de género. Esto va más allá de tener estudios y hacer investigación. Este trabajo es tan delicado, que tiene que pasar por el proceso personal de quienes ahí laboran. No puede ser que en el refugio contraten a mujeres que no se reconocen como tales y que no cuentan con la perspectiva de género aplicada en sus propias vidas”.

Finalmente, Carmen Rincón afirmó que si el albergue tiene como único fin “la labor asistencialista, las autoridades deberían reconocerlo así, y no presumir que es un refugio con perspectiva de género, que evidentemente quienes dirigen no tienen, porque esta labor debe ir mucho más allá de poner curitas y dar capacitación para el trabajo”.

07/TM/GG

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