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Violencia obstétrica, práctica común en el sector salud

Por Anaiz Zamora Márquez

Durante el embarazo, el parto, la atención de la o el recién nacido y el puerperio (40 días posteriores al alumbramiento), es cuando se ejerce una de las formas más constantes y graves de violencia contra las mexicanas, la llamada violencia obstétrica.
 
Pese a que la Organización Mundial de la Salud (OMS) emitió en 1985 recomendaciones para prevenirla y de que en México hay una legislación para garantizar servicios de salud adecuados para las mujeres, la violencia obstétrica es una trágica realidad para las mexicanas en edad reproductiva.
 
Tanto la OMS, como expertos en salud, han definido a la violencia obstétrica como “un tipo de violencia institucional expresada en las relaciones de poder que legitiman y naturalizan una serie de procedimientos entre los que se da una apropiación del cuerpo de las mujeres y de los procesos fisiológicos presentes durante su embarazo”, y las etapas relacionadas con la gestación.
 
Es al mismo tiempo un trato deshumanizador que viola los Derechos Humanos (DH) de las mujeres, un abuso del uso de medicamentos y una “patologización” (consideración como enfermedad) de los procesos naturales de la gestación y el parto, que traen consigo la pérdida de autonomía y la capacidad de decisión de las mujeres durante su embarazo, parto y puerperio.
 
Es decir, la violencia obstétrica son las malas prácticas, agresiones, omisiones, poco acceso a la información y los procedimientos indebidos del personal de salud que atiende a las mujeres durante su embarazo, parto y puerperio.
 
En la edición septiembre-diciembre de 2010 de la revista Género y Salud en Cifras –dependiente de la Secretaría de Salud–, se define que los elementos y comportamientos presentes en la violencia obstétrica se pueden clasificar en cinco tipos de agresiones, delimitados por las recomendaciones de la OMS.
 
En el primer tipo están los procedimientos técnicos efectuados de manera rutinaria por el personal médico, de los cuales se puede prescindir a menos que exista una condición médica precisa.
 
Tales procedimientos se llevan a cabo generalmente sin brindar información a las mujeres para que decidan si están de acuerdo o no con ellos.
 
Entre estos se encuentra la práctica excesiva de la cesárea, el rasurado del pubis (tricotomía), enemas evacuantes, cortes quirúrgicos para agrandar la vagina durante el parto (episiotomías), y revisiones de la cavidad uterina previamente al parto.
 
Dentro de la misma categoría están la separación del bebé de su madre en los primeros minutos de vida; imponer a las madres horarios de lactancia, y limitaciones en el trabajo de parto, ya que generalmente se les prohíbe estar acompañadas por algún familiar, y no se les brinda la opción de tener un parto vertical.
 
En la segunda categoría de agresiones están las humillaciones y maltratos efectuados por el personal de salud que se reflejan en frases como “¿verdad que hace nueve meses no te dolía?”, así como en la exposición constante de los genitales femeninos durante las exploraciones vaginales.
 
En la tercera categoría están los procedimientos obstétricos realizados para facilitar el aprendizaje de las y los estudiantes y residentes médicos, ya que comúnmente se llevan a cabo sin la autorización de las mujeres con el pretexto de que contribuyen a la enseñanza de la medicina.
 
La cuarta categoría enmarca el diseño de presupuestos y espacios de atención materna desde una mirada masculina, es decir, sin que intervengan en la planeación las consideraciones de mujeres expertas.
 
Como consecuencia de lo anterior generalmente los espacios de atención materna son reducidos, no pueden participar familiares y en algunos casos las mujeres están hacinadas.
 
Como último tipo de agresiones están el maltrato cultural y social en salud reproductiva, al discriminarse a las mujeres indígenas y de sectores rurales por sus concepciones y prácticas culturales. Como ejemplo está la crítica a la labor de las parteras.
 
La violencia obstétrica además de vulnerar los DH de las mujeres, puede llegar a denigrar su integridad física, así como a presentar riesgos a su salud debido a las complicaciones médicas que pueden surgir por los procedimientos médicos y quirúrgicos realizados.
 
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