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Viudas, madres e hijas esperan que la justicia llegue

Por Nadia Altamirano/corresponsal*

26 campesinos asesinados, 50 mil pesos por cada uno, un lustro de abandono, 91 huérfanas y huérfanos y 28 mujeres ?entre viudas y madres- que sortean el presente en la extrema pobreza, el abandono institucional y las dificultades orográficas de la sierra sur del estado de Oaxaca.

El dinero que recibieron de indemnización se acabó para la mayoría, apenas sirvió para construir una casa de madera y lámina, costear los gastos diarios, mandar a hijas e hijos a la escuela: 50 mil pesos que dividos en los últimos cinco años equivale a 27.30 pesos diarios.

El fideicomiso para las y los huérfanos existe. Son 500 pesos por niña o niño que asiste a la escuela. Quienes reprueban el año escolar quedan excluidos y nadie les ayuda a lidiar con el trauma de haber perdido a su padre.

LA MASACRE

El viernes 31 de mayo del 2002, pobladores de Santiago Xochiltepec volvían de trabajar en el aserradero de La Cofradía, en el municipio vecino de San Pedro El Alto. Entre las 19:30 y 20:00 horas el camión de volteo donde se trasladaban fue emboscado en el paraje Agua Fría.

El resultado: 26 campesinos perdieron la vida al recibir impactos de armas de grueso calibre como rifles automáticos R-15 y AK-47 cuerno de chivo. Además del chofer y su hijo dos personas salieron ilesas y dos más heridos: Pablito López Cruz en el brazo izquierdo y Ezequiel Gutiérrez Sánchez en la pierna derecha.

La tragedia hizo que las autoridades pusieran sus ojos en la comunidad de viudas y madres de familia que desde entonces tuvieron que enfrentar, solas, el destino y el de 91 huérfanas y huérfanos.

Los 50 mil pesos que recibió cada una no curó el dolor de enterrar uno o dos cuerpos masacrados y fue una simple distracción para que dejaran de exigir justicia, por eso ahora sólo pueden confiar en la “justicia divina”, dicen.

María Cruz perdió al mayor de sus hijos, el dinero que recibió de indemnización “no es suficiente” en una tierra donde no hay forma de tener ingresos económicos, aunque admite que “es una ayuda” y no queda más que conformarse.

En Isabel no hay conformismo, hay decepción: “La vida de un cristiano no vale 50 mil pesos, vale más, con eso nomás nos engañaron”. Ella como otras madres lidia con la enfermedad y la vejez.

Los “apoyos” que han llegado a Xochiltepec son poco en comparación con lo anunciado luego de la tragedia. “Dijeron que a los niños les iban a dar becas, que iban a impulsar proyectos productivos por más de un millón de pesos, granjas avícolas, que se impulsaría la horticultura y floricultura”, recuerda Lorenzo Jaime, reportero de El Imparcial quien informó de la masacre de Agua Fría, hace cinco años.

Él, al igual que todos los reporteros que cubrieron esa noticia escucharon y registraron las promesas del entonces gobernador y actual diputado priista, José Murat, y de la encargada de la Comisión Nacional para la Atención de los Pueblos Indígenas, Xóchilt Gálvez, enviada por el gobierno foxista a atender la tragedia.

Las viudas, las madres y todos los pobladores también tienen presente las palabras de los políticos que viajaron a Xochiltepec, un pueblo que no hubieran visitado nunca y al que no volvieron jamás, menos aún cuando tendrían que explicar que la justicia no llegaría.

SANGRE EN AGUA FRÍA

Luisa perdió a su hijo Hidelgardo en la masacre de Agua Fría. “El Gobierno no valoró la sangre de esos 26 hombres, parece que fue nada, no hizo justicia, tan siquiera que en la cárcel hubiera alguien pero todos los detenidos fueron pa? fuera”, lamenta llorando.

Madre de cinco hijos y separada de su esposo, Luisa lava ropa ajena y vende comida en un esfuerzo por no gastar los 50 mil pesos que recibió de indemnización, “porque cuando caiga en cama no va a haber quién me ayude”. Hidelgardo era su “brazo derecho”, él la ayudaba cuando su esposo no quería hacerlo.

Cinco años no marcan el olvido, ni le quitan el dolor. “Cuando yo le cambié la ropa le salía la sangre como agua”, dice mientras muestra la camisa manchada de sangre. “Yo lo que quiero es justicia”.

PAGARON Y SE FUERON

Laura fue la primera mujer que habló frente a José Murat. “Le dije: prefiero que usted no nos dé nada pero que aplique la justicia”.

No paso mucho tiempo. Laura comprobó sus sospechas: “El apoyo es un engaño, por eso creo que no nos hicieron justicia, fue una muerte salvaje, nosotros tenemos sed de justicia, una vida nunca tiene precio”. Pero asegura que con ese dinero el ex gobernador les quiso decir “con eso te pagué la vida de tu hijo”.

Laura abraza a su nieta Yadira, una niña de 4 años, tenía un mes de gestación en el vientre de su madre, ella se fue para rehacer su vida con una nueva pareja. Los 50 mil pesos que recibió apenas y alcanzaron para construir una casa de madera y techo de lámina.

TAPAR EL POZO

“El gobierno atiende pero cuando ve el montón de gente muerta”, es la conclusión a la que ha llegado Graciana, cansada de pedir que el gobierno haga justicia por la muerte de su esposo.

“Hemos ido a tocar puertas, nos dicen que ya nos dieron mucho, pero no es cierto. Me dieron piso firme pero sólo me hicieron gastar 35 mil de los 50 mil pesos que me dieron, tuve que construir una casa sino el piso se echa a perder”, explica.

Los otros 15 mil le duraron poco: para medio comer y criar a sus cinco hijos, la más pequeña de cuatro años, “yo estaba embarazada cuando mi esposo murió”.

Tras la muerte de su esposo, Graciana trabaja en el campo y en el hogar para poder mantener a sus cinco hijos, “aunque sea con fríjoles y tortilla con sal”.

“NO QUIERO QUE ME MANTENGA EL GOBIERNO”

Concepción responde a sus propias preguntas: “Tal vez el gobierno le tiene miedo a los matones y los apoya, Santo Domingo Teojomulco tiene el apoyo más que nosotros”.

La mujer de 40 años vive un doble dolor: perdió a su esposo Martiniano y a su hijo Leyver, de apenas 14 años. “Me quedé con los brazos cruzados, con los chiquitos”, dice al referirse a sus otros cinco hijos. “Lo peor es que no hubo justicia y todavía nos maltratan”.

Hace unos días Concepción acompañó a Angélica, la presidenta del grupo de afectadas a la ciudad de Oaxaca para gestionar recursos para conmemorar el aniversario luctuoso, recibieron maltratos y un apoyo de mil 500 pesos.

Yo no quiero que me mantenga el gobierno, quiero que haga justicia, dice Concepción quien concluye que lo único que han logrado es engañarlas siempre.

DEL GOBERNADOR NI EN FOTO

Desde la matanza algunas obras sociales se han logrado: techar la cancha municipal, un centro de salud, tres aulas para la telesecundaria y una para el kínder, pero el nuevo palacio de la agencia municipal no se ha podido usar por falta de muebles. Cada mes Xochiltepec recibe nueve mil 100 pesos del ramo 28.

En una oficina sin pintar, donde todavía se conserva la foto de los ex gobernadores Heladio Ramírez y José Murat, ahora uno senador otro diputado. Pero del gobernador Ulises Ruiz “ni su foto ha llegado”, dicen con una ironía que les sirve de consuelo.

“El gobernador anterior, José Murat, sí vino, luego de ocurrida la masacre, pero vino a ponerle precio a nuestra gente y a engañar con dádivas a las viudas”, enjuicia Fidel.

“Yo no quisiera hablar del gobierno pero él respeta a la gente mala y a los humildes no; detuvieron a 16 personas de Santo Domingo Teojomulco pero ya están liberados todos”, reprocha Elvira, quien como otras aquel 31 de mayo perdió a su hijo.

* Reportera de El Imparcial.

07/NA/SJE/CV

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