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Sin incremento salarial y aumento de precios, más pobreza para las mujeres
CIMACFoto: Erika Cervantes
Por: Carmen R. Ponce Meléndez*
Cimacnoticias | Ciudad de México .- 20/02/2018

El porcentaje de la población que no puede adquirir la canasta básica con su ingreso laboral crece en forma importante, y las mujeres son las más afectadas porque tienen los ingresos laborales más bajos del país, que de por si son miserables. En el país este porcentaje se incrementó al pasar de 40.0 (2016), a 41.1 por ciento para el cuarto trimestre de 2017. 

En la Ciudad de México el crecimiento es mayor, ya que en 2005 era de 20.7 y para 2017 la cifra fue de 37.9 por ciento. De hecho, en 20 de 32 entidades del país aumentó el porcentaje de población que no puede adquirir la canasta alimentaria con su ingreso laboral entre ellos destaca la Ciudad de México, ver gráfica. Datos del Consejo Nacional para la Evaluación de la Pobreza (Coneval).

Ver gráfica aquí

En el período analizado (2005-2017), es muy relevante el crecimiento que ha tenido la pobreza laboral en los estados de: Morelos, Nuevo León, Oaxaca y Guerrero. Situación que se ilustra claramente en la gráfica.

Coneval publica trimestralmente las variables relacionadas con el Índice de Tendencia Laboral de la Pobreza (ITLP), esta información permite observar la evolución del poder adquisitivo del ingreso laboral de los hogares y, con base en éste, analizar si aumenta o disminuye el porcentaje de la población cuyos ingresos laborales son insuficientes para adquirir la canasta alimentaria.

De acuerdo al último informe que corresponde al cuarto trimestre de 2017, creció 4.6 por ciento la población del país que no tiene un ingreso laboral suficiente para comprar la canasta alimentaria, situación que no se veía desde 2014. El ingreso laboral deflactado por el índice de precios de la canasta alimentaria pasó de 1 mil 567.85 a 1 mil 492.61 pesos.

Esto implica necesariamente mayor pobreza femenina, porque aunque las cifras de Coneval no están desagregadas por sexo (desafortunadamente), partimos de la premisa de que son ellas las de los salarios más bajos, lo que se demuestra con las cifras de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo que elabora el Inegi.

Esta tendencia se observa tanto en zonas rurales como urbanas; no obstante, el aumento anual del ITLP es más pronunciado en las zonas urbanas y la caída trimestral es más pronunciada en las zonas rurales.  

Ahora bien, el poder adquisitivo del salario entre 2016 y 2017 también disminuyó mucho, es 2.5 por ciento menos.

¿Por qué está sucediendo esto? El propio Coneval reconoce que “la explicación de este aumento en la población con un ingreso laboral inferior a la línea de bienestar mínimo radica principalmente en un aumento del valor de la canasta alimentaria de 9.0 por ciento en zonas urbanas y 8.7 por ciento en zonas rurales en este periodo; así como por una disminución en el ingreso laboral real de 2.5 por ciento anual en este periodo”.

Dicho en otras palabras: crecen los precios pero no crece el salario y el resultado es que día a día y año con año se empobrecen más las mujeres y en general la población que vive de un ingreso fijo.

Desgraciadamente esta dinámica es la que sostiene el famoso “equilibrio macroeconómico”, del que tanto se presume en los discursos oficiales.

Sin embargo cuando los Sindicatos independientes –los que quedan- solicitan aumentos de emergencia a los salarios la respuesta es que éstos son “inflacionarios” (¡Sic!).

Actualmente en las negociaciones de los contratos colectivos de trabajo los incrementos salariales han sido únicamente del 4 al 4.5 por ciento, totalmente insuficientes para enfrentar el proceso inflacionario que está experimentando la economía del país.

Para muestra un dato: en 2012 la inflación (crecimiento de los precios) era de 3.57 por ciento pero para 2017 fue de 6.67, prácticamente el doble y evidentemente los salarios no han tenido esa misma evolución progresiva.

Si observamos el crecimiento de los precios exclusivamente en los alimentos, la situación es todavía más crítica. En el lapso comprendido entre 2012 y 2016, es decir en cuatro años consecutivos, la canasta básica experimentó un crecimiento de sus precios de 20.7 por ciento; específicamente los alimentos 30.1 por ciento de inflación.

Conclusión. Ya se vio que según la información generada por el Coneval el salario ni siquiera alcanza para comer. A las mujeres les urge un cambio de política económica y salarial.

Pobreza de las mujeres y su crecimiento medida por el ingreso laboral y los precios de la canasta básica, según información generada por el Coneval. Situación de esta pobreza a nivel estatal, urbano y rural.

* Economista especializada en temas de género

twitter @ramonaponce

18/CPM/LGL

 








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Los efectos de la inflación en un país de mujeres empobrecidas
Imagen retomada del portal Expreso de Chiapas
Por: Carmen R. Ponce Meléndez*
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 16/01/2018

Coloquialmente se le llama “cuesta de enero” a la inflación (aumento de precios) que religiosamente se da en el mes enero, al inicio de cada año, solamente que ahora tenemos ese problemita de la inflación desde hace un buen rato.

Los incrementos en los precios durante los primeros días o semanas de este mes son desmesurados y ya no es cuesta de enero sino del Everest. Como se aprecia claramente en la gráfica a pesar de que  solamente son algunos productos como muestra; de tal forma que las cifras que nos da el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) sobre el crecimiento de los precios (6.77 en el Índice Nacional al Consumidor, diciembre 2017), es altísima pero de ninguna manera refleja  lo que están experimentando las mujeres trabajadoras, en términos de pérdida de poder adquisitivo de su salario.

Ver gráfica aquí

¿Qué está sucediendo?

Bueno, hubo una reforma energética que entre otras cosas liberalizó los precios de los energéticos, los dejó al libre juego de las fuerzas del mercado, es decir la ley del más fuerte; y el más fuerte no son ni con mucho las personas que viven de un ingreso fijo.

No se invirtió en refinerías, por tanto la producción de gas o gasolina nacional es muy baja. Se importa una gran cantidad de gasolina a precios del dólar que es muy alto. El gas también se importa y su precio es volátil, igual que el precio del dólar. El resultado es que el precio del gas LP ha crecido más del 40 por ciento (ver gráfica), impactando fuertemente el costo de la canasta alimentaria de las personas más pobres.

Las tasas de interés (precio del dinero) también están creciendo, se prevee que para este año Banxico genere tres incrementos; porque lo consideran un instrumento económico para frenar la inflación y el precio del dólar. También porque el Banco Central de Estados Unidos incrementa esas tasas y México lo hace de la misma manera para mantener atractiva la inversión extranjera financiera (los capitales golondrinos).

Lo malo es que con esta política se incrementan los precios de los créditos, tanto para empresas como para familias y hay menos inversión, pero también menos consumo. Según Inegi en octubre de 2017 el consumo privado de bienes importados cayó 5.5 por ciento y del nacional 2.5 por ciento, seguramente las cifras de este año no serán mejores.

Si aumenta el precio del dinero para las empresas ellas repercuten esos incrementos en los precios de los productos y el que paga el pato es el consumidor. Desde 2016 los índices de precios al productor que reportaba Inegi eran más altos que los del consumidor y claro, pronto impactaron en los precios de los productos.

Ningún aumento en la producción de los productos que tenga una empresa lo va a absorber o a reducir su tasa de ganancia, siempre la trasladará al consumidor o consumidora ese incremento en los costos. Claro que también esto tiene un límite, porque habrá menos consumo, no podrá vender sus productos, por lo menos no todos.

En la esfera política la incertidumbre que genera el proceso electoral de este año que se antoja complejo, también crea incertidumbre en las inversiones y los mercados, con efectos en el precio del dólar.

Por supuesto los factores externos también repercuten, un Presidente como Trump es una verdadera pesadilla. En la renegociación del TLCAN sigue poniendo trabas y “ocurrencias” como el muro fronterizo; cada vez se le concede más y sigue presionando. 

Los efectos están en la volatilidad del dólar y en la gran salida de capitales o de empresas extranjeras, menos empleo.

Los gobiernos neoliberales que el país ha tenido en los últimos 30 años presumían y presumen de la famosa “estabilidad macroeconómica”, anclada en la baja inflación y el control de cambios, pero lo más importante, en los bajísmos salarios y en una superexplotación de la clase trabajadora, en particular de las mujeres cuyo salario invariablemente es menor al masculino.

Según datos del Observatorio del Salario de la Ibero de Puebla, en 2017 el salario promedio masculino (mensual) era de 7 mil 365.60 pesos, pero el de las mujeres disminuía a 6 mil 187.11 pesos. Entre el 2013 y 2017 el salario promedio se contrajo en México en 14.4 por ciento.

Las mujeres que ganaban más de cinco salarios mínimos en 2005 eran 1 millón 241 mil; para 2017 esa cifra descendió 69 por ciento y se convirtió en únicamente 731mil 666 trabajadoras. Un proceso de empobrecimiento muy acelerado, ahora acompañado de crecimiento en los precios y desempleo, con altos niveles de informalidad. Es decir, sin seguridad social que las proteja, carecen de los más elementales derechos laborales.

¿Qué efectos tiene la inflación, o el crecimiento sostenido de los precios según Banxico?

  • Es un impuesto que afecta más a los hogares de menores ingresos.
  • Reduce el poder de compra de las obligaciones contractuales.
  • Afecta la planeación de largo plazo de los agentes económicos.
  • Desalienta la inversión y el ahorro de largo plazo.
  • Afecta el crecimiento económico.
  • Los periodos de alta inflación coinciden con un bajo crecimiento o caídas de la actividad.
  • Reduce la generación de empleo.
  • Encarece el costo financiero de los proyectos productivos.

Todos y cada uno de estos elementos impactan mucho más a las mujeres, sean o no trabajadoras. En los últimos diez años la inflación ha sido del 51 por ciento.

UN PAÍS DE MUJERES EMPOBRECIDAS

Sin duda la economía nacional está atrapada entre el estancamiento económico y las políticas de austeridad, como dice David Harvey: “gracias a Piketty se destruye la idea ampliamente extendida de que el capitalismo de libre mercado extiende la riqueza y que el mayor bastión en la defensa de libertades individuales. El capitalismo de libre mercado, cuando se hallan ausentes las intervenciones redistributivas del Estado produce oligarquías antidemocráticas.

Además las políticas contra la inflación  son una ´muy buena forma´ de aumentar el desempleo, y aumentar el desempleo es una forma extremadamente atractiva de reducir la fuerza de la clase trabajadora”.

Hoy, todas las organizaciones o partidos políticos del país tienen ante sí el reto de responder a un justo reclamo de las mujeres: el sistema económico no sólo produce empleos informales y una gran desigualdad de género; sino que además no produce crecimiento económico y para colmos, ahora se enfrentan a este desmesurado crecimiento en los precios de los productos básicos, que se come sus salarios y disminuye su calidad de vida, aún en los niveles mínimos que plantea Coneval.

* Economista especializada en temas de género

twitter @ramonaponce

18/CRPM/LGL








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   Más del 60 por ciento tiene trabajos precarios
Inflación impacta en economía de mujeres
CIMACFoto: César Martínez López
Por: Sonia Gerth
Cimacnoticias | Ciudad de México.- 12/01/2018

La liberación del precio del gas en 2017 y la constante devaluación del peso frente al dólar estadounidense fueron las principales razones para que el año pasado cerrara con una inflación de 6.77 por ciento, la mayor puntuación en 17 años.

Este desarrollo económico tiene graves efectos para las mujeres en el país. El último reporte sobre pobreza del Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), indicó que en 2016, 53.4 millones de mexicanas y mexicanos, o 43.6 por ciento, vivían en condiciones de pobreza.

En comunidades indígenas, y en zonas rurales, las tasas de pobreza eran las más altas. En general, las mujeres, representaban 44 por ciento de las afectadas. Pero aún para las mujeres que no caen en esta categoría, el aumento de los precios en servicios y productos es un grave problema.

“Más del 60 por ciento de las mujeres que trabajan están en la precariedad”, explicó Maria Luisa González Marín, experta en economía de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). El aumento de los precios les pega más duro, porque las familias más pobres gastan un porcentaje alto de sus ingresos en alimentación. Cifras de organismos internacionales sustentan esa posición.

México tiene una muy alta tasa de empleos informales, y las personas que laboran dentro de este sector tienen menos acceso al seguro social y las mujeres tienen más probabilidades que los hombres de trabajar informalmente. En palabras de la OCDE, según su último informe sobre el país en 2017, “la elevada informalidad está estrechamente relacionada con la pobreza y las desigualdades de género”.

Hay mucho menos mujeres que forman parte del mercado laboral, solamente son 44 por ciento, comparado con 78 por ciento de los hombres, según la OCDE. Como resultado de esto, y también las diferencias salariales que aún existen, el Foro Económico Global constató que en 2017, las mexicanas ganaron un promedio de 12 mil dólares al año (228 mil 441 pesos): tan sólo la mitad que los hombres.

Por esta razón el incremento de los precios de la tortilla, de los huevos, y del gas, preocuparía más a las mujeres. Ellas tienen menos acceso a la propiedad, a cuentas de ahorro, y a créditos.

“Las mujeres no tienen ahorros para solventar un aumento tan grande en alimentos. Van a tener que bajar de calidad, o buscar otra forma de mantener a su familia, por ejemplo vendiendo comida, tejidos, o ropa, lo que implica tener una triple jornada laboral,” estimó Maria Luisa González Marín.

Esta semana, dos colegas suyas del Instituto de Investigaciones Económicas reportaron que una persona que percibe un salario mínimo debía trabajar 24 horas y 31 minutos al día para adquirir la canasta básica, mientras que al inicio del sexenio de Peña Nieto, se necesitaban 21 horas y 13 minutos.

Y esta cifra podría empeorar, ya que el precio del gas sigue siendo volátil, y las y los economistas ven como un riesgo al valor del peso las renovadas negociaciones sobre el Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos y Canadá.

Aunque expertas y expertos estiman que la tasa de inflación volverá a bajar este año, eso no será el caso para la canasta básica, porque México es altamente dependiente de productos importados como el maíz, frijol, y arroz, dijo González Marín, quien advirtió que “eso va ocasionar una miseria mayor.”

18/SG/LGL








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