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Configurar futuro: nuestra tarea del siglo

Por Helga Jager

El futuro debe de garantizarse. Esta idea ha de preocupar especialmente a las mujeres que hoy en día tienen mayor libertad para decidir sobre su propio cuerpo; es decir, que pueden optar por tener hijos o no. Esta libertad de decisión implica una mayor responsabilidad frente al futuro del hijo o de la hija.

Como sabemos, la dinámica del actual desarrollo económico y social mundial, basado en un sistema energético fósil/nuclear que comprende el petróleo, el gas, el carbón y el uranio, no puede ofrecer futuro. Este sistema de la energía fósil/nuclear ha llegado a sus límites: el físico, ecológico y económico. Cada uno de los límites conduce a problemas existenciales.

En lo físico la humanidad se acerca al agotamiento de las reservas energéticas convencionales: primero el petróleo, luego el gas y por último el carbón. Dado que el consumo de energía fósil se incrementa más rápido que el descubrimiento de nuevas reservas, el sistema global de energía fósil se acerca a la explotación final de las reservas y, de esta manera, los riesgos de conflictos políticos internacionales (en relación con las limitadas reservas de combustibles fósiles) se incrementan exponencialmente.

No cabe duda que el impacto económico negativo aumentará en los próximas décadas debido al incremento irreversible en los precios de los energéticos y, con ello, los riesgos de tensiones sociales en las sociedades nacionales y en la sociedad mundial; por lo mismo, las víctimas de este modelo de desarrollo son sobre todo los pobres: no sólo de las sociedades menos favorecidas sino incluso de las sociedades ricas.

En lo ecológico, en virtud del incremento sustancial en el consumo de la energía fósil, en particular a partir de 1950, el ecosistema de la tierra ha sido severamente dañado, lo que indica y demuestra que el límite ecológico del crecimiento será alcanzado aun antes de llegar a los límites de la explotación energética.

En lo económico, el sistema energético fósil ha creado relaciones de dependencia en todo el mundo dado que los yacimientos energéticos para satisfacer la demanda mundial se encuentran concentrados en muy pocos países. Depender de relativamente pocas regiones productoras de energía no sólo ha acelerado el proceso global de concentración de la economía energética, sino que también ha conducido a una alza constante en los costos de la infraestructura energética.

Estos límites físicos, ecológicos y económicos demuestran la necesidad de sustituir la energía fósil por la renovable. El potencial técnico y natural de las energías renovables (el sol, el viento, la biomasa y el agua) es suficiente para satisfacer todas las necesidades de energía de la población mundial.

Por su parte el potencial natural de la energía renovable disponible en la tierra todos los días es 20 mil veces mayor que el consumo diario de la energía fósil y nuclear; en tanto el potencial técnico correspondiente ha sido desarrollado hasta el día de hoy de manera tal que sería posible producir mucha más energía de la que la humanidad podría necesitar.

Dado que estas tecnologías son aún relativamente recientes, hay un gran potencial adicional para su mejoramiento y para lograr nuevas aplicaciones. Los nuevos desarrollos técnicos, su producción a escala industrial y la multiplicación de experiencias en el uso de estas tecnologías en el futuro cercano favorecerán el decrecimiento de los costos.

Por todo ello no cabe duda que las energías renovables son la oportunidad histórica del siglo 21, ya que representan esperanzas realizables, factibles y viables para un mundo mejor y pacífico; además de que constituyen la garantía del futuro de la humanidad. Es de crucial importancia que la humanidad aproveche esta oportunidad en toda su extensión.

Fuente: Plan de acción para la difusión global de las energías renovables, documento del Consejo Mundial de Energía Renovable presentado en el Foro Mundial de Energías Renovables: Políticas y estrategias, efectuado del 13 al 15 de junio de 2002 en Berlin, Alemania.

       
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