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Legislador a su trabajo, a una mujer

Por la Redacción

Pensar en una carrera como legislador no es una locura, de ahí que lo más lógico es que los legisladores, como en otros países se puedan reelegir en el siguiente período inmediato sin tener que esperar para hacerlo.

La rendición de cuentas será su salvoconducto para volver a obtener el voto de sus representados. El principio de efectividad y aceptación. Acabaríamos con el ausentismo en las Cámaras, y con las figurillas de adorno en las curules. Realmente tenemos una sobre población en el Congreso. Coincido en que no es necesario tantos para estar mejor representados. Además ocurre que es difícil entrar en discusiones serias, maduras e inteligentes entre tantos y tan poco preparados. Es decir, aún sin asistir estorban.

El listado plurinominal tenía sentido cuando el PRI era el único que gobernaba.

Actualmente el voto es diferenciado y eso hace posible la diversidad partidista. Además tener trescientos diputados, uno por cada distrito del mapa territorial político es suficiente para satisfacer las necesidades de estar representados, pero incluir doscientos diputados en proporción a la primera minoría y sucesivamente es un tanto exagerado.

Sobre todo, estos doscientos son elegidos en las listas de oro de cada partido, no hacen campaña, no se comprometen con los ciudadanos ni conocen su problemática particular, no entran en contacto con el pueblo y no rinden cuentas sino a su partido, y a veces ni eso. Es decir, están por dedazo, y no siempre eso es lo mejor.

Es verdad que debe de darse una balanza en las sillas del Congreso, de otra manera no tendría caso el mismo. Quitar cien enlistados me parece una medida mucho más inteligente que mantener a doscientos diputados y no contar de entre quinientos, ni con cincuenta en una sesión del pleno.

Tendríamos que dignificar la personalidad del legislador. Que el derecho a contar con la protección del fuero constitucional respondiera a obligaciones y de ser posible, hasta las elementales normas de conducta de un ser humano «normal» y, si no fuera mucho pedir, hasta decente. Nada de desfiguros, ridículos y faltas a la ley (manejar en estado de ebriedad, etc.).

Es verdad, que existe libertad. Para todos, sin excepción. Por tanto cada uno puede hacer lo que mejor le parezca y actuar según le permita su inteligencia.

Sin embargo, el electorado, lo que ahora llamamos sociedad civil y antes pueblo, no tiene porque sufrir vergüenzas ajenas con gente que ni conoce, ni aprobó, ni le parece respetable para fungir como su representante.

Tampoco son necesarios cuatro senadores por estado. Ni treinta, es verdad, miembros de la Cámara Baja en cada comisión. Treinta me suenan a salón de clases y la verdad algunos están que ni pintados para tomarlas, pero habría que determinar cuántos de los treinta en realidad trabajan, cuántos asisten a sesión de comisiones, cuántos aportan.

Ha llegado el momento de discutir, por lo menos, de qué nos sirve una superpoblación a los mexicanos y de qué manera podemos hacer eficiente al Congreso.

Es verdad que de aprobarse la iniciativa del PAN habría ahorro, pero también lo habría si se redujesen las dietas y extras. Aquí la pregunta sería de qué nos sirven quinientos diputados y en qué medida sería perjudicial tener, mejor contar, con cuatrocientos.

Cuál sería la diferencia si tuviéramos sesenta y cuatro senadores nada más. Esas preguntas son las que cabría hacerse. Comprendo que muchos tienen compromisos y no les es posible ir a campaña o que no la ganarían aún pudiendo ser excelentes legisladores, que los partidos tienen compromisos con sus militantes, que existen factores de peso para equilibrar las fuerzas políticas. Pero hoy la realidad de México es muy distinta y hay que adecuarla al momento. Se vale pensar y discutir.

* Presidenta de la Asociación de mujeres periodistas Communica.

       

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