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Una mirada a pensiones y prestaciones de expresidentes

Por Cecilia Lavalle*

Todo no se puede. Y, oiga usted, hay prioridades. Decidir si recibían al presidente Felipe Calderón en el vestíbulo, el pasillo o el patio del Congreso, lleva su tiempo. Decidir si nada más le dejaban decir buenos días o aquí les traigo este paquete, es una prioridad. Lo demás, puede esperar.

Porque, además, luego sigue el cobro de facturas. Ya la próxima semana veremos cómo intentan «tomar por asalto» al Instituto Federal Electoral para reinventar otro, o, ya de perdida, correr ilegalmente a sus consejeros electorales.

Con tanto pendiente cómo quiere usted que nuestro excelentísimo Congreso se ocupe, por ejemplo, de darle una miradita a las pensiones y prestaciones que reciben los expresidentes de nuestro México lindo, querido y profundamente desigual.

No es un asunto menor en un país con tantas carencias, con niveles de pobreza insultantes, con tantas personas damnificadas por el huracán Dean, con tantas tareas que requieren atención urgente.
Le invito a escandalizarse conmigo.

De acuerdo con una investigación del Senado de la República, publicada en el periódico El Universal (27 de agosto), nuestros cinco expresidentes nos cuestan 259 millones 115 mil 269 pesos al año.

Y es que no sólo reciben una pensión mensual, que es vitalicia, sino que, además, gozan de increíbles prestaciones.

Por ejemplo, cada uno cuenta con un equipo de 103 personas destinadas a su servicio, entre guardias de seguridad, choferes, asistentes. Y, claro, el sueldo de ese personal sale de nuestros impuestos.

Les pagamos también la casa y todos los servicios: predial, agua, luz, gas, jardinería, muebles, limpieza.

Pagamos, asimismo, el gasto de tres camionetas blindadas, una para el señor, otra para su esposa y una más para sus hijas e hijos; así como tres autos para escoltas. Y, na’más faltaba, pagamos la tenencia, la verificación, el seguro, la gasolina y el mantenimiento de cada coche.

También salen de nuestros impuestos un seguro de gastos médicos, el pago del teléfono y viajes dentro del país o en el extranjero.
Para terminar de documentar su escándalo le cuento que, igualmente, reciben aguinaldo, prima vacacional y apoyo para despensa. ¿Qué le parece?

El mantenimiento de cada uno de los cinco expresidentes –Luis Echeverría, Miguel de la Madrid, Carlos Salinas, Ernesto Zedillo y Vicente Fox– nos cuesta, en promedio, 51 millones 823 mil pesos al año.

Y que conste que durante su mandato de seguro hicieron sus ahorritos, porque pagamos su manutención de punta a punta. Y que conste, también, que de seguro hicieron sus «extras», porque ya ve que en nuestro país, a ciertas alturas, cabe la posibilidad de que caiga un dinerito extra o se hagan muy buenas inversiones.

Esto de las pensiones vitalicias se le ocurrió al entonces presidente Luis Echeverría, que emitió un acuerdo el 25 de noviembre de 1976. Su sucesor, Miguel de la Madrid, completó el esquema mediante acuerdo de fecha 31 de marzo de 1987.

Para regular estas erogaciones algunos legisladores desde 2002 han propuesto cuatro iniciativas para crear una legislación que ponga las reglas muy claritas de esas pensiones.

Tres de esas cuatro iniciativas las ha presentado el PRD y una el PRI. Tres se han presentado en la Cámara de Senadores y una en la de Diputados. Tres han ido a parar «al congelador». La más reciente la presentó el PRD en esta legislatura el 28 de septiembre de 2006. Se turnó a las comisiones unidas de Gobernación y Puntos Constitucionales, en donde permanece como uno de los pendientes, porque, ya ve, están ocupados con otros asuntos prioritarios.

Tampoco se ha podido discutir un dictamen para sancionar a las y los diputados que faltan a las comisiones de trabajo. ¿Y sabe por qué se canceló esa sesión? ¡Por falta de quórum!

Claro que lo importante, lo que se dice importante, está resuelto. Su sueldo, por ejemplo, sus bonos, sus prestaciones. ¿Sabe cuánto nos cuesta este año el «funcionamiento» del Congreso? 4 mil 704 millones de pesos la Cámara de Diputados, y 2 mil 681 millones la de Senadores. Y lo fuerte de este gasto se encuentra en los salarios de congresistas. (Jaime Sánchez Susarrey, «Dos Joyas», Reforma, marzo 10).

Le digo, todo no se puede. Y, por supuesto, hay prioridades.

[email protected]

* Periodista y feminista mexicana en Quintana Roo, integrante de la Red Internacional con Visión de Género.

07/CL/CV

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