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Iniciativa empresarial femenina reduce pobreza y promueve igualdad

Por Adriana Rodríguez González

La iniciativa empresarial de las mujeres reduce la pobreza, promueve la igualdad de género y potencia sus capacidades. Además genera los medios para mejorar la salud de sus familias y financiar la educación de sus hijos, asegura la Organización Internacional del Trabajo (OIT).

Estas afirmaciones son resultado de una serie de entrevistas a mujeres africanas, quienes formaron parte de los programas Desarrollo de la Iniciativa Empresarial de la Mujer e Igualdad de Género (WEDGE) y Desarrollo de la Iniciativa Empresarial entre las Mujeres con Discapacidades (DEWD), publicadas en un nuevo informe titulado «Voces de Mujeres Emprendedoras en Etiopía, Tanzania, Uganda y Zambia».

Según la OIT, en casi todos los casos, las mujeres que adquirieron conocimientos empresariales y profesionales sobre acceso a nuevos mercados y financiamientos, a servicios de apoyo y sobre cómo alcanzar redes y grupos, canalizaron sus nuevas capacidades e ingresos para garantizar que sus familias tuviesen los recursos necesarios para enviar a las y los niños a la escuela en vez de enviarlos a trabajar.

Es el caso de Almaz, excombatiente con discapacidad de Tigray quien, después de ser desmovilizada a causa de una lesión, se inscribió a un programa de formación realizado con el apoyo de la OIT sobre Conocimientos Básicos Empresariales para mujeres, con el objetivo de estudiar análisis de mercado, rentabilidad, producto y posicionamiento.

«Con la mudanza a una nueva casa en la ciudad de Mekele y los conocimientos empresariales aún frescos en su mente, Almaz abrió una carnicería. En la actualidad, ella genera un promedio de ingresos al mes de 15 mil Birr etíopes (cerca de 640 dólares) y utiliza sus ganancias para enviar a sus tres niños a la escuela. Además, contribuye al sustento familiar», señala la OIT.

El organismo revela que en Uganda, Benedicta y su grupo, llamado Iniciativas para el desarrollo de las mujeres de Kinawataka, viven una historia similar sobre los beneficios de la educación de adultos, y de cómo se traduce en educación para las y los niños. Benedicta y sus compañeras, muchas de las cuales tiene discapacidad, trabajan con diversos productos para reciclarlos y ponerlos a la venta.

«Somos un grupo de mujeres pertenecientes a diversas categorías: VIH positivo, madres solteras, viudas, huérfanas y mujeres con discapacidad», dijo Benedicta.

«Comenzamos poco a poco en 1998, pero el proyecto de trabajar con las pajillas comenzó en 2006», agrega. Benedicta enseña a otras mujeres el oficio y las estimula a crear nuevas oportunidades empresariales. Esto incluye formación sobre disposición de los objetos, publicidad y preparación de exposiciones y ferias de comercio organizadas por la entidad que trabaja con la OIT, la Asociación de Empresarias de Uganda.

La venta de productos llegó a generar una cifra récord de 277 mil 400 chelines ugandeses (167 dólares) –más del triple del ingreso más bajo antes de la formación– y un reconocimiento por los productos tejidos a mano, hechos de pajillas de plástico recicladas, y otros objetos de desechos no degradables.

Como Almaz, Benedicta utiliza la mayor parte de sus ingresos para el sustento de su familia y de ocho huérfanos cuyos padres murieron a causa de la guerra, VIH/SIDA o pobreza. «Ahora puedo alimentarlos, antes no… Mis niños antes no iban a la escuela, ahora sí. Este proyecto de verdad me ayudó mucho. Fue beneficioso para mí», dice Benedicta.

La OIT concluye que uno de los temas predominantes que emergió de las historias personales que fueron recogidas por el programa de cooperación en el informe «Voces de Mujeres Emprendedoras…», es que las mujeres con poder económico y control directo de sus ingresos o de otros recursos importantes, como animales o tierra, muy probablemente contribuirán con la educación y salud de sus hijos y, de manera indirecta, con el crecimiento de los ingresos de sus países.

Y agrega que las experiencias personales de estas mujeres revelan que como empresarias tienen mayor autonomía personal y financiera, y mayor capacidad de decisión en el hogar, mayor influencia como representantes de la comunidad y pueden servir de modelo para otras mujeres que aspiran a ser empresarias, a pesar de los obstáculos para establecer y desarrollar una empresa a causa de su género, discapacidad y seropositividad.

Mwantatu, una mujer de Zanzibar, convirtió una actividad informal que realizaba en tiempo parcial en su hogar, en una empresa de verdad que ofrece servicios como decorar las manos y pies de las mujeres con henna (tinte natural color rojizo que se usa en una técnica de coloración de la piel llamada mehandi), lo que evidencia el valor de la formación y de la capacitación económica.

«Estoy muy orgullosa del éxito de mi empresa. He sido capaz de mejorar mi situación familiar al construir una casa y enviar a mis cinco niños a la escuela», dijo.

08/AR/GG/CV

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