En el pasado, la pepena y reventa de papel, plástico, cristal y metales era exclusiva de la gente más pobre, a quienes se agredía y trataba mal, tan solo por su aspecto, e inclusive por que abrían las bolsas de basura en las calles.
Pero esto va cambiando cada día «¿quizá porque la gente se está liberando de los complejos?», se pregunta la enfermera Rosa María, habitante de la colonia Tajín.
Son mujeres las que más venden los desperdicios, grandes bolsas llenas de latas de aluminio, por las que apenas se ganan 50 centavos, se apilan en los depósitos. También juntan botellas de vidrio que les compran para la miel en el mercado, a un peso las de un litro y a 50 centavos las de un cuarto o medio.
El fierro varía entre uno y dos pesos por kilo, y el periódico a 80 centavos. Se vende luego por kilo a un peso, ya acomodado y en rollos aparece en las tiendas de abarrotes, se usa de cucurucho en semillas y yerbas medicinales.
En los depósitos particulares de la colonia Ricardo Flores Magón, este llega a venderse en 1.50 y en dos pesos. Los que más provecho le sacan son las tiendas en las colonias, en donde cuestan tres pesos.
En la adquisición de estos materiales obtenidos en la basura también hay tretas, trampas y «chanchuyos». A la señora Lubia, quien es dueña de un depósito de compra-venta, le ha pasado que entre los periódicos que compra por paca, la gente mete libros y revistas, catálogos, e incluso los moja «para que pesen más.»
Al tiempo que charlábamos, un par de jóvenes en un vehículo moderno le vendió 26 kilos de periódico. Fuimos sorprendidos cuando la comerciante sacó del montón el periódico tabloide y les dijo «que ese no lo recibe porque no lo quieren los compradores.»
Les dio 20.80 pesos, tras lo cual se retiraron. Luego comentó «este periódico luego hay que acomodarlo y empaquetarlo. Lo compra un artesano y gente que vienen de fuera. Lo usan para rellenar botas, bolsas, y para cubrir plantas.»
LA PEPENA YA NO EXISTE
«La gente de la pepena antes era la más despreciada. Pero ahora esto es común. Los ciudadanos ya no tiran latas ni botes, los van guardando; así como el periódico, y gente de muchísimo dinero es la que baja a vender.»
Plástico «PET», que se recicla, como el de las botellas de refrescos, botes de horchata, leche, vino de a litro, latas, entre otros, son de venta.
Es una oportunidad de juntar unos pesos, pero lo que más sorprende a la entrevistada es que sus clientes «cada día con más frecuencia son ricos», o al menos así lo supone pues llegan en «autos y camionetas del año.»
Por esto Rosa María se pregunta: «¿será que la gente se está liberando de los complejos?». Y es que mientras algunas personas con evidente necesidad económica tienen que trabajar mucho para reunir el producto para una venta –por lo menos un kilo de latas que vale 10 pesos– otras ya lo volvieron parte de sus rutinas cotidianas.
SON MUJERES LAS QUE MÁS VENDEN
Sobre la avenida Lázaro Cárdenas se ha observado que cada vez más mujeres, amas de casa adultas jóvenes, son las que reúnen botes, botellas y latas. La señora María García Vidal, dueña de un negocio de compra-venta en la calle J. Bermúdez, dijo que «son personas de bajos recursos» las que se acercan.
Compra y vende fierro, papel y cartón; y las bolsas de latas reunidas en su portal se las traen diversas personas, la mayoría mujeres, y dijo que «cada vez más gente anda levantando en la calle.»
Quizá por la necesidad económica, y esa oportunidad de allegarse más recursos. La botella de vidrio y plásticos «de buen ver», la que es bonita y tiene buena figura como son envases vacíos de jugos y bebidas energéticas, vino, y vinagre, la compran entre otras personas los vendedores de miel.
En el caso de la vendedora de camarón y miel, señora Cecilia, con un puesto ubicado en el Mercado Poza Rica, la adquiere a un peso y 50 centavos, y dijo que «las que más venden son señoras, son las que necesitan… pobrecitas que se ve que necesitan.»
La botella se compra «sucia», y luego la lava y desinfecta para llevarla a los vendedores de miel en Suchi, por Castillo de Teayo, quienes en ellas envasan la miel. Dijo que hace esto porque no le gusta comprar miel envasada ya que «quien sabe como vendrán las botellas.» De esta manera controla que sea un producto higiénico el que ofrece.
«NO PEPENA, NO PROPINA»
De las cuatro mujeres entrevistadas, la mayoría no quiso dar su nombre completo, quizá porque creen que «se van a meter en problemas», como comentó Cecilia. La publicidad «no pepena, no propina» emitida por el ayuntamiento en la introducción del nuevo sistema de limpia, la considera Rosa María poco propicia a este negocio, y que puede desalentar esta labor y vendimia.
Sin embargo, al encuestarlas acerca de la venta y compra, se notó que no es grande la ganancia de la transacción, pues el puesto fijo y de renta, les consume mucho dinero.
Aunque la mayoría se niega a decir a cuánto revende, también ha tenido sus altibajos. «El kilo de latas ha bajado de precio, de 12 pesos, cayó a 10.»
Finalmente coinciden en que «sirve la pepena, ayuda a levantar la basura. Primero eran bien viejitas, bien pobres, poco a poco le entran todos…» Y ellas están dedicadas en una labor de compra-venta permanente, pues a decir de García Vidal, «es todo el año, no crea que tiene días malos o buenos…».
08/LD/GG