El feminismo tiene sus orígenes en la Revolución Francesa. Llegó a América Latina a finales del siglo XIX con las mujeres que luchaban por alcanzar el derecho al voto. Sin embargo, la mayor expresión de este movimiento social conocido como «la nueva ola» o «neofeminismo» inició a principios de los setentas, señaló Norma Mogrovejo Aquise, escritora feminista, docente de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM).
Durante el seminario Globalización, Sociedad y Política en América Latina y México, en la UACM, Norma Mogrovejo refirió que el neofeminismo fue considerado un fenómeno revolucionario al llevar al ámbito público «lo privado». Las feministas generaron nuevas categorías de análisis e incluso nuevos lenguajes para nombrar la violencia doméstica, acoso sexual, violación en el matrimonio y feminización de la pobreza, entre otras.
Las mujeres estrenaron el diálogo entre si como una forma de apropiarse del lenguaje, de sus cuerpos y del espacio de la política, refirió.
La construcción de un pensamiento feminista latinoamericano ha cambiado debido a las influencias de otras regiones y a momentos histórico-políticos.
La llegada de la globalización y el neoliberalismo obligó a cambiar las dinámicas de acción y las perspectivas, por ello no se habla de un feminismo «único» si no de corrientes feministas que han tomado posición frente a la globalización, aseguró la escritora feminista.
La igualdad es el primer ideal concebido por las feministas de la nueva ola, inspiradas en la reflexión de las sufragistas, puntualizó.
El feminismo de la igualdad, con influencias del radical norteamericano, planteó también la inclusión de las mujeres en el mercado laboral y el espacio público, transformaciones en el espacio privado y cuestionamientos de las relaciones de poder en la familia y la sexualidad.
La demanda «lo personal es lo político» repercutió en Latinoamérica, región que vivía dictaduras y represión política generalizada. Las mujeres exigían «democracia en la calle y en la casa», abundó Mogrovejo Aquise.
Las feministas realizaron acciones de protesta para transformar la realidad: en contra de los concursos de belleza, la violencia, y a favor del aborto, generación de grupos de autoconciencia y autoayuda.
El feminismo radical criticó la cultura patriarcal, revalorizó a las mujeres y generó un feminismo de la diferencia, el cual consiste en la búsqueda de la identidad de las mujeres con base en «valores femeninos», mencionó.
Norma Mogrovejo explicó que los «valores femeninos» marcarían las diferencias entre mujeres y hombres, en un cuestionamiento al modelo androcéntrico, donde el varón es la medida de lo humano. Esta corriente se basa en el análisis de la diferencia sexual entre mujeres y hombres.
La teoría de la diferencia sexual plantea «el sistema de los géneros» como relación jerárquica, que ata a las mujeres a los deseos de los varones, impidiendo que ellas se opongan al pensamiento masculino dominante, indicó.
En la historia, el uso despectivo de lo femenino es necesario para que funcione el sistema patriarcal, por ello reivindicar el valor de la diferencia femenina es la forma «más profunda» de lograr la deconstrucción de ese orden social, afirmó.
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