Inicio Dolores Tarín, sobreviviente de feminicidio, declaró en juicio oral

Dolores Tarín, sobreviviente de feminicidio, declaró en juicio oral

Por Dora Villalobos Mendoza/corresponsal

En Chihuahua, durante el primer juicio oral por feminicidio, que se desarrolla esta semana y en el cual se procesa penalmente a Leonardo Alfonso Luna Ochoa, la sobreviviente María Dolores Tarín Valdes narró, ante los tres integrantes del Jurado de Juicio Oral, la traumática experiencia que sufrió el 6 de septiembre del año pasado, cuando dos hombres intentaron asesinarla en su negocio por órdenes de su ex pareja. Este es su testimonio.

«Sentí un dolor tremendo en la espalda y yo pensé: se cumplió la amenaza. Pero dije: ¡no me voy a dejar morir! Cuando sentí el cuchillo traté de voltearme para ver qué pasaba y el hombre me golpeó en el seno con el puño cerrado, luego me golpeó con un pedazo de madera, el cual después supe que era la cacha del cuchillo.

«Yo grité: ‘¡Auxilio, me quieren matar!’ Y me dije: ‘No puedo dejarme morir, debo sobrevivir’.

«Me empezó a golpear con muchísima fuerza con el puño cerrado. Seguí gritando y él sintió mi resistencia porque no perdía el conocimiento. Tomó un rinoceronte de hueso de ballena de un peso muy fuerte y cuando traté de levantarme para escapar de sus golpes, me comenzó a pegar con más fuerza.

«¡Su intención era matarme porque tenían ese encargo. Estoy segura. Traté de levantarme empujándolo, pero me fue imposible porque mi silla golpeó con la otra parte del escritorio, fue cuando me golpeó en el rostro con el rinoceronte!».

Con estas expresiones, inició Dolores Tarín su testimonio ante el jurado. La narración que hizo de su experiencia, que se prolongó durante más de dos horas, fue tan dramática que provocó el lagrimeo de los asistentes. Hasta los abogados que defienden a Luna Ochoa se conmovieron.

RECUENTO DEL HECHO

Ma. Dolores Tarín explicó que estaba sola cuando llegaron los dos hombres a su negocio, con el pretexto de solicitar trabajo. Detalló que mientras entrevistaba al menor de edad, el mayor la agarró del cabello, le clavó un cuchillo en la espalda y la golpeó salvajemente.

María Dolores continuó su relato:

«Fueron varias las veces que me golpeó. Pueden ver mi nariz y mi frente. El hombre impedía que gritara. El más joven le dijo: ‘¡Vámonos!’, porque escucharon ruidos. Uno de los empleados de mi hermano subía la escalera para pedirme las llaves de la bodega. El más grande corrió, pero al llegar a la puerta se regresó y con el puño cerrado me dio otro golpe en el rostro.

«Tomé fuerzas. Me levanté y caminé a pedir auxilio. Bajé las escaleras tomándome del pasamanos porque me sentía mal, y, mientras, gritaba: ‘¡Agárrenlos, me quisieron matar!’
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«Mi hermano, al verme llena de sangre, me tomó en sus brazos y me llevó a la calle. Yo le dije: ‘Sabes quién me mando a matar, se cumplieron las amenazas’. Él me dijo: ‘¡Cálmate, todos sabemos, pero debes calmarte!’.

«Mi hermano no sabía que traía el cuchillo en la espalda, y cada vez que me abrazaba me dolía porque me presionaba el cuchillo. Le dije: ‘Cada vez que me abrazas me lastimas porque me presionas el cuchillo’. Me dijo asombrado: ‘¿Cuál cuchillo?’ Me levantó el cabello, vio el cuchillo y gritó: ‘¡Una ambulancia, porque mi hermana tiene un cuchillo!’.

AUXILIO PRONTO Y EFICAZ

«Se acercó una señora y le dijo a mi hermano: ‘Yo la detengo porque usted no sabe y ella se está desmayando’. Le quitó un suéter a una niña y me lo puso en la espalda para detener la sangre.

«Llegó la patrulla y vi que se llevaron a los hombres. Luego llegó la ambulancia. La señora les dijo: ‘El cuchillo no se lo quiten porque pudo tocar órganos vitales’, después supe que la señora es enfermera.

«Me cortaron la blusa y me detuvieron el cuchillo para que no se moviera más. Yo sólo decía: ‘¡Vean si a mis hijos no les pasó nada. A lo mejor los mataron!’. Le insistía a mi hermano que llamara para que vieran cómo estaban.

«Cuando llegamos al hospital yo no podía respirar. Me hacían muchas preguntas para que no perdiera el conocimiento. Yo les decía: ‘¡No puedo hablar!’ Me dijeron: Ya se va a dormir porque hay que hacerle una cirugía para quitarle el cuchillo. De repente no escuché nada. Solo pensé: ¡Señor, dame fuerzas para vivir por mis hijos pequeños que dependen de mí, te pido que me des la vida, si alguien intentó quitármela, tú devuélvemela por favor!

«En esos momentos yo ya no supe lo que pasó: Sólo recuerdo, cuando desperté, que una enfermera estaba enfrente de mí y me dijo: ‘Afuera en la sala de espera está su mama, su hermana y su hija mayor’. Yo no podía creerlo porque ellas estaban en Juárez y no se me hacia posible que estuvieran ahí.

«Me llevaron a un cuarto y las vi entrar. Mi madre me dijo: ‘¡Te dijimos que te fueras con nosotras, pensamos que te habías muerto!’.

AMENAZAS PREVIAS

«Quiero que me permitan explicarles por qué sabíamos qué era lo que pasaba. Toda mi familia tenía miedo de que me mataran porque en junio el señor Héctor Gabriel Rábago Andrade, quien fue mi pareja, estaba molesto porque trabajó conmigo un tiempo, pero nunca le dieron las cuentas del banco.

«Fui violentada durante el tiempo que viví con él, por eso decidimos separarnos. Él se fue a vivir a Monterrey y sus jefes lo enviaron en julio para que abriera una plaza aquí en Chihuahua. Cuál fue su sorpresa que vio que mi hermano y yo habíamos abierto una empresa con otro nombre.

«Me visitó en mi domicilio y me dijo que me fuera porque la plaza de Chihuahua era de él. Yo le dije que no, que si quería quedarse y abrir su negocio que lo hiciera y que fuéramos competencia.

«Me golpeó y me dijo: ‘¡Te vas a arrepentir, si no te vas de aquí vas a ver cómo te va a ir!’ Hablé con mis empleados y les expliqué. Ellos me dijeron que no había problema, que ellos seguían trabajando para mí.

Al día siguiente me visitó otra vez y me dijo: ‘¡Voy a acabar contigo y con toda tu familia, voy a quemar tu carro!’ A los tres días fue y me dijo: ‘¡Dame el dinero de la venta!’ Yo le dije: ‘¡No te voy a dar nada, dile a quien tú quieras!’ Nunca le mostré miedo, pero sí sabía de lo que era capaz.

«Días mas tarde, mientras les pagaba el sueldo a los empleados, Héctor empezó a gritar como loco afuera. Pedimos la patrulla porque dijo que iba a quebrar los vidrios del local y llevarse mercancía. Me asomé por la ventana y vi que iba acompañado de otras personas que traían piedras en las manos.

«Cuando la patrulla llegó, Héctor se subió a su camioneta, pero después se acercó al policía y cambió su actitud. El policía me dijo: ‘¿Qué paso, señora? Yo le dije: ‘¡Me está amenazando y me quiere quebrar los vidrios!’ El policía me dijo: ‘No, es usted quien le debe dinero a él. No se ponga agresiva porque me la voy a llevar’. Yo le dije: ‘¿Qué pasa? yo soy quien pidió la unidad’. Dijo: ‘Pues si la ha estado amenazando vaya a poner una denuncia’. Decidí ir a poner la denuncia.

LA DENUNCIA

Me preguntaron si sabía la dirección de Héctor. Les dije que era por un hotel. Dijeron que lo iban a citar.

Se presentó al día siguiente a mi domicilio y me preguntó por qué lo había denunciado. Me explicó la manera en que me iba a matar. Vació en la oficina un recipiente de refresco que llevaba en sus manos.

«Me trasladé a (Averiguaciones) Previas. Pregunté qué estaba pasando. Un licenciado dijo que necesitaba el domicilio de Héctor para localizarlo. Por fin, uno de mis empleados me dijo que lo habían visto. Lo busqué y ese domicilio le di al abogado de Previas.

«Nos dieron una cita para dentro de dos días. Acudí y esperé dos horas. Cuando me iba a ir, Héctor llegó. Aparentemente se veía tranquilo, pero yo lo conozco y sé que no estaba tranquilo.

«Hablé poco. Él dijo que todo lo que yo decía era mentira, que sólo fue a visitar a un amigo y que era yo la que le debía el dinero. El abogado preguntó si tenía comprobante del adeudo y él dijo que no.

«El convenio (de conciliación, que utiliza la justicia de la entidad como intento para dirimir diferencias en casos de violencia familiar) sólo se hizo para respetarnos. La impresora estaba en otro lugar y cuando el licenciado se paró a recoger la hoja, Héctor me dijo: ‘¡Acabas de firmar tu sentencia de muerte, ya no tienes nada más qué hacer, hasta aquí llegaste, te quedan sólo segundos de vida!’.

«Llegó el licenciado. Me puse a temblar. Le dije al licenciado lo que Héctor me dijo y Héctor dijo: ‘¡Estás loca, no le crea nada, véala cómo está!» Porque, como ya mencioné, me puse muy mal, entré en shock, hasta fui atendida por una persona en esas instalaciones.

LAS SECUELAS

«Yo tardé mucho para hacer mi negocio. Tengo cuatro hijos, dos en la universidad. Pensé que si dejaba el trabajo no podría mantenerles la carrera. Por eso me aferré a luchar por mi negocio a pesar de que mi familia me insistía en que nos fuéramos después de que yo les platiqué lo ocurrido en Previas, de la sentencia de muerte.

«Mis empleados, al ver estas cuestiones, me brindaron su apoyo para vigilarme y acompañarme todo el día, pero yo les dije que no hacia falta, que hicieran su trabajo.

«Mi situación cambió. De ganar 20 mil pesos mensuales, hoy gano sólo dos mil.

«¡El temor que se siente cuando sé que el que planeó todo esto aún está en la calle! De qué sirve que este joven esté frente a ustedes cuando Héctor está en la calle. Me imagino que lo veo cuando estoy manejando, pienso que si alguien se me acerca me va a matar, siento que me cortaron mis alas, de tantas aspiraciones que tenía, hoy me quedé sin nada».

08/DVM/VR/GG

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