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Que las niñas confíen en ellas mismas

Por Naidel Ardila Sarquis*

Existe un concepto que me ayuda a explicar un fenómeno social al que se están enfrentando las niñas y adolescentes. Este concepto es la brecha de confianza, en donde se ha identificado que la confianza de las niñas y adolescentes cae 3.5 veces más que la de los niños durante la secundaria y la preparatoria.

Hay cifras impresionantes como el que tres cuartas partes de las mujeres reconoce un gran temor a equivocarse, o que la mitad de las mujeres adolescentes reconocen que su valor está puesto en el cumplir con un estándar de belleza, o que 8 de cada 10 mujeres piden el fortalecer su confianza y seguridad.

Esto por supuesto no es culpa ni de las niñas ni las adolescentes, esto tiene que ver con dos grandes raíces. Por un lado, la educación y los mensajes que les damos a las niñas, y por el otro, la sociedad en la que crecen y en la que están desarrollándose. 

Hay tres grandes errores que afectan la confianza de las niñas a través de la educación que les damos: el primero es poner estándares altísimos, compararlas con celebridades como Malala, o darles frases como “atínale a la luna”, “tú piensa en alto”, “piensa muy en grande”. Regularmente lo hacemos creyendo que esto las motivará, cuando en realidad esto llena de miedos a las niñas, pues creen que tienen que ser súper poderosas y temen equivocarse.

El segundo mensaje que reciben las niñas, que impacta su confianza, tiene que ver con el que solemos poner nuestra atención en sus logros y no en el proceso de intentar. En el intento es donde se desarrolla la confianza.

Solemos enfocarnos en los logros y los reconocimientos y no en el intento que tiene que ver con el tercer error. Existen prejuicios generalizados que sostienen que las niñas son frágiles y delicadas, lo que impactan las conductas de cuidadores y el trato que les dan a ellas pues al creer esto, incentivan mucho menos a las niñas a salir a explorar, experimentar e incluso a equivocarse. Regularmente no enseñamos a las niñas a arriesgarse, y al no hacerlo, limitamos sus oportunidades para probarse a ellas mismas, y desarrollar nuevas habilidades que fortalezcan su auto-confianza.

Ahora, existen también tres situaciones que afectan la confianza en las niñas, que tiene que ver con la sociedad en la que crecen. Rachel Simons, una mujer que ha trabajado desde hace muchos años en fortalecer la confianza de las mujeres jóvenes, señala que la brecha de confianza es un impuesto que están pagando las niñas al crecer en una sociedad que aún es inequitativa. Ella identifica tres situaciones que afectan la confianza en las niñas. La primera es un trato sexista, es decir un trato diferente entre hombres y mujeres, que suele discriminar a las niñas y sus talentos.

Tengo una anécdota respecto a eso: durante la preparatoria mi mamá y papá me enseñaron durante varios años a manejar en carretera, pero cuando llegó el momento de estar en la universidad y yo me ofrecí a manejar el coche para salir de puente, mis amigos dijeron que yo no debía de manejar porque era mujer y por lo tanto no sabía manejar en carretera. Sin conocer mis habilidades, ya dudaban de ellas solo por el hecho de ser mujer.

Lo alarmante del sexismo y las discriminaciones que legitima, no solo es la desvalorización de las habilidades de una niña o mujer, sino también, la interiorización individual de sentirse incompetente.  

La segunda razón social que afecta la confianza en las niñas, es que no hay mujeres o un gran número representadas en las posiciones de poder. Siguen siendo minoría en los lugares donde se toman decisiones y en los lugares en donde se representan estas mujeres, como en la política, la educación y la economía.

Ahora, el tercer suceso social que afecta la confianza en las niñas, tiene que ver con los medios de comunicación, donde continuamente están bombardeando a las niñas con imágenes de mujeres semidesnudas e hipersexualizadas. Esto envía el mensaje a las niñas de que su valor y poder está puesto en el cumplir con este atractivo definido por la sociedad. Aspirar a cumplir dichos estándares, afecta considerablemente su auto-imagen y seguridad.

A diferencia de lo que comúnmente se cree, la autoconfianza no es valorar lo que somos. Esa definición le corresponde a la autoestima. La confianza es tener la certeza de que se cuentan con los recursos personales para cumplir una meta o tarea de manera exitosa. Es un músculo que tiene que ejercitarse, tomando pequeños riesgos que permitan a la persona probarse en situaciones novedosas, mientras desarrolla habilidades para vivir dicha experiencia.

Confiar en las capacidades de las niñas e invitarlas a que experimenten cosas nuevas y se aventuren a aprender nuevas habilidades, aunque los resultados no sean perfectos, les dará las bases para saberse capaces de sobrepasar los posibles retos que se vayan presentando en su vida y poder contrarrestar los costos de crecer en una sociedad inequitativa.

*Defensora de los Derechos Humanos, escritora y divulgadora con más de 13 años impulsando el desarrollo humano con perspectiva de género con audiencias académicas, gubernamentales y corporativas.

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