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Enorme brecha de género en el trabajo del hogar

Por Carmen R Ponce Meléndez
CIMACFoto: César Martínez López

¿Quiénes se levantan a recoger los platos de la mesa en una reunión familiar o de amigos? Sí, nosotras. Me da pereza solo de contarlo”, explica Magela Demarco, periodista Argentina autora de un cuento infantil titulado: “Un papá con delantal, un cuento para educar en igualdad”, ilustrado por Andrea Bianco.

En el cuento se invita a reflexionar sobre el desigual reparto de estas responsabilidades. revertir las estructuras patriarcales que se inculcan de generación de generación y terminar con los privilegios que han disfrutado los varones históricamente es una tarea ardua, pero no imposible. “La igualdad empieza por la educación. Los niños aprenden con el ejemplo, por eso la única manera de conseguir ese reparto equitativo es que los padres se ocupen del 50 por ciento que les corresponde”.

Para la autora la paridad real sólo se da en lo cuentos.  Las mujeres cobran menos que los hombres por el mismo trabajo, en las cúpulas directivas la presencia femenina es anecdótica y el número de asesinadas en México y en el mundo es una realidad creciente. ¿Deben ser las mujeres únicas responsables de los trabajos domesticos?

Inegi termina de publicar un reporte que da miedo y enojo ante  la enorme brecha de género  o desigualdad con que viven las mujeres, en relación a la división sexual del trabajo, son los resultados de la Cuenta Satélite del Trabajo No Remunerado de los Hogares de México, 2018.

Proporciona información sobre la valoración económica del trabajo no remunerado que integrantes de los hogares realizan en la generación de servicios requeridos para la satisfacción de sus necesidades, mostrando la importancia de este tipo de trabajo en el consumo y en el bienestar de la población.

El valor económico del trabajo no remunerado en labores domésticas y de cuidados registró un nivel equivalente a 5.5 billones de pesos, lo que representó 23.5 por ciento del PIB del país.

La mayor parte de las labores domésticas y de cuidados fueron realizadas por las mujeres, con  76.4 por ciento del tiempo que los hogares destinaron a estas actividades. La participación maculina se reduce al 23.6 por ciento.

Esto provoca ausencia o poca presencia femenina en el mundo laboral, es decir en el trabajo remunerado o bien, si tienen un empleo su carga de trabajo es de prácticamente las 24 horas del día y los 365 días del año. Hay estrés y agotamiento importante en las mujeres que tienen un empleo, y no conocen el “uso del tiempo libre”. La diversión y el esparcimiento es a cuenta gotas.

El hecho de que esta desigualdad se traduzca en una mayor aportación femenina al valor económico de este trabajo no representa ningún beneficio directo o indirecto para las mujeres.

Según Inegi, el trabajo de las mujeres tuvo un valor equivalente a 59 mil 617 pesos, mientras que el de los hombres fue de 22 mil 390 pesos durante el mismo año, una diferencia a favor de las mujeres de 37 mil 227 pesos. ¿Y?

¿Dónde es mayor esta brecha de género?

En las mujeres pobres, las que tiene hijos menores de 6 años y en las indígenas o afrodescendientes. También en las mujeres con parejas. Ahora se observa que a mayor nivel de educación la carga de trabajo doméstico es un poquito más equitativa, pero no llega a la paridad.

Las mujeres del décil I (con menores ingresos) contribuyeron con 63 mil 307 pesos en promedio al año; mientras que las de mayores ingresos su contribución ascendió a 56 mil 450 pesos al año, sí hay una pequeña diferencia. Lo mismo sucede en el caso de los hombres.

Por primera vez en este informe se hace un balance de los últimos 10 años y como es lógico creció la aportación de las mujeres más que la de los hombres, dicho de otra manera se ha acentuado la brecha de género y la desigualdad y se ha recrudecido la división sexual del trabajo.

En los últimos 11 años (periodo que ocupa de 2008 a 2018) las aportaciones de mujeres y hombres han aumentado, pero las mujeres lo han hecho en mayor medida al pasar de 15 al 17.7 por ciento. Aparentemente en esta materia no se aprecia un avance femenino. ¿Por qué?

Bueno pues hay varias buenas razones que finalmente se sintetizan en una sola: no hay politicas públicas para el apoyo de las mujeres en esta materia.

Ni en la educación infantil, en la difusión de los medios (los estereotipos femninos incluyen dedicarse a la cocina); en el acceso real a apoyos como guarderías o escuelas con horarios ampliados, lugares accesibles para el cuidado de enfermos o de personas de la tercera edad.

Toda la infraestructura está organizada para una realidad laboral masculinizada, donde no cabe la armonización trabajo-famiia. El lugar de las mujeres sigue siendo la cocina, por lo menos eso nos dicen las estadísticas.

Al desagregar las tareas domésticas y su aportación al PIB lo que está en primer término es la economía de cuidado: los cuidados y apoyos que brindan a los integrantes de la famiia, no sólo los hijos, también están las personas de la tercera edad, los enfermos y personas discapacitadas, ante la ausencia de un Estado que no asume su responsabilidad en esta materia. Esta actividad representa 7.5 por ciento del PIB, le sigue en orden de importancia alimentación, limpieza y mantenimiento de la vivienda con 4.6 por ciento en cada una.

Pero cuando estas actividades se miden en horas en primer término está alimentación, por eso las mujeres con hijos menores de 6 años son las más afectadas. Cuidados contribuye con 38 por ciento del valor y 18.5 del tiempo.

Esta problemática que enfrentan las mujeres afecta al desarrollo del país no sólo en lo económico, también tiene efectos sociales y de salud. Romper el techo del patriarcado en esta materia todavía requiere de un gran esfuerzo, que es indispensable porque se corre el riesgo de que la igualdad siga siendo sólo un cuento.

19/CPM/LGL

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