Inicio OpiniónMonedero Se amplió la brecha de género en educación derivada de la pandemia

Se amplió la brecha de género en educación derivada de la pandemia

Por Carmen R. Ponce Meléndez

La llegada de la pandemia por COVID-19 obligó a establecer la modalidad de clases virtuales que buscaba evitar contagios, dadas las condicione de la mayoría de la escuelas públicas en particular.

Estas clases virtuales provocaron varios efectos: primero, una sobrecarga de trabajo en las mujeres. Según Coneval, 70 por ciento del apoyo educativo lo hicieron ellas (madres, maestras, hermanas, abuelas, tías, etcétera); se generó una deserción escolar, ya sea por la modalidad virtual y sus requerimientos o bien, por la reducción de ingresos en los hogares generada por el desempleo, obligando a jóvenes de ambos sexos a trabajar y dejar la escuela.

Se observa que dos de los factores determinantes desde la  perspectiva del abandono o truncamiento escolar son el sexo y la edad. Respecto a la variable de sexo, puede concluirse que aparentemente ser hombre incrementa la probabilidad de abandono o truncamiento.

En otras palabras, se amplió la brecha de género en la educación como producto de la pandemia (véase la siguiente gráfica). Este es uno de los principales hallazgos del estudio realizado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Covid-19 y educación en México: primeras aproximaciones de una Desigualdad agudizada.

Imagen: Carmen R. Ponce Meléndez

Para todos los niveles educativos se observa que la mayor disminución está en las mujeres; incluso en primaria, las cifras son negativas (-0.9), y por supuesto la brecha más amplia se ubica en secundaria con 7.0 contra 1.9 por ciento (véase la gráfica). En cuanto a la edad, tener entre 12 y 14 años, 15 y 17, así como 18 a 22 incrementa 6, 8 y 16 puntos porcentuales la probabilidad de abandono o truncamiento: son las edades en que se incorporaron al mercado laboral, debido a la reducción de ingresos en los hogares. La desigualdad más amplia entre hombres y mujeres está en el grupo etario de 15 a 17 años.

Otro tema decisivo es el de la tecnología. Las adaptaciones para la enseñanza remota fueron abismalmente diferentes de un centro educativo al otro. Las clases virtuales precisaban de ciertos recursos (acceso a Internet, acceso a dispositivos para conectarse a Internet y manejo de las herramientas necesarias).

Aun cuando se registraron modificaciones tanto en escuelas públicas como privadas, en los grupos focales del análisis cualitativo se detectó que hubo una adaptación más ágil a la modalidad virtual en las escuelas privadas, tuvieron mejores condiciones por parte de las y los estudiantes para acceder —en principio— a Internet y a dispositivos para las clases virtuales. La escuela pública y sus estudiantes son los de mayor rezago

Las clases a distancia para quienes no tenían posibilidad de tomar clases virtuales se basaron en el uso de cuadernillos que el personal docente elaboraba para que las y los estudiantes pudieran acceder a los contenidos, repasarlos, realizar ejercicios y tareas. Esta modalidad se presentó especialmente en contextos rurales con poco o nulo acceso a Internet. De nuevo, un rezago o desigualdad asociado a la pobreza.

En las escuelas privadas, las y los estudiantes provenían de hogares con mayor estabilidad económica. Cabe puntualizar que la incursión en el mercado laboral remunerado resultó mayor para quienes estudiaban en escuelas públicas, en particular en los niveles medio superior y superior.

En la población de 3 a 22 años en su conjunto, tener Internet fijo, teléfono inteligente, tableta o computadora en la vivienda se asocia a reducciones de 2, 1.9, 0.9 y 6.5 puntos porcentuales en la probabilidad de abandono o truncamiento, respectivamente. Por su parte, tener televisión en casa no se asocia con reducciones en la probabilidad de abandono.

Destaca la importancia de la computadora como herramienta para hacer sostenible la escolaridad remota.

Ahora, la dimensión regional también refleja las desigualdades del país. La tasa de abandono y truncamiento escolar más alta es en un sur pobre; mientras que la tasa menor corresponde al norte y centro norte, industrializado y técnicamente mejor equipado. Además, presentan tasas de desempleo menores.

En el grupo de 18 a 22 años, el centro del país registró la tasa de abandono más alta con 30.4, contrastando con 18.4 puntos porcentuales del noroeste. Un abismo de desigualdad regional.

Pasando a las horas de estudio y su incidencia, el estudio referido encontró que, en general, las horas de estudio y actividades escolares aumentan con la edad: de 2.4 horas diarias en el intervalo de 3 a 5 años, hasta un promedio de 6.3 horas en el intervalo de 18 a 22 años.

En promedio, los inscritos al ciclo escolar 2020-2021 destinaron 4.3 horas diarias a estudiar y realizar actividades escolares en un día normal de clases a distancia.

Comparando el promedio de horas de estudio entre escuelas públicas con privadas, las y los estudiantes de las segundas tendieron a estudiar más en todos los intervalos etarios, a excepción del grupo de 18 a 22 años. En promedio, las y los estudiantes de escuelas privadas estudian 1.4 horas diarias más.

La pandemia reforzó la desigualdad en la calidad educativa entre escuelas públicas y privadas; dicho de otra manera, una desigualdad entre estudiantes pobres y los de mejores ingresos, desigualdad de clase social que se traduce en una muy baja capilaridad social. 

Uso de tecnología. El dispositivo con menor efecto, tanto en las horas de estudio como en la probabilidad de estudiar 4.5 horas o menos, es el teléfono inteligente, dispositivo principal de 63 por ciento de los estudiantes de 3 a 22 años —asociado al nivel de ingresos en los hogares—.

Caso contrario a la computadora, el uso de un teléfono inteligente como dispositivo de aprendizaje principal se reduce con el aumento de la edad y los ingresos.

Si bien muchas veces contar con acceso a la tecnología está condicionada por la posibilidad económica de adquisición de aparatos electrónicos en el hogar, la política pública para democratizar este acceso puede generar efectos decisivos.

La pandemia implicó una reducción de 4.72 horas de estudio a la semana. La pérdida de horas de estudio a la semana en la población que asiste a la escuela es especialmente elevada en comunidades rurales.

Cabe destacar que la desigualdad educativa entre las áreas rurales y urbanas siempre existió, pero ahora —con la pandemia— esa brecha también creció considerablemente.

El tema de la violencia acrecentada.Derivado de la pandemia, se pudieron observar aumentos en los factores de riesgo asociados con la violencia en el ámbito familiar, en el trabajo infantil, en el matrimonio infantil y en el embarazo adolescente.

En el caso de la violencia física, sexual y psicológica, se identificó una mayor afectación para niñas y niños en comparación con otros grupos. En particular, se identificaron casos de violencia física por parte de familiares directamente hacia niñas, niños y adolescentes, así como situaciones familiares que los exponían a la violencia.

En suma, en materia de educación, las desigualdades sociales, de calidad educativa, de género y económicas se profundizaron, en detrimento de las mujeres y niñas pobres en primer término. Con esto, se reducen sus opciones para salir de esa pobreza mediante una educación de calidad.

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