Inicio AgendaEl proyecto político para mujeres, legado de la Comandanta Ramona en la lucha zapatista

El proyecto político para mujeres, legado de la Comandanta Ramona en la lucha zapatista

Por Wendy Rayón Garay

Ciudad de México.— La Comandanta Ramona fue una figura clave en la defensa de los derechos de las mujeres indígenas quienes integran el Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN) y su aporte fue más allá de la denuncia, pues logró transformar las demandas y necesidades de las mujeres en un proyecto político colectivo sustentado en la dignidad y la autonomía, así fue expuesto en el foro “Comandanta Ramona: símbolo y acción revolucionaria”.

Es de recordar que en este mes se cumplieron 32 años del levantamiento zapatista en México. Durante el siglo XX, la población indígena en México enfrentó condiciones estructurales de exclusión, despojo y pobreza. En ese contexto, el 1 de enero de 1994, en el estado de Chiapas, el EZLN llevó a cabo un levantamiento armado que se prolongó por doce días. Este hecho coincidió con la entrada en vigor del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN), mientras los pueblos originarios exigían el reconocimiento pleno de sus derechos.

Ante estas demandas, el gobierno federal desplegó fuerzas militares en Chiapas para contener la rebelión y, tras varios días de enfrentamientos, decretó de manera unilateral un alto al fuego. El 16 de febrero comenzaron las primeras conversaciones para la paz que culminaron en 1996 con la firma del Acuerdo de San Andrés sobre Derechos y Cultura Indígena.

Durante este proceso fueron necesarias figuras clave como la Comandanta Ramona para la defensa de los derechos de las mujeres indígenas. Ella fue una mujer indígena tzotzil originaria de San Andrés Sacamach en de los Pobres, Chiapas, que decidió unirse al EZLN en 1986 al observar que las mujeres indígenas eran sistemáticamente despojadas de los espacios públicos.

Paralelamente, se dedicaba al bordado como medio de subsistencia, actividad que continuó desempeñando mientras participaba en la organización zapatista y durante los cerca de 20 años que permaneció activa en la lucha en defensa de las comunidades indígenas.

Desde la perspectiva de socióloga Rosa Luz Pérez, de la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales, la inclusión de la Comandanta Ramona en esos años fue un indicio de la participación temprana de las mujeres, quienes paulatinamente se alejaron de los roles de género tradicionales para integrarse a una estructura político-militar.

No obstante, esto no habría sido posible sin figuras como Ana María, la primera mujer tzotzil en incorporarse en 1981, abriendo el camino para las demás. Este antecedente fue relevante si se considera el contexto del estado, donde las mujeres indígenas cargaban con el peso del trabajo de cuidados, las labores de cuidado familiar, la reproducción de la vida y condiciones de explotación al trabajar tierras de las que no podían ser propietarias.

La participación de Ana María y del resto de mujeres quienes se sumaron al movimiento zapatista permitió que la organización ampliara su base de apoyo, ya que su bajo perfil facilitaba el tránsito por el territorio sin levantar sospechas. A través de encuentros clandestinos y en pequeña escala en las comunidades.

No obstante, la socióloga Pérez señaló que estas mujeres comprendieron que también necesitaban acercarse a sus iguales: mujeres, madres de jóvenes interesados en integrarse al EZLN. Fue así como las filas de la organización zapatista comenzaron a crecer fue entonces que se creó la Ley Revolucionaria de Mujeres y se impulsó la construcción de un proyecto político que las incluyera de manera explícita.

Cuando el EZLN inició los preparativos para la guerra, el trabajo de concientización quedó a cargo de mujeres regionales, como en el caso de la Comandanta Ramona. “Ellas no estaban pensando en transformar el sistema capitalista; estaban pensando en transformar su comunidad, sus vidas y su vida cotidiana”, advirtió Rosa Luz Pérez.

La comandanta Ramona

Al interior de las comunidades realizó pláticas sobre sus experiencias de transformación, logrando que más mujeres se sumaran a la lucha. Durante más de dos décadas fue integrante del Comité Clandestino Revolucionario Indígena (CCRI), máxima instancia del movimiento zapatista. Su papel fue crucial en la toma de San Cristóbal de las Casas el 1 de enero de 1994, así como en otros momentos históricos del movimiento.

En febrero de ese mismo año participó en las Jornadas por la Paz y la Reconciliación, después de diversos asaltos a ciudades chiapanecas, en los que se retomó el diálogo para avanzar hacia los acuerdos de paz. En 1996 dejó la zona zapatista para participar en la construcción del Congreso Nacional Indígena (CNI). En el Zócalo capitalino, frente a 100 mil personas, alzó la voz para dar visibilidad a la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Posteriormente, en marzo de 2001, se integró a la Marcha por el Color de la Tierra, una histórica movilización en la que, durante 37 días, mujeres y hombres indígenas caminaron desde las montañas de Chiapas hasta el Zócalo de la Ciudad de México y, finalmente, al Congreso de la Unión. El objetivo de esta marcha fue defender los Acuerdos de San Andrés, relacionados con los derechos y la cultura indígena.

La presencia de Ramona en las comunidades, a partir de su propia experiencia de transformación, propició el crecimiento del número de mujeres en las filas de la insurgencia zapatista. Logró convencer a jóvenes y a mujeres adultas para que se convirtieran en la base de apoyo del movimiento.

De acuerdo con la investigadora Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara, de la Universidad Autónoma de Nayarit, la Comandanta Ramona provenía de un contexto de pobreza marcada, enfermedad, hambre y abandono de las comunidades indígenas. Como muchas mujeres, vivió en condiciones donde no existía un acceso real a la justicia, a la educación ni a una vida digna.

Estas circunstancias la impulsaron a integrarse al movimiento zapatista, donde se encontró con otras mujeres y compartió experiencias que le permitieron comprender que su sufrimiento no era individual, sino colectivo. Al perder el miedo, se reconocieron como sujetas de derecho con la capacidad de transformar su vida.

Para la investigadora Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara, la Comandanta Ramona fue una figura fundamental porque supo escuchar a las mujeres indígenas, caminar junto a ellas y dialogar en sus comunidades sobre la vida cotidiana, el trabajo, las hijas e hijos, la violencia y el matrimonio impuesto, como una igual que atravesaba las mismas condiciones.

A través de este trabajo de escucha y acompañamiento, ayudó a convertir las experiencias en propuestas concretas mediante la Ley Revolucionaria de Mujeres, un documento que visibilizó los derechos de las mujeres indígenas dentro del movimiento zapatista y que estuvo conformado por 10 artículos orientados a enfrentar las barreras que vivían.

“Esta ley dijo cosas que nunca antes se habían dicho desde las propias mujeres indígenas: que podían elegir con quién casarse, decidir cuántos hijos tener, estudiar, trabajar, participar en la lucha política y no ser golpeadas ni obligadas a nada. Fue una ruptura fuerte con las costumbres que las trataban como propiedad”, señaló la investigadora Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara.

La Ley Revolucionaria de Mujeres se dio a conocer el mismo día en que inició el levantamiento zapatista, el 1 de enero de 1994. Para la investigadora Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara, este hecho significó que la lucha de las mujeres era tan relevante como la lucha armada, ya que no solo buscaba un cambio en el gobierno, sino la transformación de la vida cotidiana de las mujeres y de sus comunidades.

En 1996 dejó la zona zapatista para participar en la construcción del Congreso Nacional Indígena (CNI). En el Zócalo capitalino, frente a 100 mil personas, alzó la voz para dar visibilidad a la lucha del Ejército Zapatista de Liberación Nacional (EZLN).

Posteriormente, en marzo de 2001, se integró a la Marcha por el Color de la Tierra, una histórica movilización en la que, durante 37 días, mujeres y hombres indígenas caminaron desde las montañas de Chiapas hasta el Zócalo de la Ciudad de México y, finalmente, al Congreso de la Unión. El objetivo de esta marcha fue defender los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, los cuales abordan la defensa de los derechos y la cultura indígena. Finalmente murió el 6 de enero de 2006.

Lourdes Pacheco Ladrón de Guevara señaló que el legado de la Comandanta Ramona permanece vigente y que su historia recuerda que toda transformación comienza con la dignidad y el reconocimiento de los derechos, y que el cambio real no puede darse sin que las mujeres decidan sobre su propia vida.


También en Cimacnoticias

Este Web utiliza cookies propias y de terceros para ofrecerle una mejor experiencia y servicio. Al navegar o utilizar nuestros servicios el usuario acepta el uso que hacemos de las cookies. Sin embargo, el usuario tiene la opción de impedir la generación de cookies y la eliminación de las mismas mediante la selección de la correspondiente opción en su Navegador. En caso de bloquear el uso de cookies en su navegador es posible que algunos servicios o funcionalidades de la página Web no estén disponibles. Acepto Leer más