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Miedo a migrar. Del otro lado

¿Alguna vez alguien ha sentido miedo? ¿Saber que el salir de tu casa podría significar el ya no regresar? ¿O, quedarte en casa y vivir con el temor de que alguien va a tocar tu puerta o derribarla para llevarte encarcelado?

Todo lo anterior y más te da temor y te pone en un estado completamente de indefensión. Tú mente no descansa y posiblemente te la pases pensando en lo peor que te puede suceder antes y después de ser detenido o detenida. Principalmente por lo que se sabe o dice de los centros de detención del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos )ICE por sus siglas en inglés.

Lo que hace años era alegría y algarabía tanto dentro como a los alrededores de Nueva York, se transformó en silencio interno por lo que hoy significa el no retornar a tu hogar o que alguien te saque para siempre de él.

Esto hoy se recrudece por el simple y sencillo hecho de querer una vida mejor para ti y para tus hijos y para quienes dejaste en tu país de origen cometiendo el único “crimen” de no contar con la autorización oficial para vivir en los Estados Unidos de América (USA).

Ayer por la tarde llegó un recado por texto de que elementos del ICE andaban en el pueblo de Bloomfiel, New Jersey, la información la distribuyó el propio condado.

De inmediato, inician las llamadas entre la raza:

— ¿Ya sabes? …sí. Es la respuesta. Acompañado de: —Todo bien.

Por la mañana llega otro mensaje informando que por Home Depot se llevaron a un connacional.

— “Se siente re feo ver cómo se lo llevan”. La reacción de Jorge.

Jorge no contestaba la llamada y vino el mensaje: “repórtate”.

Entra la desesperación combinada con el temor y viene la llamada a la prima de Jorge, quien, tampoco contesta.

A mandar mensaje a María. No contesta.

Por fin llama la prima de Jorge y pregunta: “¿qué pasa?”

—Jorge no contesta y andan los del ICE por aquí.

—A mi tampoco me contesta.

—Esos del ICE andan por todos lados sin hacer ruido. Se aparecen y se llevan de uno en uno. Ya no como antes, como al principio, como en Mineápolis y Saint Paul, lugares donde iniciaron los “comités vecinales”, los cuales han sido retomados en la mayoría de los estados y que, gracias a ellos, los y las inmigrantes se mandan notificaciones de la presencia de ICE, e incluso se ayudan entablando conversaciones de sus experiencias para contar con planes de ayuda en caso de detención.

Por otra parte, ya no se sabe nada en los medios de comunicación. Después de la manifestaciones tan fuertes, ahora no sale nada.

Por acá por Nueva York y Nueva Jersey, todos andan al corre y corre. Luego del anuncio del titular del ICE, Markwayne Mullin sobre su despliegue de personal durante el mundial de la copa del futbol.

Los y las inmigrantes ya no transitan en las calles, ya no se ven ni sus sombras. Van del camión o del tren o del automóvil corriendo a su trabajo y a su casa sin parar. Ya no salen ni a comprar nada. Antes los fines de semana salían a comer, al mall o comprar cositas y ahora ya ni eso. Todos tienen mucho miedo.

En la mayoría de los negocios “ya no se paran ni las moscas”, asegura la prima de Jorge.

—Yo ya no salgo ni a la esquina. Mando a mis hijos. Ellos tienen sus papeles y pues no les da miedo nada.

Por fin se corta la llamada a la prima de Jorge, porque Jorge está llamando.

—¿Qué hay? Contesta Jorge.

—¿Por qué no contestas? Se le pregunta y añade: Se corta la llamada por acá donde ando.

— Ya me tenías preocupada.

—Sí, ya sé andan por acá esos canijos. Llevándose al que se encuentran. Ya sabes, uno sale con la protección de Dios.

—Tu prima me dice que ni a ella le contestas las llamadas.

—Este teléfono se corta y ando muy ocupado.

Jorge ya quedó de reportarse, para que nadie ande con la preocupación marcada.

María, en tanto, contesta muy quedito:

—Sí ya sé.

No quiere que nadie se entere que está en su casa. Antes se acompañaba de su música. Pero desde que llegó Trump al gobierno, su música ya no suena. Y no es la única. Ya los connacionales no hacen ruido. La música es la que extraña y bastante.—Deje y le mando texto. Comenta María y de inmediato cuelga.

—Sí, ya sé. Las únicas palabras de María.

Así como María, las demás connacionales no desean escuchar ni decir nada.

Se la pasan entre cuatro paredes. La ventaja es que ahora ya sale el sol y calienta.

Pasó el feroz invierno que también las traía con frío y miedo.

El miedo se transpira por todos y cada uno de los poros. Incluso hasta para quienes tienen papeles de residencia y de ciudadanía que son de piel morena.

La amenaza de la deportación y de que se llevaría a cabo ya se sabía desde la campaña electoral de Donald Trump. Su triunfo trajo consigo, la incertidumbre de la verdadera clase trabajadora de este país.

No se mira a anglosajones por las calles cuidar a bebés, limpiando casas, trabajar dentro de las cocinas de los restaurantes e incluso en las construcciones de casas o edificios.

Hace un par de semanas se empezó a hablar de la falta de carpinteros, mecánicos, plomeros, electricistas y demás trabajadoras y trabajadores de fábricas.

La crueldad es la palabra de sentimiento que brota para quienes se encargan de lastimar, de separar a las familias de la clase trabajadora de este país formado por inmigrantes.

Cifras estiman que son más de 60 mil las detenciones hasta este momento (reportó CIMAC a principios de este año), y de las cuales podrían ser 22 por ciento de mujeres, de acuerdo a reportes de medios de comunicación y redes sociales, y señalan que las mujeres, incluso, son detenidas con todo y estar embarazadas y son separadas de sus hijos en los propios centros de detención.

Sería bueno, que el gobierno de México pusiera sobre la mesa de negociaciones comerciales, o propusiera una acción humanitaria conjunta con el resto de los países de mundo la reforma migratoria, el respeto y trato digno a las y los mexicanos y demás seres humanos que viven en este país.

Ya han muerto como 12 mexicanos en los centros de detención, y sólo se les va en anunciar sus famosas cartas de inconformidad diplomáticas. Y a ninguna le han dado respuesta.

Es inhumano y muy lastimoso afectar la salud mental de las y los inmigrantes no solo de quienes habitan en los Estados Unidos, sino de todo el mundo.

Basta de medidas antiinmigrantes y sí a la convivencia duradera.

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