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A 10 años, Colosio reclama

Por Marta Guerrero González

En Argentina, Chile, Irak y México los reclamos de justicia no mueren con las víctimas ni con el paso del tiempo. Exigir justicia es legítimo y para muchos una obligación (sobre todo en casos como las muertas de Juárez, el movimiento del 68, la Guerra Fría y periodistas y políticos asesinados).

Desde luego que hay quienes se manifiestan cansados de esos viejos y mismos reclamos. Más frente a tanta contradicción, “coincidencias inocentes”, muertos (reales y relacionados con el crimen) después del muerto, el ambiente político previo al asesinato de Luis Donaldo Colosio, cuatro fiscales, campañas de descrédito, estrategias de purificación, la ley del hielo para los “colosistas” y la opinión pública sobre el complot desde la cúpula del poder… es honor y lealtad seguir exigiendo la verdad.

Carlos Salinas de Gortari vuelve a la escena del crimen y con absoluta desmemoria pondera su buena comunicación con el entonces candidato a la presidencia. Acepta lo que antes negó, el juego de siempre; supo por Diana Laura los cambios que se proponía realizar Donaldo, entre ellos quitar a Ernesto Zedillo de su lado, es decir, de la coordinación de campaña, para ponerlo al frente del Departamento del Distrito Federal (sobra decir, que de haberse concretado ese movimiento, Zedillo hubiera quedado inhabilitado para ser su sustituto).

¿Se le habrá ocurrido tal suspicacia a José Córdoba? No cabe duda, Colosio no hubiera puesto en su lugar a Zedillo. Ahora que ya tampoco es el candidato de Salinas se pueden hablar de estas cosas.

Don Luis Colosio Fernández recordó el nacimiento de su difunto hijo frente a un auditorio diverso, los cercanos se sentían orgullosos, otros estaban perplejos e incluso midiendo las consecuencias, algunos no podían ocultar su enojo y nerviosismo. Así es la libertad de expresión.

El padre dijo “…ni duda cabe que Luis Donaldo fue ultimado en un clima de profundo deterioro de sus relaciones con el entonces presidente Salinas”. Era verdad, hasta Zedillo deja testimonio público sobre el tema y la urgencia de establecer una alianza con Salinas. Don Luis causó ampolla y por la noche Salinas reviraba. Manuel Camacho no quiso quedarse atrás, nunca ha querido. Don Luis en espera de la edición de sus memorias, realizadas por Samuel Palma, pidió un careo entre los dos ex presidentes y el ex comisionado para la paz en Chiapas.

Hay cientos de preguntas y tal vez ha llegado la hora de recibir las respuestas. Muchos nos preguntamos, por ejemplo: ¿qué hacia Malio Flavio Beltrones en Hermosillo cuando todos los gobernadores habían sido convocados a la capital? ¿Fue casual que el gobernador de Sonora, ese mismo miércoles y a la misma hora, citara a reunión de gabinete y se demorara más de lo acostumbrado en el despacho contiguo, y de pronto hiciera pasar al doctor Ernesto Rivera, su secretario de Salud y a Don Luis Colosio, quien siendo secretario de Desarrollo Agropecuario, esperaba por la reunión con el gobernador, para darle la noticia del atentado; y a los pocos minutos recibiera instrucciones de Salinas para trasladarse a Tijuana?

Orden a mi juicio extraña si tomamos en cuenta su cargo y en tanto Baja California Norte contaba con un gobernador de otro partido (PAN), explicable si hubiese sido el caso de acompañar en viaje al padre junto al hijo herido. No fue el caso.

¿A qué fue Beltrones y, sobre todo, qué hizo minuto a minuto en Tijuana? ¿Por qué le perdieron la confianza a Colosio? ¿Por qué lo abandona? ¿Por qué lo asesinan? ¿Por qué Salinas le dice a Joaquín López Dóriga, mi gobierno dejó a Aburto en la cárcel y vivo? ¿Cuántos Aburtos están muertos, o acaso el sentenciado ya murió o teme por su vida? El tema sigue, la sospecha también. “A 10 años, Colosio habla”.

*Presidenta de la Asociación de Mujeres Periodistas Communica.

04/MG/GB

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