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Abandono del campo afecta la vida de mujeres salvadoreñas

Por Marta Sigarán, corresponsal

El sector agroindustrial salvadoreño se ve afectado año con año por la falta de personal, ya que sus empleados emigran al extranjero para laborar en la construcción y ganar hasta 10 veces lo que percibe al día un trabajador agrícola en el país centroamericano.
 
En contraparte, para llenar ese vacío, centenares de nicaragüenses y hondureños llegan a trabajar al campo salvadoreño.
 
Según estudios sobre migración, hasta 250 mil nicaragüenses viven en El Salvador, y la mayoría de ellos trabaja en el corte de caña de azúcar.
 
Marcela es una joven mujer de 34 años residente en Berlín Usulután en el oriente del país. Su esposo siempre había trabajado en el agro, pero hace cinco años emigró a EU y ahora envía una remesa de unos 200 dólares al mes (poco más de 2 mil 400 pesos mexicanos).
 
Marcela dice que el ingreso recibido no es suficiente para mantener a sus dos hijas de 8 y 14 años, darles estudio y alimento, por lo que para generar más ingresos construyó en el terreno de su casa dos cuartos más que alquila a dos familias de nicaragüenses, que vinieron al país para trabajar en el campo.
 
Rocío es una de las nicaragüenses que habita en la casa de Marcela. Ella cuida niños en la ciudad de Usulután. Su esposo y sus dos hijos llegaron de Nicaragua hace dos años.
 
La mujer cuenta que ha sido difícil insertarse en la sociedad, principalmente para los niños en las escuelas.
 
De acuerdo con el Banco Central de Reservas, de enero a noviembre de 2012 se recibieron 3 mil 286 millones de dólares en remesas familiares. Este rubro se ha convertido en la base de la economía.
 
Según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), un tercio de la población rural subsiste gracias a las remesas, lo que ha provocado una reducción de la dependencia de la producción agrícola.
 
Un reciente estudio de la Organización de Mujeres Salvadoreñas indica que el aumento de la migración masculina estaría conduciendo a una mayor autonomía de las mujeres y a su inserción al mercado laboral, haciendo un uso productivo de las remesas que recibe o para complementar los ingresos
 
Marcela comenta que nunca pensó que sería prácticamente la responsable de tres familias, y que la necesidad la hizo conocer su potencial como jefa de hogar.
 
Aunque espera que sus hijas nunca consideren la migración, ya que la vida separada de sus seres queridos “no es una opción”.
 
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