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Bandas juveniles

Por Lucero Saldaña

En toda América Latina el surgimiento de pandillas juveniles tiene vínculos con la pobreza, las familias disfuncionales, la búsqueda de identidad, la necesidad de protección, compañerismo, entre otros.

Con un promedio de 13 años de edad se organizan con estructuras que pueden ser utilizadas por el crimen organizado y son capaces de cometer violaciones, atracos, lesiones, extorsión, secuestro, narcoactividad, lavado de dinero y homicidios, aún cuando la mayoría de sus miembros han roto su vínculo familiar, el sentido de pertenencia está en el grupo.

Posterior al fin de los conflictos armados en Centroamérica, en la década de los 90, el gobierno de los Estados Unidos promovió una política de deportación masiva de pandilleros a sus lugares de origen, trasladando con ello una severa problemática doméstica a países cuya debilidad institucional les impidió enfrentar el fenómeno, el cual terminó por desbordar a las autoridades hasta colocarlo como el principal riesgo de seguridad nacional en el Istmo Centroamericano. Esta información fue analizada en la cuarta reunión de la Comisión de Equidad y Género, Niñez y Juventud del Parlamento Latinoamericano celebrada en Panamá los primeros días de mayo de este año.

Algunas de sus características se manifiestan al ejercer control territorial, definición de las actividades entre sus miembros, persiguen fines diversos pero tienen relación con lo económico, su lenguaje propio los identifica y manejan un código de conducta que se refleja en ritualismo en la realización de los delitos, o tatuajes, graffitis, el líder es respetado u protegido con una lealtad probada.

Las mujeres pueden ser las amantes (Hainas) de los integrantes de las pandillas, son utilizadas para vigilar el área donde operan o se reúnen; Banderas, son las que se encargan de recolectar o cobrar el dinero producto de las extorsiones, o se encargan de ocultar las armas o drogas de los integrantes cuando están en actividad delictiva.

En Guatemala, La Mara Salva trucha, La 18, Los Cholos, Los Nicas y los Batos Locos. En El Salvador, La Mara Salva trucha, la 18, la Mao Mao y la Máquina. En Honduras La Mara Salva trucha, La MS o MS13, la 18, La Mao Mao, Los Batos Locos y los Rockeros. En cambio este patrón varía para los países de Belice con los Crip, Nicaragua con Gerber Boys y Los Charly, en Costa Rica Churbis y Los Polacos; en Panamá Los Gris Kros, Los Sagrados, Los Niños de la Tumba Fría, Los Sopranos, Los Perros, Los Millonarios, Los West Side y los Kila, Los Chicanos, Los Chicos de Plomo.

En 7 países se pueden encontrar a cerca de mil grupos con 70 mil integrantes aproximadamente. Los sectores en los que operan son el de trasporte: autobuses, microbuses, taxis, picacheros; en el comercial: establecimientos, ambulantes, camiones repartidores, tianguis; o en otros sectores como los prostíbulos, clubes nocturnos, los mismos pandilleros dentro y fuera del penal. Siendo Guatemala y Honduras los países con mayor número de asesinatos en promedio.

La evolución reciente de Las Maras es que ya no están dejándose tatuar, utilizan nuevas formas de comunicación interna, ya no reclutan mujeres por falta de confianza, han cambiado su indumentaria, se han aliado más a narcotraficantes para obtener financiamiento y logística para delinquir, se dedican al comercio informal en las calles, se afilian en fundaciones de rehabilitación y las ONG’s , incluso financian guarderías comunitarias, y establecen cuotas o impuestos a los conductores del transporte público, para apoyar a sus compañeros detenidos en los penales.

Pandilleros activos se han convertido en microempresarios, dado todo lo anterior los gobiernos que enfrentan esta realidad han querido ejercer medidas de control y combate, trayendo como consecuencia reformas a la legislación penal, procesal penal y del menor infractor, o desarrollado programas de prevención, rehabilitación, inserción y corrección, con la participación de instituciones que trabajan en derechos humanos, niñez, adolescencia y familia.

En El Salvador, el Plan Mano Dura, la Ley Antimara, con el carácter represor no han tenido los resultados positivos, En Guatemala han tenido problemas jurídicos con la tipificación del delito de extorsión, la aceptación de las leyes de crimen organizado y lavado de dinero para aplicarlo a Las Maras, la aplicación de la ley de grabaciones, el acceso a la información sobre cuentas bancarias y desgloses de llamadas telefónicas, la posibilidad de usar el dinero y bienes incautados a Las Maras, de forma directa para fortalecer el combate a estas, y las deportaciones y peticiones de extradiciones.

Creando alternativas de Intervención está el proyecto “Nueva Esperanza” en Panamá cuyo objetivo no es desmantelar la banda o combatirla, sino transformarla, utilizando su organización en un proceso de cuatro fases y trasformarla en una organización productiva.

Esta estrategia tiene un alto sentido humano y reconoce las necesidades sustanciales de los integrantes de las bandas. La esperanza está en transformar una banda delictiva en una fundación lícita productiva, mediante el respeto, introduciendo actividades culturales, sociales, de salud, jurídicas y apoyo espiritual y posteriormente con la participación y decisión de los integrantes determinar el fin del grupo. Interesante y alentador proyecto para valorarlo y recomendarlo. La compleja problemática amerita un diagnóstico regional para establecer las medidas locales y trasnacionales.
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* Legisladora mexicana

06/LS/LR

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