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Bessie Coleman

Por Erika Cervantes

La lucha de las mujeres al reconocimiento y derecho de ejercer una profesión continúa. Las llamadas profesiones tradicionales encasillan a las mujeres a nivel mundial a las llamadas “labores propias de su sexo”; sin embargo, éstas han ganado su derecho a ejercer la profesión que desean. Este es el caso de Bessie Coleman, la primera mujer afroamericana que obtuvo una licencia para pilotear un avión.

Bessie Coleman nace en Atlanta, Georgia, en el año de 1892, hija de una familia lynchings desplazada de Sudáfrica.

La pobreza que sufría la familia no fue obstáculo para que Bessie aprendiera a leer. Su madre la impulsó a estudiar con los libros de la biblioteca pública cercana. Esperaba que de tanto verlos Bessie lograra hacerlo, y ello fomentó el deseo de saber de Bessie y a los seis años caminaba seis kilómetros para asistir a una escuela para gente de color en donde muchas veces faltaba el papel y los lápices para escribir.

Los reportes sobre el avance de las tropas durante la Segunda Guerra Mundial y las noticias sobre los aviones incitan a Bessie Coleman el deseo de pilotear un avión.

Y es ahí que se enfrenta a dos grandes limitantes: la primera es ser afroamericana, en una sociedad donde se les restringía la entrada a los sitios públicos, subirse al trasporte público y aun ir a la escuela. La segunda el ser mujer.

Esto no frena el deseo de Bessie de volar y emprende la búsqueda de una escuela donde la enseñen a pilotear un avión. Cuando contaba con 27 años, sin embargo, su sueño no pudo ser en los Estados Unidos. Su amigo Roberto S. Abbott, fundador y redactor de El Defensor Semanal, de Chicago, le recomienda que vaya a Europa, donde tienen una visión más liberal sobre las mujeres.

Es así que Bessie Coleman aprende francés en una escuela de Berlitz en Chicago, retira los ahorros que había acumulado de su trabajo como manicurista y encargada de una sala del cine, y con la ayuda financiera adicional de Abbott y de otro empresario afroamericano, viaja de Nueva York a París el 20 noviembre de 1920.

Coleman aprende a volar en siete meses. Es la única estudiante afroamericana en su clase, y le enseñan en un biplano 27-pies, que era un equipo que fallaba con frecuencia, a veces en el aire.

Durante su entrenamiento, Coleman atestigua la muerte de un estudiante en un desplome del avión, que ella describe como “choque terrible” a sus nervios. Pero el accidente no la disuade.

En junio de 1921, la Fédération Aéronautique Internationale le concede la licencia de piloto internacional a Bessie Coleman, convirtiéndose en la primera piloto afromericana de la historia.

De regreso a los Estados Unidos, Bessie decide que nunca más las mujer afroamericana tendrían que viajar a Europa a estudiar para ser piloto, porque crearía una escuela en donde ella misma les enseñaría a hacerlo. Es entonces que recorre el país dando conferencias y exhibiciones para reunir el capital para la escuela.

El color de su piel, que fue una desventaja para realizar sus sueños, se vuelve su mejor aliada al ser la novedad del momento; en la publicidad sería conocida como “La valiente Bessie”.

En Texas, donde se le había negado la entrada a los lugares públicos, Bessie daría su primera batalla por la reivindicación del derecho de sus hermanas/os afroamericanos a ingresar a una sala donde daría una conferencia: se negó a iniciar hasta que dejaran a las personas no blancas a entrar. A los empresarios del lugar no les quedó más que permitir el libre acceso a todas y todos.

El 30 de abril de 1926, Bessie sufre un accidente en Florida que le cuesta la vida al no estar sujeta al asiento de su avión y no tener paracaídas. Cayó de una altura de 5 mil pies durante una exhibición. Pero su sueño de la escuela para personas afroamericanas de aviación se concreta al crearse la primera escuela de pilotos de color, que capacita al escuadrón 99 de pilotos afroamericanos que participa en la Segunda Guerra Mundial. Y nos hereda su tenacidad para alcanzar sus metas en un mundo donde las mujeres deben conformarse, y el respeto a la diversidad racial y cultural.

2005/EC/GM

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