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Brecha salarial de género reduce PIB en 14 por ciento: ONU

Por Anaiz Zamora Márquez

América Latina (AL) y el Caribe es la región que a nivel mundial registró un mayor aumento de participación femenina en la fuerza laboral, pasando del 40 al 54 por ciento en 20 años, pero la brecha salarial de género persiste, la mayoría de los empleos son informales, las mujeres tienen menos acceso a la protección social, y aún se enfrentan a grandes obstáculos para acceder a servicios sociales.
 
ONU-Mujeres presentó hoy su informe “El progreso de las mujeres en el mundo 2015-2016. Transformar las economías para realizar los derechos”, que dibuja la realidad de las mujeres en AL (y el resto del mundo) al poner de relieve cómo las economías han fallado en garantizarles su empoderamiento y el pleno ejercicio de sus Derechos Humanos (DH).

Luiza Carvalho, directora regional de ONU-Mujeres para las Américas y el Caribe, dijo –en rueda de prensa– que las políticas económicas de la región no han permitido que las mujeres accedan al igual que los varones a recursos productivos, como el empleo de calidad, crédito, tecnología, la propiedad, protección social y servicios de cuidado.

Recordó que el pleno acceso a recursos productivos es la base para  eliminar los estereotipos sobre los que las personas pueden y deben hacer, y garantizar que las mujeres puedan trabajar y vivir sin sufrir violencia, pero en contraste, sólo la mitad de ellas forma parte de la fuerza laboral, en comparación con tres cuartas partes de los hombres globalmente.

Si bien en AL y el Caribe –entre todas las regiones a nivel global– el mercado de trabajo experimentó el mayor aumento de participación de mujeres, pasando de 40 a 54 por ciento entre 1990 y 2013, tal proporción aún está lejos de la participación de los hombres, con 80 por ciento.

La brecha de género persiste en las remuneraciones; para AL la brecha es de 19 por ciento, comparada con 24 por ciento a nivel mundial.
 
En la región, el trabajo informal “es todavía la norma”, apuntó  Carvalho al informar que el 59 por ciento de los empleos que tienen las mujeres son informales. Dentro de éstos, el trabajo doméstico remunerado representa el 17 por ciento del empleo femenino.
 
Para la representante regional de ONU-Mujeres es prioridad que las naciones reconozcan el aporte y valor que tiene el trabajo del hogar y de cuidado dentro de la economía, ya que actualmente las latinoamericanas y caribeñas dedican entre el doble o hasta cinco veces más tiempo que los hombres al trabajo no remunerado, “lo que limita sus oportunidades educativas, laborales y les deja menos tiempo para el descanso, el ocio o la participación política”.  
 
Agregó que los países han hecho algunos progresos en el cumplimiento de las normas de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) sobre las 14 semanas de licencia de maternidad remunerada, por lo que ocho de los 32 países (el 23 por ciento) ofrece ese mínimo recomendado.
 
En todo el mundo, el 36 por ciento de las trabajadoras del hogar no están cubiertas por la legislación de protección en maternidad; a nivel regional apenas nueve países han ratificado el Convenio 189 de la OIT, que brinda derechos a quienes realizan este trabajo.  
 
“Las mujeres son especialmente vulnerables a la inseguridad económica y la dependencia financiera”, ya que en toda la región las mujeres tienen menos probabilidad que los hombres de acceder a ingresos propios.
 
En 2013, el 13 por ciento de los varones no tenía ingresos propios en comparación con el 29 por ciento de las mujeres que no los tenía.
 
Con respecto a la seguridad social, el informe destaca que en muchos países las mujeres tienen pocas posibilidades de acceder a una pensión, en algunos apenas el 39.7 por ciento de las adultas mayores goza de este recurso.
 
A lo que se suma que las mujeres siguen enfrentándose a grandes obstáculos para acceder a los servicios sociales. El gasto público promedio en salud fue de 3.9 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB), en comparación con el 6.5 por ciento a nivel mundial.
 
ONU-Mujeres enfatiza que “las brechas de género en la participación de las mujeres en la fuerza laboral se asocian con tasas de crecimiento más bajas. En la región las brechas de género en el mercado laboral reducen el PIB per cápita en un 14 por ciento”.
 
Al sostener que el trabajo de cuidar a las personas es esencial para reproducir la fuerza laboral y genera un valor económico real, la instancia de Naciones Unidas propone 10 recomendaciones clave que aseguren a las mujeres su empoderamiento y el ejercicio de sus derechos.
 
Entre ellas: crear más y mejores empleos para las mujeres; reducir la segregación ocupacional y las brechas salariales de género; fortalecer la seguridad de sus ingresos a lo largo de todo su ciclo vital; reconocer, reducir y redistribuir el trabajo doméstico; invertir en servicios sociales con perspectiva de género; maximizar los recursos destinados a la igualdad sustantiva; crear un entorno mundial favorable para los derechos femeninos; utilizar las normas de DH para diseñar las políticas, y evaluar los avances.
 
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