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Burlar el alcoholímetro

Por Lydia Cacho

Miles han intentado burlar el alcoholímetro. Se ha probado cocaína, masticar pastillas de mentol, beber agua, usar enjuague bucal, tomar aceite de olivo antes de beber y nada funciona; el aparato detecta alcohol sin lugar a dudas.

La ley define el aliento alcohólico como “condición física y mental que se presenta en una persona cuando por la ingesta de alcohol etílico su organismo contiene menos de 0.80 gramos de alcohol por litro de sangre o su equivalente en algún otro sistema de medición”. Más de 0.80 se considera estado de ebriedad.

En México los conductores ebrios causan 24 muertes al año y 50 por ciento de los accidentes de tránsito podrían evitarse. 750 mil personas son hospitalizadas, 40 mil quedan discapacitadas con un costo de 126 mil millones de pesos al año. El 93 por ciento de los ebrios detenidos son hombres y el 50 por ciento de los conductores asignados beben un trago.

El alcohol es absorbido por el sistema digestivo y va directamente al sistema nervioso. La segunda copa desorganiza al sistema nervioso, induce a un estado de euforia y sobre valoración de las capacidades.

La tercera disminuye los reflejos (una persona que ha bebido 4 copas de alcohol tarda dos veces más en reaccionar a un elemento sorpresivo en la calle: un perro, auto o una persona).

Cinco copas reducen la visión periférica y provocan desenfoque visual total. Bajo ese influjo hay una gran descoordinación entre órganos sensoriales y motrices. La apreciación de distancias y velocidades queda falseada hasta un 50 por ciento.

Mientras más se bebe, más falso sentido de control. Hay quien con una copa se embriaga y quien necesita seis.

Cuando comenzó la implementación del alcoholímetro en el Distrito Federal y en Monterrey, se argumentó que estos arrestos violan los artículos 11, 14, 16, 19 y 20 de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, y es cierto.

Se violan las formalidades esenciales del procedimiento, ya que no se debe dictar orden de arresto sin antes agotar en forma gradual las medidas de apremio que son: 1. El apercibimiento; 2. La multa; 3. La suspensión, y 4. El arresto hasta por 36 horas.

Por lo tanto privar la libertad por aliento alcohólico es anticonstitucional.

Por ello las autoridades de Nuevo León implementaron un programa más parecido al norteamericano, donde la policía detiene a la persona que conduce, y si marca 0.08 mililitros de alcohol en la sangre (promedio 3 o 4 copas) se le multa, y su auto es llevado a resguardo.

Las multas son muy severas (hasta 33 mil 500 pesos más el corralón) y a la tercera incidencia se pierde la licencia. En el Distrito Federal, Cancún y Mérida, las autoridades se resisten a admitir la ilegalidad del arresto y privan de su libertad a toda persona que conduzca con 0.4 mililitros, eso equivale, según el neurólogo Armando Castro a 1.5 o 2 cervezas; olvídese del tequila.

El amparo sirve para sacarte del centro de detención, pero cuando vence deberás volver a pagar las 36 o 48 horas completas de privación de la libertad. Aunque para entonces estés perfectamente sobrio.

Un amparo bajo arresto cuesta mil 500 pesos, pero los “coyotes” cobran el triple. En Mérida son salas alfombradas con aire acondicionado y baños limpios, en DF son celdas semi-limpias con comedor.

En Cancún, a locales y turistas que hayan tomado tan solo una cerveza les dan 36 horas en celdas deplorables. El argumento es más moral que legal: “si te encierro por una cerveza no tomarás ni una más”. Lo cuál resulta falso, la gente sigue bebiendo y buscando vías para evitar los alcoholímetros.

En Seguridad Pública del Distrito Federal y Cancún niegan que el arresto sea violatorio de Derecho y argumentan el párrafo 11 del artículo16 de la Constitución, que antepone el interés social por encima del interés individual.

En Barcelona, Brasil, Argentina y todo Estados Unidos la sanción a ebrios al volante son multas. El arresto sólo se da en situaciones extremas, distinguen entre aliento alcohólico y estado de ebriedad.

Lo cierto es que los países que llevan más tiempo con programas de alcoholímetro han descubierto que a la gente le duele más pagar multas muy elevadas y pérdida de licencia, que le priven de su libertad durante un día.

En Francia le dieron al clavo: los conductores deben llevar su propio alcoholímetro y aplicárselo, si dan positivo, manejan y son detenidos en un retén carretero; la multa asciende a 2 mil euros (32 mil 580 pesos mexicanos).

Pero además serán sancionados con la instalación de un alcoholímetro asociado al motor de arranque; sobrepasar la tasa de alcohol en sangre impedirá que el coche pueda arrancar. Y usted ¿bebe y conduce?

@lydiacachosi

*Plan b es una columna publicada lunes y jueves en CIMAC, El Universal y varios diarios de México. Su nombre se inspira en la creencia de que siempre hay otra manera de ver las cosas y otros temas que muy probablemente el discurso tradicional, o el Plan A, no cubrirá.

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