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Carmen Aristegui y periodismo crítico

Por Rosalinda Hernández Alarcón*

El despido arbitrario de la periodista Carmen Aristegui merece una reflexión, ya que no sólo se trata de la rescisión de un contrato laboral, sino del manejo doloso de una supuesta violación a un código de ética.

Al acusarla de tal falacia, la empresa radiodifusora MVS lo que hace es sancionar el tipo de periodismo que ella representa, en tal sentido es una afrenta contra la libertad de expresión.

Al solidarizarme con mi colega y paisana, quiero resaltar que ella forma parte de esas mujeres y hombres periodistas que entienden la profesión como un espacio importante para respaldar la acción ciudadana.

Un periodismo que no teme a hacer preguntas contribuye a difundir respuestas variadas y por tanto satisface múltiples interrogantes del público receptor de medios, en especial de aquellas personas que requieren información verdadera como insumo para ejercer su capacidad de análisis y de crítica.

Este tipo de periodismo de Carmen Aristegui además representa un respaldo para las y los ciudadanos interesados en abrir espacios en sociedades donde los grupos poderosos imponen democracias limitadas.

Estas élites de poder cuentan con variados aliados, entre ellos, los medios de comunicación que aceptan censuras para desdibujar realidades, difunden informaciones manipuladas e imponen investiduras a ciertos personajes para evitar que éstos sean cuestionados.

Esto es muy importante de resaltar porque quienes se oponen a la apertura de espacios democráticos califican de “buen periodismo” o “periodismo positivo”, aquél que evita la polémica, recurre a la mentira, calla voces disidentes, adormece conciencias o aborda temas desde ópticas simplistas.

Colegas, lectores y escuchas de Carmen Aristegui saben perfectamente que ella no violó ningún código de ética, como sí lo hizo quien la despidió de su programa radial matutino. Está de moda que líderes de opinión tengan la desfachatez de defender valores que ellos mismos violan.

Piensen sólo en Mubarak, quien decía defender el honor y la unidad de su pueblo, o en políticos de otros países que pregonan tener como guía la ética y son corruptos.

Mi apoyo a Carmen lleva implícita mi solidaridad a otras dos colegas, quienes están siendo objeto de un juicio en Honduras como mecanismo para silenciarlas; asimismo, conlleva mi defensa al periodismo crítico, no neutral en tanto tiene un compromiso social, tan necesario para profundizar espacios de consulta y opinión.

* Periodista mexicana radicada en Guatemala, editorialista, integrante de la organización La Cuerda, cofundadora de la Red Centroamericana de Periodistas

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