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Ciudadanas se yerguen como nuevas defensoras de DH

Por Anayeli García Martínez
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Ante la impunidad que prevalece en México, las mujeres víctimas de violación que exigen justicia, las madres que salen a las calles en busca de sus desaparecidos o que reclaman castigo para los asesinos de sus hijas, son la actual generación de defensoras de Derechos Humanos (DH).
 
Desde hace seis años –dice Agnieszka Raczynska, secretaria ejecutiva de la Red Nacional Todos los Derechos para Todas y Todos (Red TDTT)– hay un surgimiento de personas que a través de su resistencia, su lucha y gracias a la incidencia con autoridades se han convertido en las nuevas defensores humanitarias.
 
En entrevista, Raczynska habla de la reciente publicación de “Acompañando la esperanza: 20 experiencias en defensa y promoción de los Derechos Humanos”, un libro que da cuenta del trabajo que realizan las y los activistas, y las dificultades que enfrentan ante la violencia en México.
 
Este libro, que surge como parte de la campaña “Defendamos la esperanza”, cuenta la historia de víctimas de violencia que a lo largo de años de búsqueda de justicia se han convertido en la nueva generación de defensores, que ya no sólo pugnan por demandas personales sino que ahora pelean por causas más globales.
 
El libro que se presentará este 25 de abril en la Casa de Francia, expone Raczynska, muestra que las organizaciones civiles hacen un trabajo importante de acompañar a las víctimas, y que la presencia de las y los activistas alimenta la esperanza de toda una sociedad y hace que las víctimas no desistan de sus casos.
 
“En todos estos casos donde la búsqueda de justicia es tan larga, donde a veces son años de estar tocando puertas, lo que permanece entre víctimas y defensores es justo la esperanza. La esperanza de  encontrar justicia, de encontrar a sus familiares desaparecidos, de recuperar sus tierras, de retornar a sus lugares de origen”, abunda.
 
AUTOORGANIZACIÓN
 
Esta idea de reducir la impunidad y los abusos de los agentes del Estado ha derivado en el surgimiento de defensoras y defensores comunitarios, de mujeres activistas y de redes de agrupaciones civiles.
 
“Ellas, las víctimas, van haciendo incidencia con las autoridades, se vuelven más visibles dentro de su comunidad y a lo mejor nunca pensaron entrar en este tipo de temas o adquirir conocimientos sobre Derechos Humanos, pero la misma situación las va obligando”, explica la activista.
 
Por ejemplo, en el libro se cuenta la historia de Irinea Buendía, una mujer que se ha convertido en experta investigadora en casos de feminicidio en el Estado de México, luego de que su hija fue asesinada por su esposo en junio de 2010, un policía judicial que hizo parecer el asesinato como un suicidio.
 
“Las compañeras nos decían que ella sabe más de los expedientes, ella ya tiene un conocimiento del sistema de justicia como cualquier otro abogado o abogada. La misma circunstancia la obligó a conocer, a descubrir todo este mundo que antes  no conocía”, destaca Raczynska.
 
En el libro también se relata la historia de las 11 mujeres sobrevivientes de tortura sexual durante los operativos policiacos del 3 y 4 de mayo de 2006, en San Salvador Atenco, Edomex, y quienes siguen luchando por justicia, además de que su caso ya es un referente para las mujeres que sufren agresiones sexuales.
 
O bien, la lucha de las trabajadoras de la maquila que buscan mejores salarios y condiciones laborales, y que son acompañadas por la Comisión de Derechos Humanos y Laborales del Valle de Tehuacán, en Puebla, y que se dedica a la defensa y promoción de los derechos de las y los trabajadores.
 
Otro caso más es el de las madres con hijos desaparecidos durante el sexenio calderonista en Coahuila. Estas mujeres crearon una organización para buscar a sus desaparecidos, y ahora aglomeran casos de todo el país, pero además tienen la capacidad de dialogar con la Secretaría de Gobernación o la Procuraduría General de la República.
 
REACCIÓN ANTE LA IMPUNIDAD
 
“Muchas veces estas personas no se reconocen como defensores de Derechos Humanos, pero están ahí, en una lucha de promoción, de difusión de sus casos, de sus problemáticas, aprendiendo en el camino cosas que no sabían ni se imaginaban que tendrían que saber”, recalca Raczynska.
 
Son personas que al descubrir que el sistema de justicia en México es totalmente incapaz de darles respuesta, se ven en la necesidad de aprender, de organizarse, de ahí que este libro lleve impregnado un mensaje para la sociedad civil y para el Estado sobre la importancia de la labor de las y los defensores de DH.
 
“Se habla de 20 casos pero hay muchos más. En México hay un nivel de impunidad, de debilidad institucional, se habla de una falta de fortalecimiento de las instituciones, de procuración de justicia, de instituciones que tienen que ver con políticas sociales, de falta de espacios de diálogo, eso es algo importante a destacar”, añade la activista.
 
Al final, explica la coordinadora de la publicación, lo que dice esta recopilación de historias, que termina siendo una radiografía de la violencia en México, es que en el lugar más recóndito hay personas defensoras que están dispuestas a ayudar, a apoyar y que están caminando a lado de las personas más vulneradas o más desfavorecidas.
 
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