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Como “pago”, les enseñan español a indígenas migrantes

Por Patricia Chandomí, corresponsal

A diario cientos de niñas y jóvenes indígenas de zonas rurales y marginadas del estado de Chiapas son obligadas a migrar a las ciudades de su propio estado o a otros lugares del norte del país, pues es la única manera de sobrevivir para ellas y sus familias, sostuvo el investigador Daniel Villafuerte Solís.
 
La principal ocupación para la mayoría de las niñas, adolescentes y jóvenes de las zonas indígenas de Chiapas y que llegan a las zonas urbanas es la de empleadas del hogar y el comercio, de acuerdo con datos del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi).
 
Los salarios que ganan las mujeres indígenas que migran desde sus comunidades para trabajar como empleadas del hogar en las zonas urbanas del estado van de 500 a mil pesos al mes, sin tener en cuenta que las llamadas trabajadoras de planta carecen de pago de horas extras y descansos, reportó la experta Norma Iris Cacho Niño, del Centro de Investigaciones Económicas y Políticas de Acción Comunitaria de Chiapas.
 
La abogada feminista Martha Figueroa detalló que los salarios de estas mujeres son muy bajos, ya que a veces no ganan ni 50 pesos diarios; también en ocasiones el racismo y desprecio de parte de los empleadores y la subordinación y extrema pobreza derivan en situaciones en las que el pago para la trabajadora migrante indígena sea “enseñarle a hablar español”.
 
El estudio “La situación de las empleadas domésticas en Chiapas: explotación laboral y discriminación”, de Cacho Niño, contiene el siguiente testimonio:
 
“Fui maltratada porque tenía 11 años y es muy diferente lo que se vive en la comunidad… no sabía cocinar, por eso me maltrataban; un día me dijeron que hiciera unos huevos estrellados, como no me salieron me iban a quemar la mano en el sartén.
 
“Me jalaban el cabello, me metieron dos cachetadas. Me acuerdo una vez cuando ponía la mesa que me dijeron que los tenedores no van a la derecha, sino a la izquierda. Para que aprendiera me enterró en la mano el tenedor, me asusté cuando vi que el tenedor quedó enterrado en mi mano”.
 
MIGRAR PAR SOBREVIVIR
 
La migración rural a zonas urbanas es una estrategia de supervivencia de las familias indígenas en Chiapas, y recurren a ella cuando crece el número de dependientes y no hay para comer, remarcó Villafuerte Solís.
 
María Teresa Jaber Pancardo, integrante del Consejo de Organismos No Gubernamentales, explicó que en 2011 fueron llevadas a Villahermosa, Tabasco, para trabajar como empleadas del hogar más de mil niñas adolescentes de entre 13 y 17 años, provenientes de los municipios chiapanecos de Palenque, San Cristóbal de las Casas, Salto de Agua, Tila y Chenalhó.
 
De acuerdo con el Censo de Población y Vivienda 2010, en Chiapas la población económicamente activa es de 1 millón 759 mil 39 personas, de las que 512 mil 809 son mujeres. Más de 12 por ciento de ellas se dedica a las labores domésticas.
 
Chiapas ocupa el primer lugar con mayor población rural (51 por ciento), 29 por ciento de ese total es indígena, según el Inegi.
 
“El racismo, la discriminación y la explotación han sido las características de las relaciones laborales establecidas con sus empleadores. En muchos casos a las mujeres ni siquiera se les reconoce como trabajadoras, sino como prestadoras de una ayuda en  casa ajena. Se les ofrece techo y comida como pago a su trabajo.
 
“El manejo deficiente del español y la poca o nula educación básica favorecen aún más la explotación y las mantiene aisladas en un contexto desfavorable, que no les reconoce los mínimos Derechos Humanos y laborales”, sostuvo Cacho Niño.
 
Numerosas mujeres jóvenes migrantes campesinas e indígenas encuentran en el empleo doméstico una de sus primeras opciones para subsistir en las ciudades.
 
Las mujeres que migran del ámbito rural al urbano, en su mayoría, tienen poca o nula escolaridad, son monolingües y carecen de redes de apoyo y solidaridad en la ciudad, la mayoría son contratadas por tiempo indefinido y de manera verbal, indicó la abogada Martha Figueroa.
 
La zona de Los Altos es una de las regiones más marginadas de Chiapas y del país, también es de las regiones con más flujos migratorios internos de lo rural hacia lo urbano. A diario llegan jóvenes y niñas indígenas en busca de trabajo principalmente a San Cristóbal de las Casas, señaló Daniel Villafuerte.
 
De acuerdo con Carolina Rivera Farfán, investigadora del Centro de Investigaciones y Estudios Superiores en Antropología Social (CIESAS), las niñas y adolescentes suelen emplearse en el hogar, haciendo la limpieza o cuidando a otros niños y niñas, así como a personas mayores.
 
La Cuenta Satélite sobre el Trabajo No Remunerado en los Hogares e Inegi reportan que el 90 por ciento de la población que se dedica al trabajo doméstico está integrada por mujeres, las cuales son migrantes de los estados de Chiapas, Guerrero, Oaxaca y Puebla.
 
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