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“Común” para las jóvenes cubanas sufrir violencia de sus parejas

Por Sara Más
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La violencia que reciben las mujeres de sus parejas se suele confundir muchas veces con celos, pasión desbordada y amor posesivo, debido a falsas ideas y patrones culturales que subliman el amor romántico y la dependencia al interior de esa unión, alertan especialistas.
 
Exploraciones aisladas en parejas jóvenes dan cuenta de que los estereotipos de género pesan mucho a la hora de definir conductas violentas durante el noviazgo, muchas veces en el inicio de relaciones amorosas y sexuales que se extienden en el tiempo, pero también en un corto periodo de tiempo en los vínculos a esas edades.
 
Tal fue el caso de Milena García, una joven de 17 años residente en la capital cubana. “Yo tenía tremenda ilusión cuando conocí a Pedro Juan, mi primer novio. Él es un año mayor que yo solamente, pero muy serio, formal, agradable y educado. Nos hicimos novios muy rápido, pero nos peleamos a los dos meses”, cuenta García a SEMlac.
 
Aquel noviazgo, que de un día para otro le había cambiado la vida y la tenía “flotando por el aire”, a decir de la joven, comenzó a enturbiarse muy pronto.
 
“Me llamaba cada cinco minutos para saber qué estaba haciendo, le disgustaba que yo visitara a mis amistades del barrio y la escuela; no quería que saliera con nadie, sólo con él”, relata.
 
Al principio, a García le agradó que su novio estuviera pendiente de ella, que tuviera deseos de verla y hablarle a cada rato, sentía que la necesitaba y la tenía muy presente.
 
“Pero luego se convirtió en una pesadilla porque prácticamente no podía dar un paso si no se lo contaba o tenía su aprobación. Se ponía bravo, además, si me llamaba y yo estaba en casa de algún amigo”, precisa a SEMlac.
 
La ruptura de la joven pareja sobrevino cuando, un domingo, García invitó a su novio a salir con un grupo de amigos, a un concierto. Él se negó alegando que no le gustaba particularmente el artista que se presentaba en el evento.
 
García sí fue y, al día siguiente, él casi no quería verla ni hablarle. La trató con desprecio, primero, y luego le reprochó que fuera a divertirse sin él.
 
“Yo traté de arreglar las cosas, de hacer que entendiera, pero en el fondo me puse muy triste. Yo no había hecho nada malo; me hubiera gustado ir con él, pero lo invité y no le interesó. ¿Tenía entonces que quedarme en casa porque él quería? ¿Por qué no iba a salir con mis amistades? No le había ocultado nada ni hice nada reprochable”, comenta la joven a SEMlac. “Por eso decidí romper con él: era mejor terminar antes de que dejara de ser algo bonito”.
 
Especialistas advierten que hay gran incidencia de los estereotipos de género en éstas y otras prácticas en las relaciones de pareja.
 
“Muchas veces se sustentan en los patrones que, desde una concepción patriarcal, promueven el ‘deber ser de mujeres y hombres’ en términos que generalmente implican una posición de desventaja social para ellas”, sostiene la socióloga Magela Almodóvar.
 
Ella investigó las percepciones y vivencias respecto a la violencia en el noviazgo de 32 jóvenes cubanas entre 18 y 22 años de edad, todas estudiantes universitarias residentes en la capital cubana.
 
Entre otras evidencias, la profesora de la Universidad de La Habana constató que en estas relaciones acontecen con frecuencia diversas formas de maltrato que a veces pasan inadvertidas para quienes las viven.
 
El hostigamiento mediante caricias no deseadas y la exigencia de ciertas prácticas sexuales (sexo oral, anal, entre otras) aparecen como las manifestaciones de violencia más frecuentes hacia el grupo de jóvenes entrevistadas, concluye el estudio. Más del 75 por ciento de ellas manifestó haber vivido este tipo de experiencia con sus relaciones pasadas o presentes.
 
Ellas contaron historias muy parecidas a las de Yumey (estudiante universitaria de 18 años), refiere Almodóvar. Para esa joven el principal problema es que “en nombre del amor se nos presiona para que tengamos nuestras primeras experiencias sexuales”.
 
“El caso de Yumey puede decirse que es muy típico en nuestro contexto, en el que ser hombre es mucho más que haber nacido con el sexo de varón”, asegura la investigadora en su artículo “Sueños semejantes, realidades diferentes. Jóvenes cubanas ante la violencia de género en sus relaciones de pareja”, escrito especialmente para el servicio informativo “No a la violencia”, de SEMlac.
 
“Los muchachos se someten más tempranamente que ellas a las presiones de sus iguales para que prueben su masculinidad y eso significa, generalmente, contar con al menos una experiencia sexual conocida o imaginada por el grupo de iguales”, explica Almodóvar.
 
Como resultado, no pocas veces tienen sus primeras experiencias sexuales “sin estar muy seguros de quererlas o creer que lo hacen con la persona indicada”, agrega la experta.
 
Cometen, para ello, “actos de violencia psicosexual sobre las muchachas más jóvenes”, quienes suelen estar en desventaja por las relaciones de poder que se establecen a esa edad.
 
Pero no en todos los casos las manifestaciones violentas hacia estas jóvenes se quedan en prohibiciones, palabras o gestos, alerta la socióloga. Su estudio reflejó también la presencia de violencia física o la amenaza de ella en cinco de los noviazgos investigados.
 
Jalar por la ropa, el pelo o las orejas estuvo entre los actos más frecuentes, aunque también aparecieron pellizcos y bofetadas ante determinados episodios.
 
Sin embargo, lo más alarmante, según Almodóvar, es que algunas consideran que tales incidentes han sido provocados por ellas mismas “a partir del incumplimiento de algunas de sus responsabilidades como mujeres”.
 
A juicio de la periodista Aloyma Ravelo, especializada en temas de sexualidad, “mientras las grandes verdades sobre qué es la violencia contra las mujeres, la enorme injusticia que significa y todo lo demás que sabemos quienes trabajamos estos temas no se abran paso entre la gente común y no haya una verdadera cultura de la no agresión, se seguirá considerando incluso un ‘simple y trivial’ asunto doméstico o de pareja”.
 
“Existe en el imaginario colectivo una tendencia a seguir pensando que cuando una mujer es golpeada, de alguna manera, ella se lo buscó”, asegura a SEMlac la periodista de la revista Mujeres, publicación donde aborda estos temas y mantiene una sección fija de intercambio y correspondencia con lectoras y lectores.
 
Partidaria de que “la violencia progresa, si no se ataca; se multiplica si no se trabaja fuerte desde una educación del buen comportamiento y respeto a los semejantes; crece como la mala hierba”, Ravelo aboga por visualizar el problema en toda su magnitud y variantes.
 
En ello coincide Almodóvar, para quien sigue siendo un reto desmontar “la mística de la masculinidad violenta” e ir pensando nuevos mecanismos que limiten el paso de tantos estereotipos a las nuevas generaciones. Éstas “deben ser educadas bajo paradigmas diferentes, en pos de la equidad de género y de una cultura de paz que paute su actuar en el futuro”, asegura.
 
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