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Con obra de teatro exigen respeto para las migrantes

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Amalia Gabriela Valenzuela tiene 18 años y es una de las actrices que interpreta una obra de teatro sobre la migración junto con estudiantes del Instituto Arvelio Navarrete de Verapaz, en el departamento salvadoreño de San Vicente.
 
El grupo está compuesto por 16 jóvenes (12 mujeres y cuatro varones) y decidieron escribir e interpretar esta obra después de que una profesora les propusiera participar en el certamen “Riesgos de la migración irregular”, organizado por los ministerios salvadoreños de Relaciones Exteriores y Educación.
 
La iniciativa, destinada a sensibilizar a la comunidad educativa, surgió tras el aumento en los flujos migratorios de jóvenes, adolescentes, niñas y niños.
 
Del 31 de mayo al 30 de junio de este año, la Oficina de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos registró que la migración de salvadoreñas y salvadoreños menores de 18 años que viajaban sin acompañantes creció 35.24 por ciento respecto a 2013.
 
Las causas por las que emigran las y los jóvenes difieren, así como los peligros que pueden encontrar en el camino y la realidad que les espera si logran alcanzar territorio estadounidense.
 
Esas diferencias no eran desconocidas para el grupo de teatro de Verapaz: “Al escribir la obra, cuando mencionamos a niñas y mujeres casi siempre se va a la violación, a la trata de personas. Pensamos que es totalmente diferente, que a los hombres los pueden tratar de una manera y a las mujeres de otra”, relató Amalia Valenzuela.
 
Sabían lo que pasaba, según contó la joven estudiante, por tener familiares que han emigrado y por lo que ven en televisión y leen en los diarios.
 
Amalia tiene dos primos que emigraron de manera irregular cuando tenían 25 y 27 años de edad. Hoy ya están allí asentados. La realidad que afrontaría Amalia no es la misma que vivieron sus primos.
 
En el camino, la violencia sexual es un de los riesgos más frecuentes para las mujeres. Según datos del Ministerio de Relaciones Exteriores salvadoreño, es el delito más denunciado por las y los migrantes (39 por ciento de las denuncias), y afecta en un porcentaje muy superior a las mujeres de cualquier edad (a un 25 por ciento frente a un 9 por ciento de los varones).
 
NEGACIÓN DE DERECHOS
 
Rocío de las Heras, directora de la organización civil Soleterre, lamentó que el discurso del gobierno se centre en tratar de persuadir a la población salvadoreña de que no emigre, dejando en un segundo plano que emigrar es un derecho y que a todas las personas migrantes, independientemente de su condición migratoria, han de respetárseles y garantizárseles sus derechos.
 
En otras palabras, que los Derechos Humanos no están condicionados por el estatus migratorio.
 
El gobierno olvida en estos casos que los gestos persuasivos no disipan los motivos para emigrar, que tampoco son los mismos para hombres que para mujeres.
 
Silvia Juárez, de la Organización de Mujeres Salvadoreñas (Ormusa), coincidió que el planteamiento es erróneo: “Lo que pasa es que esta gente no está emigrando, sino huyendo”.
 
En ese sentido, el esfuerzo del gobierno caería en gran medida en saco roto, ya que los peligros que acechan en el camino a la juventud no se distinguen demasiado de los que gran parte de ésta vive en sus comunidades y colonias.
 
Los datos del estudio “Children on the run” (Niñas y niños en la huida), divulgado en mayo pasado por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR), parecen coincidir con la versión de Juárez al revelar que “el miedo” es la razón para emigrar del 66 por ciento de la población menor de edad salvadoreña.
 
En las jóvenes, la violencia social se traduce fundamentalmente en violencia sexual. Según datos de la Procuraduría para la Defensa de los Derechos Humanos, de las 444 violaciones cometidas contra mujeres en el primer trimestre de 2014, el 72 por ciento fueron contra niñas y adolescentes de 10 a 19 años.
 
En el 77.73 por ciento de los casos, el agresor era conocido, amistad o familiar de la víctima. Entonces, muchas jóvenes deciden emigrar huyendo de la violencia sexual que sufren por parte de familiares, amistades o conocidos, pese a que la violencia sexual es también la gran amenaza durante el camino hacia el norte.
 
La cuesta sigue estando más inclinada para las mujeres que logran instalarse en algún país del norte, usualmente EU, México o Canadá.
 
De acuerdo con un estudio del Instituto Internacional de Investigación y Capacitación para la Promoción de la Mujer, “la característica más notable de la migración laboral femenina es que se sustenta en la reproducción y explotación de las desigualdades de género por parte del capitalismo global. La mayoría de migrantes realiza trabajos ‘de mujeres’, que constituyen los nichos laborales menos deseables en cuanto a remuneración, condiciones laborales, protecciones legales y reconocimiento social”.
 
Esa desigualdad que enfrentan las mujeres en el lugar de destino se refleja en que, en 2010, las migrantes salvadoreñas que viven en EU obtuvieron en promedio 5 mil 595 dólares menos (cerca de 75 mil pesos mexicanos) que los hombres, según una investigación del Centro de Estudios Monetarios Latinoamericanos.
 
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