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Contra viento y marea, las Villalobos viven de las flores

Por Sandra De Los Santos*
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La agilidad con la que hace una corona de flores para un cumpleaños es sorprendente.
 
Al tiempo que le va dando forma a la corona con las astromelias, las margaritas y el follaje, suelta uno de los versos más comunes con los que se acostumbran a coronar en la víspera de su cumpleaños a las personas en Tuxtla: “Del cielo cayó un pañuelo bordado de mil colores en cada esquina decía (…) de mis amores”.
 
Guadalupe Torres Villalobos tiene 35 años de edad. A los 15 inició como florista. El oficio le viene de familia. Su abuela, su madre y ahora ella y su hermana son floristas.
 
Las tres mujeres son propietarias y atienden su florería llamada “La Guadalupana”. Está ubicada en uno de los locales comerciales del mercado 20 de Noviembre, mejor conocido como el Mercado de Las Flores, en el centro de esta capital chiapaneca.
 
Guadalupe tiene un carácter alegre. Conversa con facilidad. Le gusta hablar de las flores, a esto se ha dedicado casi toda su vida; con este oficio está sacando adelante a su hijo. Además de hacer los arreglos también cultiva follaje. Le gustaría cultivar flores, pero es difícil en la ciudad.
 
En este mercado, la mayoría de quienes se dedican a hacer arreglos son hombres, aunque Guadalupe dice que son varias mujeres propietarias, pero que muchas dejan sus negocios con los trabajadores para poder dedicarse a otras actividades, sobre todo a su familia.
 
Guadalupe y su familia son de las pocas que atienden la florería ellas mismas y todo el día. El negocio ya no deja lo de antes. Una de las razones es por la remodelación que se hicieron a las calles en esa zona. “Dejaron muy estrechas las calles y ya no hay en dónde estacionarse; muchos clientes ya no vienen”.
 
Las Villalobos son una clara muestra de un negocio familiar que funciona sólo con mujeres. Entre ellas se apoyan, se extienden la mano, se las arreglan para sacar a su familia y el negocio adelante.
 
Un arreglo lo hace con tanta facilidad que pareciera que cualquiera es capaz de igualar su trabajo, pero eso está muy lejos de la realidad.
 
Vivir de este negocio le da orgullo. Le enseñaron a ganar su propio dinero y eso le da tranquilidad. “Cualquier trabajo es difícil, sino nos gusta; pero cuando nos gusta es muy bonito”, dice Guadalupe que se ve tan bien en medio de astromelias, rosas y gerberas.
 
*Texto retomado de la revista Enheduanna.
 
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