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Corredor Guatemala-Chiapas, de los más peligrosos para las migrantes

Por Itandehui Reyes Díaz, enviada
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En el sur de México las políticas migratorias que vigilan cada vez más los pasos fronterizos impactan en la búsqueda de nuevas rutas, por lo que las y los migrantes intentan evitar extorsiones, asaltos y abusos sexuales, o caer en redes de trata de personas, al diversificar su tránsito hacia otros puntos, muchas veces con mayores riesgos.
 
Si bien la Comisión Nacional de Derechos Humanos (CNDH) reconoce en su “Informe Especial sobre Secuestro de Migrantes en México 2011”, que los lugares de tránsito altamente riesgosos son Palenque (Pakal-Ná y Chacamax), Arriaga, Tapachula, Pijijiapan, Salto de Agua, Pichucalco, Estación Juárez y Playas de Catazajá, todos en el estado de Chiapas, según el reciente diagnóstico de la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración sobre el corredor Huehuetenango-La Mesilla-Comitán, localizado entre Guatemala y Chiapas, es en esta ruta donde las mujeres migrantes también han sido extorsionadas, robadas, abusadas sexualmente, desaparecidas o cooptadas por las redes de trata.
 
El estudio presentado en agosto pasado por la organización civil chiapaneca Formación y Capacitación (Foca) calcula cientos de “pasos ciegos” a lo largo de la frontera sur, de los cuales estudió 25 puntos a su vez clasificados en los “microterritorios” Norte, Centro y Sur, donde se presentan diversos grados de peligro para las migrantes.
 
Diana Damián Palencia, directora de Foca, explica: “No podría hablarse de alguna ruta segura para las mujeres, sino de pasos más y menos inseguros”.  
 
Aun cuando mujeres y hombres puede que transiten en las mismas condiciones económicas y de salud, el sexo y la condición de género es determinante para su seguridad durante el recorrido.
 
En el “microterritorio” Sur, que abarca desde la localidad de Tectitlán hasta los municipios chiapanecos de Tonalá y Arriaga, el flujo migratorio ha disminuido probablemente debido a que esta zona ha presentado mayor número de extorsiones por parte de autoridades y el crimen organizado.
 
En cambio, en la ruta Norte, que va del municipio guatemalteco de Santa Cruz Barillas hacia los municipios de Comitán de Domínguez o Palenque, en Chiapas, cuyo paso visible es Gracias a Dios –en esta última entidad–, el flujo migratorio de mujeres ha aumentado por tres factores: la zona geográfica es menos montañosa, el crimen organizado no actúa abiertamente “por así convenir a sus intereses”, y además existe mayor empatía de prestadores de servicios hacia las y los migrantes.
 
Por su parte el “microterritorio” Centro, que recorre desde la ciudad de Jacaltenango, en Guatemala, a los municipios chiapanecos de Venustiano Carranza, Chiapa de Corzo y Tuxtla Gutiérrez, es más inseguro debido a las constantes extorsiones por parte de las diversas corporaciones policiacas, secuestros y asaltos, y por los retenes del Instituto Nacional de Migración (INM).
 
SEGURIDAD Y VULNERACIÓN DE DERECHOS
 
La falta de derecho al trabajo, educación, salud y a vivir una vida libre de violencia, obliga a miles de mujeres centroamericanas a dejar sus lugares de origen e intentar llegar a la frontera con Estados Unidos a través de México, creyendo que las condiciones de vida van a mejorar en nuestro país.
 
Si bien la pobreza es una de las causas más frecuentes de la migración, el desempleo es otra. En toda América Latina debido a las políticas neoliberales que los gobiernos han implantado en la economía, la entrada de los grandes monopolios comerciales y de servicios ha exterminado paulatinamente el mercado interno y los pequeños negocios, según el diagnóstico de la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración.
 
Otro hallazgo de la investigación revela que un buen número de mujeres profesionistas, a quienes su país les ha invertido tiempo y recursos económicos en su formación, deciden emigrar por no contar con oportunidades laborales ni de ingresos.
 
“En zonas fronterizas entre Guatemala y México es común ver a ‘trabajadoras sexuales’ hondureñas y salvadoreñas, las cuales tienen un nivel educativo alto”.
 
Durante el trayecto, las mujeres se enfrentan al acoso sexual por parte de otros migrantes, del “coyote” o “pollero” (traficante de personas), y es probable que si la mujer se somete tenga mejor lugar en el transporte, mejor ración de comida, mejor trato.
 
Por el contrario, “si no accede se le confina al lugar más riesgoso e incómodo, con muy poca ración de comida y en muchos de los casos se le destinarán las sobras de los alimentos, un trato deshumanizado y en muy malas condiciones”, señala el documento.
 
Un testimonio recogido durante la investigación señala que cuando son extorsionadas “a la mujer ya no le piden plata (dinero) sino siempre favores sexuales; es una ventaja y una desventaja, pero siempre se corre el riesgo”.
 
Al ser tan frecuentes e impunes, estas vulnerabilidades se van normalizando. “Las migrantes toman estos riesgos como situaciones comunes del tránsito migratorio, motivo por el cual se llegan a inyectar anticonceptivos antes de emprender el viaje”, según el estudio.
 
DISTINTOS ROLES
 
El protagonismo femenino en el fenómeno migratorio no sólo ha aumentado debido a que el número de mujeres es mayor, sino también porque su participación en los distintos roles del proceso se ha diversificado.
 
Por un lado, en las redes de “polleros” o en la estructuras criminales de secuestro o extorsión, las mujeres han incursionado como cuidadoras, “enganchadoras” o vigilantes.
 
Las cuidadoras tienen la tarea de recibir en sus casas o negocios a grupos de migrantes para alimentarlos. Las “enganchadoras” utilizan la identidad de género y la “empatía disfrazada” para ganarse la confianza: “Son parte de la estructura criminal y desafortunadamente para las migrantes, creen que por ser mujeres serán más compasivas y solidarias”.
 
Por otro lado están las mujeres que pertenecen a las comunidades de los grandes corredores que por tradición o empatía se solidarizan con la “tragedia migrante” de forma personal.
 
“Reciben en sus casas a las y los migrantes para alimentarlos, permitirles pernoctar o bañarse”, así como en redes de apoyo religiosas o civiles para acompañarlos al hospital cercano en caso de enfermedad, accidente o embarazos complicados.
 
INCIDENCIA
 
A pesar del trabajo de organizaciones feministas y de Derechos Humanos (DH) que impulsan el tema de migración y género, la incorporación de este enfoque en los poderes públicos ha sido insuficiente.
 
Muchas de las acciones institucionales a favor de las mujeres no cuestionan “las estructuras sociales que sostienen la división sexual del trabajo basada en el uso ilimitado y subvalorado de la fuerza laboral de las mujeres”.
 
En ese sentido, concluye el diagnóstico, viene la necesidad de que el tema migratorio no se trate desde una perspectiva de seguridad nacional, sino con una visión de seguridad humana en la que el Estado garantice y se responsabilice de la salud física, mental y emocional de las mujeres en el fenómeno migratorio.
 
Finalmente, en este corredor Huehuetenango-Comitán, la Red Mesoamericana Mujer, Salud y Migración promueve la creación de centros de atención y fortalecimiento en derechos de las mujeres en las migraciones, para no sólo brindar ayuda en situación de migrantes víctimas, sino para vigilar el ejercicio de los DH en los pasos fronterizos.
 
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