Inicio Costó la vida a Olympe de Gouges su posición ante el dominio masculino

Costó la vida a Olympe de Gouges su posición ante el dominio masculino

Por la Redacción

La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, aprobada hace 214 años en plena efervescencia revolucionaria en Francia, llevó a la francesa Olympe de Gouges a redactar la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana, al considerar que la primera excluía a las mujeres.

“La mujer nace libre y permanece igual al hombre en derechos”. Este enunciado, que encabeza el texto redactado por de Gouges en 1791, resume en gran medida las nacientes ideas y luchas de las mujeres durante la Revolución de 1789. Es una réplica al primer enunciado de la Carta de 1789, que consagra los principios de igualdad de todos los varones y sus derechos políticos.

Olympe de Gouges nació el siete de mayo de 1748, y al quedar viuda en 1765, se dedicó a la literatura. Fue actriz y dramaturga. Esta apasionada activista que abrazó la causa de la Revolución, y que defendió los derechos de las mujeres, no dudó en hacer públicas sus diferencias con muchos de los actos de los jacobinos en el poder.

Rechazada y calumniada, su osadía de criticar abiertamente la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano, constituyó el primer peldaño a la guillotina en 1793.

LA GUILLOTINA COMO PREMIO

Su muerte fue premonitoria. El artículo X de la Declaración de los Derechos de la Mujer y de la Ciudadana, dice claramente: “la mujer tiene derecho de subir al patíbulo; igualmente debe tener el derecho de subir a la tribuna, siempre cuando sus manifestaciones no disturben el orden público establecido por la ley”.

Sus detractores consideraron que su conducta “descarriada” y sus acciones sediciosas (fue acusada de querer reinstaurar la monarquía), eran suficientes para merecer la guillotina.

En el antiguo régimen, las mujeres estaban excluidas de todos los derechos. El título de “ciudadano” era privativo de los varones de las clases adineradas. Las mujeres, las niñas y niños y los sirvientes, se identificaban por su pertenencia a la familia de un ciudadano.

Con el estallido revolucionario, grandes grupos de mujeres vieron la oportunidad de salir del anonimato. La diversidad de sus expectativas y demandas se expresó de muchas formas y contenidos, aunque no todas tuvieron los mismos planteamientos políticos y existieron muchas diferencias entre ellas.

Sin embargo, la Revolución era la mejor ocasión para iniciar un movimiento reivindicativo, basado en una variedad de motivaciones e intereses que iban desde mejorar sus vidas y las de sus familias, hasta compartir el poder con los revolucionarios por considerarse iguales en derechos y obligaciones.

La Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano fue aprobada el 26 de agosto de 1789. Año decisivo donde se juega la suerte de las mujeres de cuyo protagonismo nadie puede dudar. Ellas han participado activamente en los principales episodios que hicieron posible el derrumbe de la monarquía. Fueron gestoras de las grandes revueltas populares cuando las masas hambrientas reclamaban pan.

1789 es el año de importantes acontecimientos que van a marcar de alguna manera el rumbo de la Revolución. El protagonismo femenino es determinante.

El 5 de octubre, 600 mujeres, la mayoría vendedoras del mercado de Les Halles, se dirigen a Versalles y en el camino instan a los trabajadores a incorporarse. El objetivo: obligar al Rey a volver a París. Al lograrlo contribuyeron a poner el poder político en manos del pueblo.

MUJERES EN LA TOMA DE LA BASTILLA

Las mujeres también estarán en la toma de la Bastilla el 14 de julio, y su presencia es notoria durante el acto del 17 de junio, cuando los diputados del Tercer Estado proclaman la Asamblea General.

Pero instaurado el Terror, su suerte cambiará. La represión llega por igual a todas, señala la escritora española Alicia Puleo. “Todas, burguesas ilustradas y republicanas, como Pauline León y Claire Lacombe, son duramente reprimidas. Ya no se establece distinción entre ellas: todas sin excepción son llamadas a cumplir con los ‘deberes del sexo’”.

Los jacobinos las consideran molestas e impertinentes. El 1 de enero de 1789, grupos organizados de mujeres presentan la Petición de mujeres del Tercer Estado al Rey. Algunas de las demandas incluidas en el documento se refieren al derecho a la instrucción, acceso a todos los oficios, y medidas legales contra la doble moral, entre otras.

Al día siguiente de la aprobación de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, tiene lugar la confirmación de la Ley Sálica, que desde tiempos antiguos, excluía a las mujeres de la sucesión del trono, y que para efectos de ese momento, consagró la prohibición de acceder a la propiedad de tierras. Finalmente, el 22 de diciembre, el nuevo Código Electoral no incluyó el derecho a voto de las mujeres, al margen de su condición o de sus rentas.

La Declaración de 1789 es, entonces, el pórtico para reafirmar la soberanía y el poder masculino, y el desprecio misógino hacia las mujeres, que una vez más quedan invisibles.

Ante este estado de cosas, la voz firme de Olympe de Gouges se alza para defender los derechos de sus congéneres, y lo hace plenamente convencida de que la razón y la justicia están de su parte.

“La libertad y la justicia consisten en devolver todo lo que pertenece al otro; así, el ejercicio de los derechos naturales de la mujer no tiene más límite que la tiranía que el hombre le opone; estos límites deben ser reformados por las leyes de la naturaleza y la razón”.

La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana mantiene intacto el espíritu de su concepción.

2003/MH/MEL

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