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Criminal ir en contra del condón

Por Marta Guerrero González

No promover, alentar o recomendar el uso del condón es un acto de complicidad frente a la pandemia del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida (Sida) porque las personas escépticas en torno al uso del condón, es decir las que no están a favor de usar protección consistente y correcta, no están dejando de tener relaciones sexuales. Es decir el mandato de la Iglesia o la culpa en la comisión de un pecado, no inhibe, en su totalidad, las relaciones sexuales. En cambio estudios realizados en todo el mundo, destacan los de Suiza, nos prueban que la aplicación, en jóvenes y adultos, de un programa de educación sexual sobre condones, no aumentó ni el nivel de su actividad sexual, ni el número de compañeros o compañeras sexuales y, que, además, entre aquellos que eran sexualmente muy activos, el uso del condón se incrementó.

Las primeras vacunas (de la palabra latín vacca—vaca) datan del siglo XI, en China con una monja budista. Pero a lo largo de la historia hay registros en India, Asia, África Europa del Este.

En 1796, el inglés E. Jenner descubre la vacuna contra la viruela y en 1979, la Organización Mundial de la Salud declara erradicada del planeta esa temible y mortífera enfermedad. En 1909, por fin, hay vacuna contra tétanos, difteria y tuberculosis, males que azotaron a la humanidad despiadadamente, y que algunos decían eran obra del demonio y del mal comportamiento de esas personas.

En 1954 Salk, vacuna al mundo contra la poliomielitis. En 1970 llega la vacuna contra la varicela y el meningococo. Ah, pero no toda la gente veía con buenos ojos a los científicos y sus vacunas envenenadas con la “enfermedad”, en Boston la población se dejó invadir por el miedo, los convencionalismos y fanatismos de credos ajenos a la ciencia se manifestó en las calles a todo lo que daban sus pobres inteligencias, pero la Suprema Corte falló a favor del Estado argumentando que aunque el estado no puede aprobar leyes que exijan la vacunación para proteger al individuo, sí puede hacerlo para proteger la salud pública frente a una enfermedad peligrosa.

El Sida es una enfermedad, en muchos casos, por desgracia la mayoría, mortal. Está considerada una epidemia (enfermedad sin control y de graves dimensiones para una población), hasta el día de hoy el único método real y efectivo es el uso correcto y consistente del condón.

En 1940 el sarampión cobró un millón de muertes, hasta que en 1968 la vacuna vino en alivio de la humanidad.

Mientras nuestros científicos mundiales trabajan a marchas forzadas en la búsqueda de vacunas, microbicidas o formas de atacar o debilitar a la enfermedad, prevenirla y encontrar el camino para erradicarla, el uso del condón no puede ser una postura religiosa sino una política de Estado, del Estado Mundial de la Salud.

*Periodista y escritora mexicana

2005/MG/LR

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