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“Crisis de la tortilla”, para importar y producir transgénicos

Por la Redacción

La empresa transnacional Monsanto, productora de maíces transgénicos, empresarios agroalimentarios y autoridades a su servicio, pretenden aprovecharse de la llamada “crisis de la tortilla”, advirtió la organización ambientalista Greenpeace a través de un boletín.

La importación de maíz ha sido presentada por el gobierno mexicano, a través de los medios, como una medida necesaria, inminente, como la única salida ante la desmedida alza del precio de la tortilla, producto que forma parte de la dieta de 97 por ciento de los mexicanos.

Desde hace 8 años existe una moratoria para la siembra del maíz transgénico, pero Greenpeace, así como investigadores y organizaciones campesinas han denunciado la entrada de este tipo de semillas y la contaminación de maíces nativos con los transgénicos en el sureño estado de Oaxaca.

La complicidad de algunos funcionarios, quienes promueven la importación de maíz transgénico como “soluciones”, da posibilidad a que la moratoria se acabe, advirtió la organización ambientalista.

AUTOSUFICIENCIA

México es autosuficiente en la producción de grano blanco, azul y criollo, aptos para su procesamiento, explica María Elena Álvarez-Buylla Roces, investigadora del Instituto de Ecología de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), de acuerdo con un boletín de la institución.

El aumento en el precio de la tortilla, por tanto, no está determinado por la carencia en el suministro de ese maíz, “sino por la utilización de la variedad amarilla como fuente de biocombustible, y por las prácticas monopólicas que persisten en el país, señaló la académica.

“Aquí hay una mentira, acusa Álvarez-Buylla, la disminución del precio de la tortilla no puede depender de importar maíz que no se va a usar para elaborar tortillas, ni de tener más cuando ya existe un excedente del grano blanco”.

“El alza tampoco es resultado del aumento en los costos de producción”, pues el alza no se dio en proporción al aumento del precio de la tortilla.

La producción nacional de maíz blanco es de 22 millones de toneladas al año. Y una sola empresa maneja entre el 70 y 80 por ciento del mercado nacional de harina de maíz, que representa alrededor de 9 mil millones de dólares, explica Gerardo Torres Salcido, del Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades (CEIICH), de la UNAM.

LOS COSTOS DEL TLCAN

Diversas organizaciones de productores afirman que si existiera una voluntad política de apoyo al campo, no habría ninguna necesidad de importar, pero la tendencia de descuido y falta de apoyo a la producción nacional, incrementada a raíz de la firma del Tratado de Libre Comercio, en 1994, es la política que el Estado mexicano decidió.

Entre las organizaciones de campesinos que se han manifestado en ese sentido están la Coordinadora Nacional Plan de Ayala (CNPA), el Consejo Nacional de Organizaciones Campesinas (CONOC) y El Barzón-Alianza Nacional de Organizaciones de productores Agropecuarios y Pesqueros (ANPAP).

En el mismo sentido, Torres Salcido dice que no ha existido una política de protección desde la firma del TLCAN, a la vez que se ha encarecido el alimento para aves, cerdos y el ganado en general, que depende de ese grano. Esto incrementará los precios en el complejo agroindustrial y ganadero, en carne, huevo, leche y prácticamente en todos los básico.

Agregó la investigadora que se deben renegociar las cláusulas del TLCAN y el gobierno mexicano debe impulsar un programa de protección y fomento a la producción del grano blanco, pero también para la diversificación de las fuentes de producción de harina y de tortilla.

En vez de inundar el mercado con maíz de baja calidad, indica Álvarez-Buylla, el gobierno debería apoyar al campo, pues los beneficios sociales y ambientales serían múltiples.

“En México se podría tener maíz de alta calidad, seleccionado durante muchos años para satisfacer las necesidades de diferentes tipos de consumo: tortillas, pozole o tamales; además de incrementar los rendimientos y mejorar las condiciones de crecimiento al resistir plagas, por ejemplo”, explicó Álvarez-Buylla.

Una correcta política agrícola de inversión en el campo permitiría a nuestro país producir hasta 40 millones de toneladas anuales, sin utilizar transgénicos, ni poner en riesgo las variedades locales y garantizando la soberanía alimentaria, considera el doctor Antonio Turrent, del Instituto Nacional de Investigaciones Forestales, Agrícolas y Pecuarias (INIFAP), según declaraciones a Greenpeace.

EL SECRETARIO

A la errónea decisión de incrementar las importaciones de maíz procedentes de Estados Unidos, ahora se suma el hecho de que Alberto Cárdenas, secretario de Agricultura y promotor de transgénicos, ha comenzado a hacer afirmaciones sin sustento científico para impulsar la siembra de los maíces transgénicos en México, acusa la organización ecologista.

Y al lado del funcionario, Monsanto aprovecha la actual crisis en el precio de la tortilla para nuevamente presionar para que se aprueben sus solicitudes para sembrar maíz transgénico en nuestro país, centro de origen y diversidad de dicho grano.

“Los beneficios que promete Monsanto son falsos, los ha venido repitiendo desde hace 20 años para imponer su tecnología patentada en nuestro país. Pero lo más grave es que el secretario Alberto Cárdenas los repita y se comporte como agente de ventas de esa empresa”, opina Areli Carreón, de la campaña de transgénicos de Greenpeace México.

RAZONES DE PESOS

En 2006, México produjo 22 millones de toneladas de maíz blanco, de las que por lo menos 2 millones eran excedentes, afirma Greenpeace, por lo que la actual crisis de los precios es especulativa pues no se debe a falta de producción.

El propio Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA) reconoce que los rendimientos de los transgénicos no son mayores a los de las variedades híbridas convencionales.

En cambio diversos estudios demuestran que los transgénicos presentan rendimientos más bajos que las variedades convencionales de maíz bajo condiciones de sequía, al tiempo que incrementan el uso de agrotóxicos.

La solución para incrementar la producción, concluyen ONG, científicos y productores del grano, es la inversión en la infraestructura de riego, el uso de variedades de maíz adaptadas a las distintas condiciones de suelo y clima y un programa de apoyo técnico y financiero a los productores, el problema no son las semillas.

07/GG

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