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Cuba: cáncer Cérvico-uterino, de cara a la prevención

Por la Redacción

En Cuba cada año más de mil mujeres son afectadas por el cáncer Cérvicouterino, pese a ello la isla ostenta en Latinoamérica la más baja tasa de mortalidad por éste mal, superada en la región sólo por Canadá y Estados Unidos.

En su publicación SEMlac señala que en cuba las estadísticas muestran que mueren por esta causa entre seis y siete cubanas por cada 100 mil, cifra que equivale a 350 ó 450 mujeres por año.

Para la doctora Margarita Solares, especialista en ginecología y obstetricia y vicesecretaria de la sección de patología del tacto genital inferior y Colposcopía de Cuba, “la isla cuenta con un sistema de prevención bien pensado, que no debería tener ninguna falla”.

Ya que cuenta con el Programa Nacional de Diagnóstico precoz de cáncer cérvico-uterino el cual surgió en el país, a inicios de los años setenta.

Como una respuesta ante las altísimas tasas de mortalidad que la isla tenía por esta causa. Las cifras situaban a la mayor de las Antillas a la par de países como Haití y México, señala la especialista.

En Cuba existe un grupo de cuatro profesores responsables del entrenamiento nacional en patología cervical a 156 ginecólogos, en 43 consultas especializadas, precisó Solares a SEMlac, una de las cuatro responsables del adiestramiento.

En 2005 se realizaron en el país casi cuatro millones de citologías, lo que representó más del 101 por ciento de lo previsto. Sin embargo, la cobertura aún alcanza a menos del 70 por ciento de mujeres en edad de riesgo. “En ese 30 por ciento que no se realizó el Papanicolau pueden haber estado las muertes de ese año”, advierte Solares.

La doctora asegura que “al menos 60 por ciento de las muertes por cáncer Cérvicouterino discutidas en el país, en la última década, correspondieron a mujeres que nunca se habían hecho la prueba citológica o no se la habían realizado como establece el programa”.

Su experiencia le indica que “este fenómeno no está asociado a la falta de recursos ni a problemas políticos”. Y fundamenta: “La edad de riesgo coincide con la etapa de plenitud profesional y de reproducción de las mujeres. Ellas pueden estudiar, dirigir, reproducirse, pero no tienen mentalidad de prevención”.

Al mismo tiempo, la doctora insta a que el personal médico sea formado no para curar ni para dar recetas, sino para educar a su población.

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