Inicio Cuba y sus mujeres a medio siglo del inicio de la Revolución

Cuba y sus mujeres a medio siglo del inicio de la Revolución

Por Redaccion

El inicio de la Revolución cubana, ocurrido el primero de enero de 1959, se convirtió en un nuevo camino para las mujeres de ese país, quienes hoy, medio siglo después, consideran que “sí valió la pena”.

Y esa frase sirve también de título para el texto que Nubia Piqueras Grosso escribió en Prensa Latina para el Suplemento especial por el aniversario de la revuelta que dio fin a la dictadura de Fulgencio Batista y cambió el destino de la población femenina de la Isla:

Año 1959. Avenida del Puerto, arteria principal de La Habana de entonces, donde concurría el comercio de todo tipo, incluido el mercado del sexo barato. En otros barrios exclusivos, las elegantes casas de prostitución complacían a “clientes” más exigentes.

Rachel es sólo el nombre de pila de una de las 100 mil mujeres que vendían su cuerpo como única forma de supervivencia en la Cuba pre-revolucionaria; otras 70 mil eran trabajadoras domésticas.

El resto, en su mayoría, dependían económicamente del marido o de la familia.

Mientras, en la organización guerrillera comandada por Fidel Castro, las mujeres tuvieron un papel activo a contra pelo del machismo que había sembrado sus profundas raíces en una sociedad organizada por una oligarquía, que desdeñaba el papel femenino y la relegaba a simple objeto sexual y de belleza.

Ellas pelearon en la Sierra Maestra, como parte de la escolta del Comandante en Jefe. En tres de las seis provincias de aquel entonces, el Movimiento 26 de Julio estuvo coordinado por mujeres. Y como si fuera poco se organizaron en el pelotón “Mariana Grajales”, hecho que cambió el rumbo social de las mujeres.

El nuevo camino

Organizar a las mujeres, alfabetizarlas y eliminar la discriminación, fueron algunas de las misiones encomendadas por Fidel Castro a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), organización que se fundó el 23 de agosto de 1960 y que hoy agrupa a cerca del 90 por ciento de las mujeres mayores de 14 años.

Muy temprano la casa dejó de ser el único santuario de las mujeres. La familia cubana modificó sus costumbres y en los hogares se sintieron los beneficios económicos de un segundo ingreso. Escuelas, fábricas, hospitales y campos agrícolas, fueron invadidos por el llamado “sexo débil”, donde su aporte en el presente aún resulta decisivo.

Pero el camino hubo que limpiarlo de algunos obstáculos. Lo primero fue desmantelar el negocio de la prostitución organizada; después se crearon los círculos infantiles y las escuelas de capacitación para mujeres, donde recibieron clases de corte y costura, se les alfabetizaron y enseñaron normas de salud e higiene.

El cambio fue radical, al punto que por primera vez en Cuba los bancos cedieron el empleo a las mujeres, incluidas las de piel negra.

A esta batalla vencida se sumaron otras como el derecho a la superación educacional y profesional, a una sexualidad responsable, a planificar su reproducción y por ende a una licencia de maternidad, cuya remuneración se extiende de seis meses a un año.

Durante estas cinco décadas de Revolución, las mujeres cubanas se han encargado de demostrar su valía.

Según datos de 2002, ellas representan el 44.7 por ciento de la fuerza laboral del país y el 52 de los colaboradores en el exterior; dos de cada tres técnicos medios o superiores son mujeres, al tiempo que constituyen más del 43 por ciento de los diputados del Parlamento.

Estas cifras sólo son un reflejo de la influencia de las mujeres en la toma de decisiones y en los niveles de dirección. Asimismo ellas representan algo más del 22 por ciento de la fuerza en el sector industrial, donde ponen a prueba su sentido de la responsabilidad y de la eficiencia en el trabajo.

Y qué decir de su resistencia y de su lucha por la vida. Los momentos más duros del Período Especial en la década de los noventa del pasado siglo, mostraron a una mujer cubana capaz de lograr “maravillas” en el hogar, a pesar del colapso que convirtió en tragedia la supervivencia de la familia.

Del más amargo fruto como la toronja emergió el más exquisito plato proteico; de la vieja blusa de la abuela, la más moderna para la jovencita de casa; y de las carencias, la voluntad para encontrar las mejores soluciones. Al mal tiempo, las cubanas le pusieron buena cara.

El rigor de la crisis no implicó el regreso de la mujer a las labores domésticas, sino todo lo contrario: ellas demostraron que siguen siendo las amas del hogar, al tiempo que “se empinaron para convertir en hazaña el esfuerzo cotidiano”, concluye el texto de Prensa Latina, publicado en el Suplemento especial por el aniversario de la Revolución Cubana.

08/NPG/GG

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