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De mujeres, ritos y prácticas religiosas afrocubanas

Por la Redacción

En la casa de Natalia Bolívar se respira “lo cubano” y un ambiente de intensa vida cultural.

Proveniente de una aristocrática familia habanera y descendiente del Libertador Simón Bolívar, ella misma es referencia obligada para entender no pocos temas de la cultura, la historia y la identidad nacionales.

Ahora escribe y pinta en su casa esta mujer de 69 años, delgada, canosa, afable y conversadora, alejada del lenguaje académico.

ENTRE MACHISMO Y TRADICIÓN

“Fue siempre así”, dice Natalia Bolívar cuando se le pregunta sobre la presencia de la mujer en la religión afrocubana, donde le están vedados varios espacios y prácticas por su condición femenina.

“Hay mujeres que son babalawos, pero se les llama de otro modo”, acota su hija Natacha, “como vivimos en una sociedad tan machista, aquí todo ha tenido que acomodarse”, agrega la joven.

Ambas coinciden en que, aún cuando la mujer juega un papel muy importante en todas las religiones de origen africano en Cuba, siempre predomina la jerarquía del hombre.

En Ifá, por ejemplo, los babalawos (máximo sacerdote de la religión Yoruba) son hombres. Eso no impide, sin embargo, que las mujeres tengan un papel y función determinante.

Ellas, por ejemplo, son Apeterbí de Ifá (la madrina, la que sirve, y prepara), de ahí que al nacer un nuevo babalawo, tiene que haber una mujer “que lo levante”, como reza en el lenguaje de creyentes y practicantes.

“Eso significa que la mujer es la dueña del sistema adivinatorio de ese babalawo recién nacido”, aclara Natacha, quien acota que “en la Regla de Ocha, las mujeres también pueden llegar a tener una alta jerarquía, y ser madrinas, con el poder de iniciar a un nuevo cófrade (integrante) dentro de la religión”.

De manera que, en la Regla de Ocha, hombres y mujeres suelen tener el mismo nivel de importancia, no así en la Sociedad Secreta Abakuá o en Ifá.

REGLAS, MITOS Y VERDADES

En dos de los patakíes o historias que forman los oddún o signos del oráculo de Ifá, se recogen referencias explícitas a la menstruación y a los poderes adivinatorios femeninos.

La menstruación es una limitante o impedimento, “pero es algo que dicen todas las religiones”, precisa Natacha. “Ese criterio se basa en la idea de que, mientras menstrúan, las mujeres están depurando una serie de energías negativas acumuladas durante un tiempo”.

La estudiosa añade que por ello, durante el período menstrual, una persona que tenga hecho santo, o una madrina, no debe manipular imágenes o estatuillas de santos, “porque se supone que esos atributos pierdan su poderío”.

De acuerdo con sus estudios y experiencia, Natalia Bolívar sostiene que hay que establecer la diferencia entre lo que dice Ifá y lo que puede recomendar el babalawo o el palero, de acuerdo con su parecer. “Todo está mediatizado por el ser humano”.

Hay órdenes de Ifá, por ejemplo, que advierten a una mujer que no debe abortar aunque ella quiera, cuando se ha divorciado del marido, porque corre el riesgo de morir durante el aborto. Otro caso es que el niño puede tener problemas.

En la Sociedad Secreta Abakuá está terminantemente prohibido ser mujer abakuá, precisa Natalia, “para ser hombre no hay que ser abakuá, pero para ser abakuá hay ue ser hombre”, dice en referencia a las reglas de ese grupo.

Sin embargo, en la sociedad Abakuá el hombre tiene que respetar a “la mujer, no forma parte de ella y ella es quien decide si su hijo entra o no al grupo y existen sanciones por faltarle a una mujer”, explica.

La homosexualidad, apuntan las especialistas, está totalmente proscrita. Las personas homosexuales pueden recibir Ifá, pero no deben ni tocar, ni mirar, ni ser babalawos.

En sentido general, madre e hija Bolívar reconocen, que con los nuevos tiempos también se han producido cambios. Según Natacha, con el incremento del divorcio y los nuevos tiempos, cuando el babalawo pregunta a Orula quién debe “levantarle”, empieza por la madre.

No obstante, Natacha, de una generación más joven, considera que “cada año que pasa la mujer va buscando su lugar, también dentro de la religión”.

Como nota interesante, Natalia recuerda que en Cuba hubo una sociedad de mujeres solas, esclavas y libertas, que desapareció a finales de los años 30 del siglo pasado.

Ella, que siembre está hurgando en la historia y los detalles, apunta que estas Osorongas, especie de una sociedad abakuá sólo de mujeres, fue el único fenómeno de este tipo en las Américas. Del hecho nada ha quedado oficialmente escrito, sólo se cuenta como parte de la historia trasmitida por tradicional oral.

Esas esclavas, procedentes del Calabar (puerto africano con salida al Océano Indico), establecieron una tierra abakuá en Cárdenas, Matanzas, en la época de la colonia española.

“Yo creo que es todavía una sociedad muy machista y confío en que la mujer que alcance, por eso, un lugar más protagónico”, concluye Natacha Bolívar.

2004/BJ/SM

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