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Desafíos Masculinos

Por Lucero Saldaña

La violencia en el noviazgo es uno de los desafíos actuales que enfrentan las y los jóvenes de cualquier condición social y educativa. Su patrón de conducta controladora, abusiva y agresiva que la pareja usa, es para obtener el poder físico y el control psicológico en una relación amorosa, adoptando las mismas tácticas abusivas que usan los adultos. La violencia juvenil es igual de seria que la violencia doméstica entre adultos y puede llegar a ser fatal. Basta considerar los lamentables hechos delictivos en que murieron dos menores en el mes de febrero, en Monterrey, N. L., hermanos de Erika, la joven a quien también hirió gravemente su reciente pareja.

Los noviazgos con violencia tienen una incidencia en casi una tercera parte de los jóvenes entre 16 y 24 años de edad, expresando haberse involucrado en por lo menos una situación violenta de pareja. Las mujeres jóvenes entre 18 y 24 años han experimentado 3 veces más violencia que las mujeres de 45 a 54 años de edad, pero en general las mujeres reciben 6 veces más violencia por parte de sus parejas que ellos de sus parejas. Datos de centros de atención a víctimas de varios países coinciden en señalar que el 50 por ciento de las niñas que viven en hogares violentos son más propensas a sufrir y aceptar la violencia en sus relaciones y pero aún, el 85 por ciento de los niños viviendo con violencia adoptarán un comportamiento abusivo con sus parejas.

El grupo que tiene mayor riesgo es el de las jóvenes embarazadas, pues el 70 por ciento son golpeadas por sus parejas. Adicionalmente se ha registrado que el 78 por ciento de los agresores comienzan a ser violentos antes de cumplir los 20 años de edad. Aunque se puede asumir que la violencia juvenil casi no es reportada, porque se acepta que el 30 por ciento de los jóvenes en relaciones sentimentales con violencia no comentan con alguien sobre sus situaciones y más del 60 por ciento se lo dicen únicamente a un amigo.

En este país, como en muchos otros, las mujeres son las más propensas a ser lastimadas por alguna persona conocida y esto es tanto en relaciones heterosexuales, como en las homosexuales y puede incluir cualquier forma de violencia, golpes, empujones, patadas, manazos, jalones de cabello, o estrangulamiento; también pueden comprenderse los actos de intimidación como manejar el vehículo sin cuidado, aventar objetos, bloquear entradas, amenazar con suicidarse, o con usar armas, o con causarle problemas a la familia.

En esta categoría que puede expresarse de manera verbal o emocionalmente están los celos, el menosprecio, sobrenombres, el abuso de palabras soeces, cartas, jugar juegos mentales, y hacer sentir a la víctima enloquecer, presionar para tener relaciones sexuales, decirle qué ropa usar para vestirse, o aislar a la víctima.

Todo esto cobijado por los mitos del amor, al pensar que “por amor” lo hacen, lo cual es una mentira tan grande como que, “si no te pega no te quiere”.

El amor no busca lo suyo, la violencia juvenil en el noviazgo tanto como en la violencia familiar, no tienen nada que ver con el amor, es el poder y control sobre la persona con la cual se establece la relación sentimental, ya sea de cualquier grado de escolaridad o condición económica, o de cualquier región geográfica del país, no se puede aceptar que son actos de barbarie de personas no cultas, no se puede aceptar que: “amar es sufrir”.

Está fundamentado tanto el patriarcado y el sexismo que para muchos hombres políticos o académicos, luchadores sociales, o profesionistas y demás, no les resulta trascendente para la construcción de un proyecto de nación democrático, justo y equitativo, ni cuestionar esta cultura machista en sus múltiples expresiones públicas o privadas. Avanzar en una cultura de la igualdad y la equidad implicaría que en nuestras relaciones, realmente se tenga un mismo nivel de respeto y comprensión hacia él o la otra.

Si de verdad comprendiéramos la igualdad entre mujeres y hombres, los conflictos no los resolveríamos desde la imposición, la violencia o el abuso de poder, sino del dialogo y el respeto en la relación de PAREJA.

Los hombres no quieren la autocrítica a sus identidades masculinas porque además de destapar mucho dolor, temen perder privilegios de la masculinidad hegemónica. Si el amor no tiene edad, la violencia tampoco. Terminó recordando al apóstol Pablo en su carta a los Corintios, diciendo: “el amor no se goza de la injusticia, mas se goza de la verdad”. [email protected]

*Periodista mexicana

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