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Desatiende gobierno chileno maternidad adolescente

Por Andrea González

Cada año nacen en Chile más de mil bebes de madres menores de catorce años, cifra que para el director del Centro de Medicina Reproductiva y Desarrollo Integral del Adolescente de la Universidad de Chile (Cemera), Ramiro Molina, es un problema de salud que no ha sido resuelto por la sociedad y las instancias gubernamentales correspondientes.

En sus palabras, se trata de “un verdadero desastre” que da cuenta de la inequidad existente en la sociedad. “No puede ser que en el país las comunas más pobres tengan los mayores índices de embarazos en niñas menores de 15 años”, comentó el especialista al Servicio de Noticias de la Mujer.

Por su parte, el doctor Giorgio Solimano, director de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Chile, estima que por lo general es la medicina la que se ve enfrentada a esta realidad, aun cuando el embarazo infantil responde a situaciones que se generaron mucho antes y que tienen que ver con el nivel educacional y socioeconómico de la familia, entre otros aspectos.

“Esto debe ser una responsabilidad compartida entre niñas y niños, gobierno, la sociedad completa, en definitiva”, dijo Solimano.

Una niña que tiene un hijo antes de los 14 años tiene una alta probabilidad de tener al menos uno más antes de que cumpla los 20. Estudios demuestran que esos hijos suelen ser de padres distintos, que muchos padres mueren jóvenes producto de hechos violentos y que otros tantos terminan presos.

Las niñas-madres tienen dificultades para acceder a la educación, para capacitarse y, por tanto, consiguen trabajos que no son bien remunerados.

La descendencia de madres adolescentes también tiene mayores índices de maltrato y mayores riesgos de hospitalización que otras personas menores de edad. La razón no está clara, pero existe una manifiesta relación entre maltrato, descuido y embarazos no deseados. Todos estos hechos sólo suman más antecedentes para que la joven madre se mantenga en el círculo de la pobreza, al que en general ya pertenece.

Para el director de Cemera, resolver este flagelo es una tarea de largo aliento que hay que empezar lo antes posible. La solución, a su juicio, pasa por tres pilares fundamentales: la familia, la educación integral equitativa que incluya la educación sexual, y una comunidad médica comprometida en su atención. Según Molina, la educación sexual debe considerar a los niños, niñas, padres, profesores y a la comunidad escolar completa.

La idea es que no sólo se tomen en cuenta los aspectos biológicos, sino los componentes psicológicos, de desarrollo social, compromiso y respeto a los derechos humanos, así como los conocimientos de género, el desarrollo de la afectividad, los proyectos de vida y la autoestima. Se trata de enseñar a amar, a entregar y recibir afecto.

“Una persona que tiene una autoestima alta y proyectos de vida, al momento de tomar la decisión de iniciar una vida sexual tendrá claros aspectos de prevención del embarazo y de infecciones de transmisión sexual. Es responsable porque tiene autoestima y, por tanto, su actitud es responsable también”, indicó Molina.

La tercera tarea le corresponde a los servicios de salud para que los y las jóvenes puedan acudir con la confidencialidad y “con el respeto que se merecen” a los centros de atención. A la vez, debería existir un mejor programa de atención adolescente que, lamentablemente, hoy no existe en este país, aseguró Molina.

06/YT

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