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Desigualdades de género agravan desastres por cambio climático

Por Anayeli García Martínez

Los desastres ocasionados por eventos climáticos o geológicos no son naturales, son una condición social que se agrava con las desigualdades de género, afirmó Xavier Moya García, coordinador del Programa Manejo Local del Riesgo de Desastres en el Sureste de México, del Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD).

En entrevista con Cimacnoticias, Moya García, mencionó que cuando no se cuenta con políticas públicas y con igualdad de género, las situaciones de riesgo se agravan y la distribución diferenciada de los impactos se profundiza, acentuándose en mujeres, poblaciones indígenas, niñas, niños y adultos mayores.

“El papel de la gestión o el manejo de desastres es dar una respuesta a éstos” y explicó que con el tiempo se ha comprobado que no sólo es necesario rehabilitar y reconstruir a una sociedad después de un desastre, pues ahora es un concepto más integral que también busca prevenir.

“La gestión de riesgos implica analizar lo que ya pasó y lo que puede ocurrir. Con esto se puede prever cuándo ocurrirá una amenaza, calcular de qué magnitud será y si se trata de una lluvia, un deslave o una inundación, y así reducir las condiciones de vulnerabilidad de la sociedad”, dijo el especialista.

Una de las responsabilidades de los Estados es cuidar la seguridad de los ciudadanos, visión que básicamente se traducía en atender las emergencias salvando la vida de quienes estaban en peligro. Actualmente una crisis o desastre ya no se ve como un castigo, sino como algo provocado por la actividad humana, aseguró.

De acuerdo con Moya García la participación de mujeres y hombres es clave para comprender la gestión de riesgos y diseñar estrategias que los controlen y reduzcan, materia en la cual muchos países han avanzado, aunque hay algunos otros que enfrentan mayores dificultades.

Un ejemplo de esto fue el sismo de 7 grados en la escala de Richter en Haití el 12 de enero de este año. Dos meses después en México ocurrió un sismo de la misma magnitud, esta vez en Mexicali. Las diferencias fueron claras, mientras que en Haití la catástrofe fue devastadora, en Mexicali no se derrumbó ningún edificio.

“Claro que esto se debe a que hay diferencias concretas, Puerto Príncipe, la ciudad devastada en Haití, es más pequeña, con más hacinamientos humanos, desigualdad y pobreza; mientras que en Mexicali llevan 20 años vigilando las construcciones, cuidando normas y materiales de construcción, lo que evitó un desastre de mayor magnitud”.

Precisó que existe toda una metodología que parte del análisis de la vulnerabilidades de riesgos, “descompone la realidad en todas sus dimensiones para entender esos cuellos de botella” que son físicos, socioculturales y económicos.

En el aspecto sociocultural es donde esta el tema de equidad de género, “de una sociedad bien organizada, equitativa, preparada, informada, empoderada y equitativa”. Aquí es donde se debe fomentar el acceso igualitario a la información, los bienes materiales y habilidades.

Dijo que el hecho de que en un desastre pierdan la vida más mujeres, niñas, niños o discapacitados, tiene que ver con inequidades no con la amenaza o nivel del sismo, la lluvia o el deslave.

Una forma de prevenir esta situación, es tener una sociedad más equitativa y más organizada. Garantizar que las personas tengan el mismo acceso a la información previa, para que puedan prepararse, reaccionar y tomar decisiones.

Esto quiere decir que las autoridades también podrán prevenir y será más fácil resolver los problemas inmediatos de un desastre: resolver la alimentación, el suministro de agua, saneamiento, el trabajo, la recuperación y reactivación de la economía y las vías de transporte. Lo anterior sin perder la continuidad de operación.

De 164 países donde el PNUD ha trabajado la gestión de riesgos, en México hay una línea de base de una sociedad “bastante inequitativa” sobre todo en el sureste. Hay que trabajar más en las fases de preparación ante las temporadas de incendios, huracanes o frentes fríos.

Agregó que mientras más mujeres sepan leer, hablar español, puedan moverse fuera de su comunidad, la respuesta a los desastres será más equitativa y la sociedad tendrá una oportunidad para modificar los modelos de desarrollo.

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