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Devino en pesadilla para las mujeres el “sueño” del TLCAN

Por Anaiz Zamora Márquez
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En 20 años, las promesas del Tratado de Libre Comercio para América del Norte (TLCAN) –acuerdo firmado entre México, Estados Unidos y Canadá– sólo trajeron para las mujeres largas jornadas laborales a cambio de salarios mínimos, el empobrecimiento del campo y el desplazamiento forzado de miles de ellas.
 
Como emblema del sexenio del entonces presidente Carlos Salinas de Gortari, el 1 de enero de 1994 entró en vigor el TLCAN y a partir de entonces se eliminaron los impuestos arancelarios y aduaneros para permitir el libre comercio entre los tres países.
 
En el discurso, al abrirse las puertas al comercio internacional se  ampliaría la presencia de los productos mexicanos en EU y Canadá y se generaría mayor inversión extranjera, lo que derivaría en mejoría económica para la población, ya que se crearían más empleos y habría mejores salarios.
 
No obstante, la cruda realidad que enfrentan las mujeres de los tres países revira drásticamente los planteamientos del acuerdo.
 
A 20 años de su entrada en vigor, trabajadoras, defensoras de los derechos laborales de las mujeres, sindicalistas y especialistas de las tres naciones se reunieron en esta capital, para evaluar los efectos del TLCAN en las mujeres.
 
Jessica Boehner, de la organización internacional Observatorio sobre Comercio Global, sostuvo que en EU el TLCAN afectó notablemente a las estadounidenses.
 
Denunció que el acuerdo se tradujo en la pérdida de más de un millón de empleos y la reducción de salarios para quienes conservan su empleo. Además, abundó, el déficit comercial que actualmente tiene EU asciende a 1.81 billones de pesos.
 
Persisten –dijo– condiciones laborales desiguales entre mujeres y varones; por ejemplo, por cada dólar que gana un varón, ellas ganan 77 centavos, y dos de cada tres personas con salario mínimo son mujeres.
 
Boehner recordó que el convenio argumentaba que con la creación de empleos se reduciría la migración desde México hacia el norte, lo que no ha sucedido, y por el contrario al año miles de mujeres llegan al país vecino en busca de oportunidades laborales, “quienes son mucho más vulnerables a ser pobres, violentadas y agredidas que las estadounidenses, además de que carecen de casi todos los servicios”.
 
Canadá, explicó la especialista en género y economía Serinet Pierr-Yves, vivió un movimiento feminista ampliamente fuerte antes de la década de los 90 que tuvo conquistas como guarderías financiadas por el Estado, pero organizadas por madres y padres de familia, o licencias de maternidad y paternidad equitativas.  
 
Sin embargo, sostuvo que la condición de las mujeres se vino a pique tras el convenio, y aunque aclaró que no se puede sostener que hay una relación directa y exclusiva entre el TLCAN y la situación de las mujeres, consideró que los acuerdos entre los tres países  abonaron a la construcción de un contexto desfavorable y desigual para las canadienses.
 
A decir de la especialista, la brecha entre las personas ricas y pobres “crece cada vez más”. En las dos décadas del tratado se han vivido procesos de militarización que colocan a las mujeres en una condición de alta vulnerabilidad ante agresiones, y se han privatizado los servicios públicos.
 
Paralelamente se han llevado a cabo procesos de reglamentación del trabajo que “normalizan” las violaciones a los derechos laborales, pues la vasta mayoría de las mujeres pese a contar con niveles escolarizados altos, tienen empleos que no responden a sus necesidades y que pueden perder de un momento a otro.

“Las mujeres deben estar disponibles para trabajar todo el tiempo, y el salario difícilmente llega a cubrir sus necesidades básicas, lo que crea una dependencia donde el dominio está del lado del empleador”.
 
Por su parte, Martha Heredia Figueroa, vicepresidenta de Equidad y Género de la Unión Nacional de Trabajadores (UNT), sostuvo que al ingresar más productos internacionales a México la forma de producción campesina quedo destruida, lo que obligó a muchas mujeres a emigrar a las ciudades en busca de una nueva fuente de ingresos, o en algunos casos las orilló a ser jefas de familia.
 
Actualmente –agregó– la mayoría de las trabajadoras no están protegidas por un sindicato, pues apenas 3 de cada 10 trabajadoras y trabajadores forman parte de uno.
 
Heredia Figueroa explicó que la inversión extranjera sólo derivó en monopolios y el enriquecimiento de algunos cuantos, llegaron empresas que fomentan el subempleo y los contratos volátiles, es decir, se visualiza a las mujeres como mano de obra barata.  
 
Este sexenio, al igual que el salinista, parece estar basado en promesas de mejoría económica y social, pues ahora “además de las consecuencias del TLCAN, las mujeres debemos enfrentar reformas estructurales que en realidad tienen un trasfondo laboral y económico”, sentenció Heredia.
 
Finalmente sostuvo que para hacer frente al empobrecimiento y a las consecuencias de los convenios que celebró México, así como a las nuevas políticas desfavorecedoras, las mujeres de los tres países deben consolidarse en una sola fuerza para crear redes de apoyo trasnacionales.
 
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