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Devolver la esperanza

Por Cecilia Lavalle

¿Alguien sabe dónde está? ¿Alguien tiene idea de dónde buscar? ¿Alguien se imagina cómo podemos encontrarla? Miles andan en su busca en distintos parajes. Miles la añoramos. Miles la anhelamos. Miles nos sentimos perdidos sin ella.

Me refiero a la esperanza de tener un mejor país. Me refiero a la esperanza de vivir en un país en donde la justicia se siente entre nosotros. Me refiero a la esperanza de vivir en un país donde la impunidad sea la excepción. Me refiero a la esperanza de vivir en un país donde el delincuente de cuello blanco, negro, azul, verde, amarillo, tricolor o sin cuello tenga un castigo. Me refiero a la esperanza de vivir en un país que proteja y respete a su ciudadanía. Me refiere a la esperanza de vivir en un país en el que tener esperanza sea sólo cuestión de querer tenerla.

Millones de personas han migrado porque se quedaron sin esperanza en su país. Miles migran cada año porque se han quedado sin la esperanza de un futuro mejor. Miles de mujeres agredidas, violentadas, se sienten sin la esperanza de un país que reconozca su valía y las cuide y proteja de hombres violentos que las consideran poco menos que un objeto de deshecho.

Miles de hombres se han quedado sin la esperanza de que su vida y sus bienes estén seguros y protegidos por una fuerza policíaca que cumple con su deber. Miles de hombres y mujeres se han quedado sin la esperanza de poder vivir a salvo de delincuentes y de poder distinguir, sin lugar a dudas, quién es el delincuente y quién el policía. Miles de niñas y niños se han quedado sin la esperanza de tener una niñez llena de candor e inocencia. Miles de niñas y niños se han quedado sin la esperanza de recuperar la inocencia arrebatada.

¿Se perdió de golpe o se ha ido perdiendo de poquito en poquito? La perdemos cada vez que hay campañas políticas y vemos que son los mismos con nuevos rostros. La perdemos cada vez que sabemos cuánto nos cuestan las elecciones y lo poco que podemos fiscalizar esos recursos. La perdemos cada vez que vemos que tener un partido político es un gran negocio. La perdemos cada vez que sabemos cuánto nos cuestan los partidos políticos y lo poco que nos sirven.

La perdemos cada vez que un político es denunciado por enriquecimiento inexplicable y no pasa nada. La perdemos cada vez que en la Cámara de Diputados se negocia impunidad. La perdemos cada vez que quien debe estar en la cárcel está en otro país. La perdemos cada vez que sabemos que un policía era el líder de una banda de secuestradores.

La perdemos cada vez que una mujer denuncia un abuso o una violación y las autoridades hacen caso omiso o la persiguen a ella. La perdemos cada vez que una mujer es asesinada. La perdemos cuando las asesinadas se cuentan por cientos y nadie hace justicia y nadie detiene la masacre. La perdemos cuando los pederastas huyen y las autoridades guardan silencios cómplices. La perdemos cuando quien defiende los derechos humanos de las mujeres es detenida por alzar la voz en nombre de las víctimas. La perdemos cuando vemos que los caminos se juntan en las avenidas Corrupción e Impunidad.

Y ahí está el carpetazo dado por el Partido Acción Nacional en la Cámara de Diputados con respecto a la investigación que se seguía a los hijos de la primera dama del país. Y ahí está el asunto de Arturo Montiel, del Partido Revolucionario Institucional; de su fortuna adquirida de manera aún inexplicable, y el aquí no pasa nada que de distintas maneras han pronunciado las autoridades.

Y ahí está el asunto de René Bejarano, del Partido de la Revolución Democrática, llenándose las bolsas de dinero. Y ahí está el ex candidato a la Presidencia de la República por el Partido Verde, Bernardo de la Garza, negociando su declinación y buscando al que presente la mejor oferta, el mejor negocio.

Y, del otro lado, ahí está Lydia Cacho, prestigiada defensora de los derechos humanos de las mujeres y destacada periodista, recibiendo un auto de formal prisión por denunciar un caso de pederastia que involucra a hombres poderosos.

El mensaje es claro. Los poderosos pueden todo, porque pueden. Quienes no tenemos poder no podemos sino ver, oír y callar. Quien les ofenda con el pétalo de una verdad o de una evidencia será castigado.

Se nos ha extraviado la esperanza. ¿O se la han llevado? ¿O la han secuestrado? ¿O nos la han arrebatado? ¿O la han escondido? ¿O la han robado?

¿Alguien sabe dónde puedo buscar? Me siento perdida sin ella.

Es Navidad. Oremos entonces.

Apreciaría sus comentarios: cecilialavalle@hotmail.com

*Periodista mexicana

05/CL/YT

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