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Drástico aumento de desempleo femenino en México

Por Guadalupe Cruz Jaimes

Tasas más altas de desempleo, aumento en las filas del sector informal, peores condiciones de trabajo, y la reducción del poder de compra, es el saldo que arrojó la crisis económica para las mexicanas en 2009.

El desfavorable panorama derivó en la disminución de la calidad de vida de las mujeres pobres y de clase media, quienes cada vez tienen menor acceso al mercado de trabajo, aseveró Carmen Ponce Meléndez, economista experta en el tema de género.

En octubre pasado, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (Inegi) reportó 2.9 millones de personas desempleadas de las cuales, el 7.0 fueron mujeres.

Durante los últimos tres años, encabezados por Felipe Calderón, quien se proclamó durante su campaña presidencial como el “presidente del empleo”, la desocupación aumentó 83 por ciento, según el Inegi. Situación que se agravó con las “medidas anticrisis” que implementó, como su decreto para extinguir Luz y Fuerza del Centro (LyFC), dejando sin empleo a casi 4 mil mujeres y 40 mil hombres electricistas.

Con ello, las electricistas en resistencia se sumaron a las 12.2 millones de personas que se ocupan en el sector informal, donde labora una de cada 3 mujeres en el país.

Frente a la desocupación, el gobierno federal creó 312 mil empleos, cifra insuficiente para abatir la problemática si se tiene en cuenta que antes de la recesión, el país necesitaba generar al menos un millón de trabajos formales, refirió Ponce Meléndez.

SE AGUDIZA LA PRECARIZACIÓN LABORAL

Al igual que el desempleo, se agudizó la precarización laboral, condición que vivían antes de la crisis, la mayoría de las 17 millones de trabajadoras del país, quienes representan el 38.3 por ciento de la Población Económicamente Activa (PEA), según registró el Inegi al último trimestre de 2009.

Una muestra, es que 4 de cada 10 trabajadoras gana menos de dos salarios mínimos al día, es decir, entre 54 y 110 pesos, y sólo 8.5 por ciento percibe cinco remuneraciones de este tipo. A ello, se le suma que las mujeres reciben en promedio 30 por ciento menos que los hombres por realizar el mismo trabajo, según la Secretaría de Trabajo y Previsión Social.

Los bajos salarios están relacionados con los empleos que ocupan las mujeres. De acuerdo con la tasa de ocupación por horas, que registró el Inegi en 2009, más de la mitad de las personas que laboran menos de 15 horas semanales son mujeres. Estos empleos carecen de contrato, prestaciones sociales, y estabilidad.

De ahí que es posible aseverar que las mujeres son quienes sobre todo carecen de seguridad social, derecho laboral del que sólo goza el 30 por ciento de la población en México.

Además de la precarización laboral, con la crisis económica aumentó el tiempo que las mujeres dedican a las labores del hogar, que, previo a la recesión era 10 horas más, en comparación con las que los hombres ocupan por las mismas tareas.

CANASTA BÁSICA, INALCANZABLE

Debido al aumento constante de la inflación -que según las proyecciones oficiales llegaría a 3 por ciento, cifra rebasada en septiembre pasado cuando alcanzó 4.89 por ciento- el costo de los alimentos se elevó entre 7 y 20 por ciento.

A la par que se incrementó el precio de la manutención, el ingreso de las familias se congeló, pues, con la crisis, la tercera parte de las compañías no otorgó ningún aumento a sueldos y salarios. Según datos del Banco de México, las empresas ignoraron el 3.7 por ciento de incremento salarial. Con ello, se redujo de forma “considerable” el poder de compra de las mujeres pobres y de las de clase media, indicó Carmen Ponce.

Los hogares más pobres, es decir quienes perciben 6 mil pesos trimestrales, destinan la mitad de su ingreso a alimentos y bebidas, reportó el Inegi, este año. De 2002 a 2008 esta población creció de 30.7 a 33.6 por ciento. Ello representa “un indicador muy fuerte” de miseria, aseveró la especialista.

Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), hasta el mes pasado, por cada 100 hombres pobres existían 115 mujeres en esta circunstancia. Esta población suma 189 millones de personas.

En tanto, las mujeres del sector medio también experimentaron un deterioro en su calidad de vida, ejemplo de ello es que los ingresos de servicios de esparcimiento, cultura, deporte y recreativos decrecieron 15.2 por ciento, de enero a septiembre de 2009, según el Inegi.

Ante el desempleo, la precarización laboral y la pérdida de poder adquisitivo, el sindicalismo es fundamental para que las trabajadoras, quienes ocupan los “peores” empleos puedan hacer frente a la crisis económica, refirió Héctor de la Cueva, director del Centro de Información Laboral y Asesoría Sindical.

Y es que “sólo organizadas pueden defender sus derechos de manera colectiva y de este modo alcanzar una mejor calidad de vida”, afirmó el especialista, quien calificó como “alarmante” la extinción de LyFC, pues con ello intenta desaparecer de “un plumazo” al Sindicato Mexicano de Electricistas, un sindicato con 95 años de historia.

09/GCJ/LR /LGL

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