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El amor en los infiernos

Por Marta Guerrero González

Sostengo, y lo haré hasta el último de mis respiros, que el amor es por lo único que vale la pena nacer. Otra vez, según Borges, vinimos a ser justos y ser felices; y cómo no serlo sin amor. Bien visto, el amor es una cuestión que tiene que ver con el valor máximo y con la justicia. Pero eso es filosofía y en ella no me detendré.

Baste saber que en un país, Nigeria (pero puede ser cualquier otro), Amina Lawal ha sido sentenciada a una muerte horrible. La razón es tan estúpida como lo es el criterio que formalizó esa absurda ley que impide tener relaciones sexuales, relaciones amorosas, fuera del matrimonio. Como Amina resultó embarazada, por esa razón fue descubierta.

A lo largo y ancho del planeta se han recopilado cartas, correos y firmas pidiendo el perdón o la suspensión de tan cruel sentencia, en la que será enterrada viva.

Si tenemos la suerte de ser leídos por el presidente Olusegun Obasanjo, y todavía mejor, si lo conmueven los millones de manifestaciones en favor de esta madre y de su bebé, la nota que escribo será para recordarnos que somos humanos y que lo mejor que puede pasarnos es amar a costo de cualquier consecuencia.

Hay millones de personas que trafican y matan y aterrorizan al mundo impunemente, hay quien abusa de niñas, niños, jóvenes y de mujeres violentamente, tanto en lo físico como en lo mental y están libres y tranquilos por las calles.

Amina, con su pequeña en brazos, nos hace reaccionar contra los lideres machistas (el progenitor nunca ha sido considerado culpable), sobre lo inútil de ésa y miles de muertes abanderadas por religiones y creencias extremistas, determinadas por jueces y verdugos de la humanidad; e incluso países enteros que se creen La Autoridad.

Por todo esto hago formalmente un llamado urgente al cielo, al comando superior o a quien haya quedado en el cargo: los humanos, simples mortales, nos negamos a seguir muriendo, nos negamos a pasar miseria y hambre, nos negamos a enfermar. Queremos amor, justicia y felicidad hasta el fín de la tierra y el universo anexo.

A ver cómo le hacen para inventar mejores modos de pasaje al otro lado y mejores modos de estancia y convivencia entre nosotros. Y esto sí es un ultimato irrevocable.

       
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