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El cuerpo femenino, botín de guerra: Mujeres sin Miedo

Por Miriam Ruiz

Estuvieron allí muchas de las activistas y artistas más destacadas del país, y también el subcomandante insurgente Marcos, pero en el primer plano del festival Mujeres sin Miedo estuvieron las voces de las agredidas en Atenco y el reconocimiento de que también en México el cuerpo de las mujeres es botín de guerra.

Mujeres sin Miedo fue el acto de apoyo y homenaje que medio centenar de actrices, músicas y escritoras destacadas del país montaron en menos de 15 días para recaudar fondos para la liberación de las presas políticas luego de los enfrentamientos en San Salvador Atenco, a principios de mayo.

Marcos, el subcomandante insurgente se sumó a esta causa contra el miedo, la que busca justicia y criticó a las autoridades que han sugerido que denunciar violación sexual es sólo una estrategia: “Si esto es así, entonces las golpeadas, detenidas ilegalmente, agredidas sexualmente, violadas, humilladas, planearon, entre otras cosas, ser mujeres”.

Estuvieron las artistas que siempre han estado por las causas políticas de la izquierda como las actrices Ofelia Medina y Ana Colchero, o las músicas como la ex Santa Sabina, Rita Guerrero o Jesusa Rodríguez. Y también las nuevas como las rudas Ultrasónicas.

Cada actriz, de cine o de telenovela, protagónica de primera línea o “nueva cara” puso su oficio para traer al escenario del tradicional salón de baile Los Ángeles, los más íntimos pesares y temores de las mujeres agredidas sexualmente en el traslado de cuatro horas desde San Salvador Atenco hasta el penal de Santiaguito.

Leticia Huijara, Marina Gajá, Elizabeth Aguilar, Pilar Pellicer, Jimena Jiménez Cacho, Ana Ofelia Murguía, Yatana, Julieta Venegas, María Sorté, sin protagonismos se sumaron a una sola causa, por demás cuestionada por autoridades y medios, liberar a las mujeres de Atenco.

Porque dijeron ellas mismas, a lo largo de cuatro horas, el mismo lapso que duró el festival, “les creemos, ninguna mujer miente sobre una agresión sexual”, porque, dijeron también, “el cuerpo de las mujeres es un campo de batalla en los conflictos”.

Y mientras ellas ocupaban el escenario, por allá del otro lado, se expusieron obras plásticas que se donaron para las Mujeres sin Miedo, las que todavía están en huelga de hambre y se ofrecieron cortes de cabello. El esfuerzo se había convertido –poco antes de la conclusión del evento—en 110 mil pesos, anunció Ofelia Medina.

Poco antes del cierre, la esperada Julieta Venegas. Y en el cierre – visionario o diva, que más da—el subcomandante Marcos que habló mientras más de tres mil personas allí reunidas guardaron silencio absoluto: las “abuelitas” que llenaban las primeras filas y los estudiantes “revoltosos” de las últimas.

Habló en nombre de “todas”, de “nosotras” y luego de reportar que ser “macho, varón” es uno de sus defectos, habló en este 2006 algo que ocurre desde tiempos inmemoriales: las mujeres son botín de guerra, siempre.

Reviró así la versión contra las autoridades que han sugerido que denunciar violación sexual es sólo una estrategia: “Si esto es así, entonces las golpeadas, detenidas ilegalmente, agredidas sexualmente, violadas, humilladas, planearon, entre otras cosas, ser mujeres”.

06/MR/SJ

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