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El feminicidio no constituye “incidentes aislados”

Por Carolina Velásquez

Lejos de significar incidentes de terrorismo sexual al azar y aislados, el feminicidio es un fenómeno extenso que ha “costado la vida a miles de mujeres”, sostiene la feminista Hill Radford en la última parte del libro Feminicidio. La política del asesinato de las mujeres, este asesinato misógino de mujeres cometido por hombres, es una forma de violencia sexual, considera la autora.

Al hablar de violencia sexual, Radford retoma en el mismo texto la definición de otra especialista en el tema, Liz Nelly, la cual señala a este tipo de violencia como “cualquier acto físico, visual, verbal o sexual” experimentado por una mujer o niña que “en ese momento o posterior, sea como amenaza, invasión o asalto, tenga el efecto de dañarla o degradarla y/o arrebatarle la capacidad de controlar el contacto íntimo”.

Para esta autora, lo importante de esta definición es el “reconocimiento” de la diferencia en que hombres y mujeres percibimos y experimentamos el mundo social y la violencia sexual.

Uno de los problemas más graves con relación al fenómeno del feminicidio es su negación.

Al respecto, dice Redford, “en lugar de permitir que se reconozca la existencia del feminicidio en toda su extensión, y sea abordado como un asunto de preocupación social y política, las poderosas instituciones de la sociedad patriarcal, a saber, la legislación, el poder judicial, la policía, se han negado a aceptar su existencia”.

Otro asunto, no menos grave, es que una de las estrategias desarrolladas para obscurecer este tema es la individualización.

“Los incidentes del feminicidio se construyen como eventos inusuales y aislados, y cuando se advierten patrones y conexiones entre una serie de asesinatos, entonces se sostiene que son resultado de la acción aislada y enloquecida de un psicópata y no una expresión recurrente de violencia sexual masculina”, puntualiza Redford.

Quizá la estrategia más común para desviar la culpabilidad del asesino, agrega, es culpar a la víctima o a otra mujer en su vida, habitualmente su madre, a quien se le achaca su patología.

Otros aspectos importantes a tomar en cuenta son la legislación y la incapacidad del Estado –a través del cumplimiento de la ley y del sistema judicial- para dar protección a las mujeres en contra del feminicidio.

Redford señala, como ejemplo, a la legislación inglesa que “en su incapacidad para tratar todas las formas de feminicidio como un crimen violento, disimula el comportamiento de los hombres y, en ocasiones, utilizando el argumento de la provocación como defensa, lo excusa de forma efectiva rehusándose a verlo con otros ojos que no sean los del “hombre razonable” tan favorecidos en la jurisprudencia británica”.

Esta falta de cumplimiento de la ley ha sido, sostiene la feminista, lo que ha resultado en la muerte de las mujeres.

Así, las quejas pueden tomar diversas formas: la incapacidad para reconocer las muertes a causa del feminicidio (resultado de las accionas de asesinatos en serie); ineptitud para dar prioridad a las investigaciones de la muerte provocada a las mujeres, e incompetencia para responder a los llamados de las mujeres pidiendo ayuda cuando se trata de casos de violencia doméstica.

07/CV/GG

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