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El sacerdocio tiene cara de mujer

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La Iglesia es una institución jerarquizada y muy rigurosa en sus ritos, estructurada esencialmente por hombres, desde el papa, los cardenales, los obispos, arzobispos y sacerdotes. Por lo mismo, las mujeres nunca han tenido poder de ningún tipo dentro de la jerarquía. Probablemente usted piense que la figura femenina de la Iglesia son sólo las monjas; si es así, se equivoca, porque sí existen sacerdotisas. Así lo informa Mujeres Chile.

No hay duda de que son mujeres que se atreven porque se sienten capaces. Cuatro de ellas fueron ordenadas sacerdotisas y cinco diaconisas -ocho estadounidenses y una canadiense- quienes recibieron los sacramentos el 26 de julio pasado de la mano de tres mujeres ordenadas en 2002 por un obispo argentino, a quien excomulgó el entonces cardenal Joseph Ratzinger, hoy Papa Benedicto XVI.

La directora del Comité de Organizaciones Evangélicas, pastora Juana Albornoz Guevara, señala: “comparto de todas maneras la ordenación de las sacerdotisas porque estamos hablando desde la perspectiva del mundo cristiano, y yo creo que nuestro Señor tomó muy en cuenta la tarea que hacían las mujeres. De hecho, él las discipuló”.

En 2002, cuando el todavía cardenal Joseph Ratzinger estaba a cargo de la ortodoxia de la doctrina, la Iglesia excomulgó de forma fulminante a otras siete mujeres que fueron ordenadas sacerdotisas en una ceremonia similar celebrada en un barco que navegaba por el río Danubio, entre Alemania y Austria.

Respecto de las ordenaciones de las sacerdotisas y diaconisas, el padre Augusto Rojas, profesor de Derecho Canónico de la Pontificia Universidad Católica de Chile y juez del Tribunal Eclesiástico de Santiago, señala: “desde el punto de vista disciplinario de la Iglesia Católica, estas ordenaciones no tienen relevancia jurídica. En ese sentido, entonces, ellas, si constituyen un grupo, sería un cisma al interno de la Iglesia por no obedecer las normas de la institución eclesiástica”.

A pesar de la amenaza de excomunión, las nueve mujeres están convencidas de que su decisión supone “pequeños pasos que necesitan darse” para cambiar positivamente a la Iglesia Católica, con la finalidad de crear un acceso más democrático. En forma clara, estas mujeres sacerdotisas quieren poner la voz de alerta en el hecho de que hombres y mujeres son iguales en todo ámbito de la sociedad.

Desde el enfoque de la integración femenina en las iglesias, la pastora Juana Albornoz asegura: “creo que en la Iglesia Evangélica eso ya es como una etapa que se está superando, porque la mayor parte de las congregaciones integran a las mujeres. Ellas son las que mejor sirven dentro de la comunidad por su sensibilidad y su visión maternal. Yo, de todas maneras, estoy en contra de la discriminación. Creo que hombres y mujeres podemos hacer las mismas tareas”.

ORDENACION DE LAS SACERDOTISAS

El lugar elegido para la ordenación fue el río San Lorenzo, en la frontera de Canadá y Estados Unidos, ya que ninguna diócesis católica ni de Canadá ni de Estados Unidos tiene jurisdicción sobre el área. A pesar de este hecho, es muy probable que las nueve decididas mujeres se enfrenten en un futuro próximo a la excomunión aunque no hagan nada que contravenga la doctrina religiosa, sino las labores típicas de un hombre sacerdote.

“Según el Concilio Vaticano II, ante Dios somos todos iguales, tenemos iguales derechos y deberes que cumplir, pero hay funciones que están reservadas para algunos. El excluir a la mujer del sacerdocio no es porque la mujer no sea capaz, sino que simplemente su rol la Iglesia lo ve en otras áreas; por eso se explica la presencia de las religiosas”, enfatiza el Padre Augusto Rojas.

Precisamente tres de las mujeres ordenadas entonces fueron las que oficiaron la ceremonia organizada por la Conferencia de Ordenación de Mujeres (COM), la mayor organización de mujeres sacerdotisas de Estados Unidos.

“Mi inquietud es seguir mi vocación, ser ordenada y ser capaz de continuar mi propio ministerio personal”, indicó la estadounidense Dana Reynolds, una de las ordenadas.

Michele Birch-Conery, canadiense y una de las ex monjas ordenadas actualmente, declaró a la televisión canadiense, CTV: “tomé la decisión de ser ordenada por la desigualdad de trato que considero atentatoria a la humanidad y que se observa claramente en la Iglesia Católica”.

Las personas que proponen conferir estas ordenaciones no tienen la autoridad de hacerlo, y las personas que quieren ser ordenadas no son elegibles, subrayó en un comunicado monseñor Anthony Meagher, arzobispo de Kingston, (Canadá).

En materia de igualdad, el padre Augusto Rojas aclara: “la Iglesia en eso se ha abierto mucho, la mujer lee en el púlpito, la mujer puede ser ministro extraordinario de la comunión, llevar la comunión a los enfermos; todas esas cosas antes del Concilio Vaticano II no eran pensables”.

Joy Barnes, directora de la Conferencia de Ordenación de Mujeres (COM) que organizó la ceremonia, dijo que la ordenación de mujeres sacerdotisas y diaconisas no es un desafío a la autoridad del Papa Benedicto XVI. “No, no es un desafío directo contra Joseph Ratzinger. La ordenación estaba planeada desde mucho antes que se procediera a la elección de un nuevo papa en abril”, aseguró.

Dentro de lo mismo, Barnes admite que la ordenación es un intento de cambiar la estructura de la Iglesia Católica que se niega a aceptar el sacerdocio femenino tal y como lo han hecho otras confesiones cristianas. Pero, por otra parte, es un hecho que los intentos de integrar a la mujer en la Iglesia Católica no han sido muy fructíferos, ya que sigue siendo una asamblea mayoritariamente de hombres y la mujer continúa en un rol secundario.

Barnes, al igual que las mujeres ordenadas, se mostró convencida del valor del paso dado el 26 de julio. “Las leyes injustas necesitan ser rotas y el impedimento a que las mujeres católicas puedan ser sacerdotisas es una de esas leyes injustas. Estas mujeres están dando un paso profético en la dirección marcada por Jesucristo, al que también sus propios líderes religiosos intentaron acallar”, añadió.

La iniciativa de estas mujeres demuestra el interés que tienen por ingresar a las instituciones eclesiásticas y aportar positivamente su tiempo realizando labores en favor de los mas necesitados sin ir en contra del cristianismo o el catolicismo.

Por el contrario, solamente buscan igualdad de oportunidades en un mundo en que, si bien se ha avanzado en el último tiempo en esta materia, aún falta mucho por hacer. Ellas han dado un importante paso y no están dispuestas a echar marcha atrás, sino a trabajar con más ganas, aunque saben que se arriesgan a la excomunión. Juana Albornoz, directora del Comité de Organizaciones Evangélicas, añade que “la ordenación de estas mujeres son pasos que se dan y que están abriendo camino en el reconocimiento a la capacidad de la mujer. No es muy fácil dentro del mundo evangélico ser pastora, pero ahora hay más voz de las mujeres porque se está perdiendo el miedo. Sin duda, hemos avanzado más en la integración que la Iglesia Católica”.

*Periodista

05/CD/YT

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