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Enfrentan indígenas tres veces más riesgo muerte materna

Por Silvia Magally

Un número indeterminado de mujeres habitantes de zonas rurales e indígenas, comunidades pequeñas y alejadas de las urbes donde los servicios de salud son escasos, deficientes o definitivamente no existen, mueren por problemas vinculados al embarazo sin que exista una cifra oficial que indique la gravedad del problema.

El subregistro de muertes maternas –los decesos no contados–, reconocido por el sector salud, es una realidad.

De acuerdo con el análisis de Gisela Espinosa, de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM) respecto a la mortalidad materna en zonas indígenas, la invisibilidad estadística de las defunciones de mujeres por motivos relacionados a la maternidad es una muestra más de la discriminación que sufren, aún en su lecho de muerte.

El estudio, resultado de los trabajos de la Coordinadora Nacional de Mujeres Indígenas con un grupo de 216 mujeres procedentes de diferentes estados: Chiapas, Guerrero, Michoacán, Veracruz, Oaxaca y Puebla, entre otros, consignó que la muerte materna evidencia no sólo los rezagos sociales nacionales, sino la desigualdad, la discriminación y marginación en que viven las comunidades indígenas.

Cifras extraoficiales indican que alrededor de mil 300 mujeres, sobre todo en zonas rurales e indígenas, siguen muriendo cada año por causas relacionadas con la maternidad.

Entre 1988 y 1993, en Chenahló, Chiapas, se calculó en 50 por ciento el subregistro de muertes maternas, en tanto que entre 1988 y 1990 el subregistro estimado para el Distrito Federal fue de 32.7 por ciento y en Morelos de 37.5 por ciento.

En México, la mayor parte de las mujeres gestantes que fallecen, tienen entre 35 y 39 años, cuando tendrían más de la mitad de su vida por delante, toda vez que la esperanza de vida al nacer es de 78 años en el caso de las mujeres, según el Consejo Nacional de Población (Conapo).

MUERTE POR PARTO EN PLENO SIGLO XXI

Del trabajo realizado con las 216 mujeres indígenas se desprendió que en las muertes maternas en este sector de la población se conjugan problemas económicos, de transporte, hasta orográficos y pluviales como los de aquellas mujeres cuyos pueblos quedan incomunicados en temporadas de lluvias.

Aunque también, salió a la luz que a pesar de recurrir a una institución del sector salud no se les garantiza la salud ni la vida, porque muchas de las clínicas y hospitales son “elefantes blancos” sin medicamentos, ni equipo y con personal médico insuficiente.

Las mujeres indígenas participantes, denunciaron ser discriminadas por los prestadores de los servicios de salud por su condición femenina, además de por su situación de pobreza.

A ello se suman otros factores de riesgo para las mujeres indígenas que tienen que ver con “los usos y costumbres” de sus pueblos. Ellas mismas afirman que “no nos permiten tener ni voz ni voto y estamos obligadas a obedecer”.

La investigadora Espinosa Damián advierte que están tan arraigados los usos y costumbres que subordinan a las mujeres indígenas a sus familias, sus comunidades pero también a las clínicas y hospitales del sector salud, que hacen que los riesgos de la maternidad se conviertan en decesos.

Así, las tasas de muerte materna en zonas indígenas son muy superiores a las tasas de sus propios estados, de tal forma que el riesgo de morir por ser madre en zonas indígenas es tres veces mayor que en el resto del país.

Mientras que a nivel nacional la tasa de mortalidad materna es de 51 por cada 100 mil nacidos vivos, por ejemplo, en zonas indígenas de Guerrero es de 283 muertes por cada 100 mil nacidos vivos, muertes que sólo podrían compararse con la situación de El Salvador hace 10 años, cuando los saldos de la guerra interna habían empeorado las condiciones generales de salud, afirmó la autora del análisis.

SM/MEL

       
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