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Enfrentan prisioneras iraquíes atroces torturas

Por la Redacción

Víctimas de las más atroces torturas, las mujeres iraquíes encarceladas están siendo utilizadas como objetos para quebrar el honor de la sociedad, a través de innumerables violaciones a la integridad física, síquica y moral.

Este es un breve resumen de los muchos testimonios recogidos por Eman Jamas, directora del Centro del Observatorio de la Ocupación que opera en Bagdad tras la invasión anglo-estadounidense.

En su informe destaca la cantidad de obstáculos psicológicos, sociales y culturales para que las mujeres iraquíes hablen abiertamente sobre lo que les ha ocurrido dentro de las prisiones de la ocupación.

El valor del honor, dice, es el más sagrado de todos en Irak incluso más que la vida misma y en este contexto cultural, resulta muy complejo que las mujeres víctimas de violaciones y torturas, describan y denuncien abiertamente estos hechos. Todas rechazan dar sus datos personales, fotografías o grabaciones de algún tipo, aunque sean de forma oculta.

El temor a represalias, a retornar a la prisión, es un argumento que al menos unas cuatro mujeres ya liberadas, confesaron a los profesionales del Centro del Observatorio de la Ocupación.

De hecho, el organismo iraquí ha recogido el testimonio de hombres excarcelados, que han debido firmar insólitas cartas de compromiso con los militares invasores, donde prometen una larga lista de cosas que coartan su libertad personal. Entre ellas, no hablar.

Pero además, mencionar el acoso sexual o cualquier otra situación que comprometa directamente el honor, es una falta demasiado grave y como destaca la propia Eman Jamas:

“Cualquier mujer u hombre preferiría morir antes que comprometer la reputación de su familia”, según difunde Mujereshoy.

LAS DETENCIONES

El Centro del Observatorio de la Ocupación de Bagdad había visitado ya la prisión de Rusafa el 19 de diciembre de 2003. En esa oportunidad, habían 13 mujeres en la categoría de internas como las autoridades de la ocupación llaman a las y los presos políticos detenidos supuestamente vinculados de alguna forma a la resistencia.

La detención de mujeres como rehenes o el mecanismo de presionar a los hombres mediante sus mujeres, constituyen una afrenta singular para la sociedad iraquí. Ellas se han convertido para las tropas ocupantes y para los servicios de inteligencia, en un objeto y un instrumento de violación, contrariamente a lo que el discurso de George Bush propugna ante la comunidad internacional acerca de que Estados Unidos ha ocupado Irak para liberar a las mujeres iraquíes como parte de su misión.

En su programa electoral Bush confirma esta actitud de oponerse a toda indiscriminación contra las mujeres, cuando dice, por ejemplo, que golpear a una embarazada constituye una violación a sus derechos y de sus hijas e hijos.

Según testigos de la prisión de Abu Ghraib, ha habido mujeres que han dado a luz a sus hijas e hijos dentro de la cárcel de la ocupación. Fueron detenidas cuando estaban embarazadas.

Una detenida a las afueras de Kirkuk acababa de tener a su hijo hacía 18 días y le estaba amamantando. Un soldado estadounidense cogió al niño, se lo dio a la abuela y se llevó a rastras a la madre mientras la leche se derramaba por su ropa.

Eman Jamas comenta además, que algunas presas han sido excarceladas pero que las detenciones de mujeres no han cesado.

De hecho, afirma que se han incrementado en lugares como Abu Ghraib. La campaña de detenciones incluyó a habitantes del área de Faluya. Se han mantenido los registros en las casas y se ha detenido a mujeres de todas las edades.

Un preso entrevistado por las y los profesionales del Centro, informó que había visto a una mujer anciana muy mayor, de más de 80 años, caminando por la cárcel de Abu Ghraib con un bastón.

Pero además, el Centro del Observatorio ya entrevistó y documentó el caso de una niña de doce años que fue detenida con sus dos hermanas de 19 y 21 años de edad y con su madre, de 50 años, en el centro de detención del aeropuerto internacional de Bagdad el pasado mes de diciembre.

Recientemente, el Centro ha sostenido nuevas entrevistas con mujeres encarceladas y con muchos presos, de los cuales la mayoría se negó a hablar abiertamente. Algunos lo hicieron en condición de anonimato. Pidieron que los detalles de fecha y lugar de la detención o de puesta en libertad no fueran mencionados por temor a ser reconocidos por las autoridades de ocupación.

2004/GV/SM

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