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Exige campesinado brasileño a gobierno políticas incluyentes

Por la Redacción

Más de mil organizaciones de campesinas y campesinos de todo Brasil se reúnen en el municipio de Luziania para participar en la segunda edición de la Conferencia Nacional por una Educación en el Campo y denunciar que el modelo de educación que propugna el Estado “no es compatible” con la realidad campesina.

El encuentro, que cuenta con el apoyo de ONG, el Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF, por sus siglas en inglés), sindicatos y educadores, tiene como propósito fortalecer la movilización por la educación y llamar la atención de las administraciones públicas para la elaboración de políticas más incluyentes.

El gobierno brasileño lleva a cabo el programa Brasil Alfabetizado, con el que pretende reducir el índice de 12.4 por ciento de analfabetismo del país. La propuesta cuenta con el apoyo de las organizaciones sociales, que piden a la administración central que amplíe los recursos y que no se limite a enseñar a escribir y leer.

Muchas escuelas de las zonas rurales han cerrado en los últimos años, por lo que parte de las y los alumnos han interrumpido sus estudios mientras que el resto se ha visto obligado a asistir a centros de las áreas urbanas y, como afirman las entidades campesinas, a entrar en una “cultura urbanizada”.

En algunas regiones rurales, en cambio, las administraciones han construido escuelas, pero no adaptadas al ritmo del campo, sin la infraestructura adecuada y con profesores sin una formación previa para enseñar en el campo.

En este contexto, cada vez son más las familias campesinas que se acercan a las ciudades para que sus hijas e hijos puedan estudiar y que, poco a poco, adoptan otras costumbres, otra forma de vestir e incluso otro lenguaje.

De ahí la petición de entidades como el Movimiento de los Sin Tierra o el Movimiento de Pequeños Agricultores para buscar “alternativas” al modelo educativo actual, según informó Canal Solidario.

De hecho, las y los campesinos están demostrando que es posible otro tipo de educación. Desde hace algunos meses, la Universidad Federal de Campina Grande, en Paraiba, lleva a cabo el proyecto Unicampo, o lo que es lo mismo, ha puesto en marcha una universidad para agricultores.

Así, padres e hijas e hijos campesinos asisten a clases sobre identidad, recursos naturales, sistema de producción, trabajo colectivo, ecoturismo y sobre la importancia de la educación en el desarrollo. La iniciativa, que empezó a gestarse hace cuatro años, es un buen ejemplo de como, a través de una educación adecuada al contexto, se puede estimular el desarrollo local.

Hasta ahora las discusiones han estado centradas en las actuales políticas públicas para el sector del campo y los modelos de agricultura alternativos existentes.

Durante las jornadas de trabajo se ha exigido la aplicación de una reforma agraria que beneficie a los pequeños campesinos y que rechace lo que las organizaciones agrícolas llaman el “nuevo modelo de desarrollo económico de la agricultura capitalista”.

Como explica Bernardo Mançano, geógrafo y profesor de la Universidad Estadual Paulista (UNESP), “la agricultura campesina necesita proyectos”, sobre todo en estos momentos en los que “32 mil propietarios controlan únicamente una tercera parte de las tierras del país”.

2004/GV/SM

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