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Exitoso proyecto productivo de mujeres de la etnia Pima

Por la Redacción

Después de casi 10 años de esfuerzo, un grupo de mujeres integrantes de la etnia sonorense Pima, ven prosperar el proyecto que puede darles seguridad, independencia y tranquilidad, el taller Lutisuc Centro Juan Diego, que hoy es una realidad.

Los bosques de la sierra sonorense, específicamente en el municipio de Yécora, ha sido por siglos su hogar y después de ser catalogado como uno de los grupos indígenas mas pobres del país, con problemas de alcoholismo, analfabetismo y drogadicción, la etnia Pima sale adelante con el apoyo de los tres niveles de gobierno y sus programas oficiales, pero sobre todo con el impulso de grupos organizados de la sociedad civil, informó un despacho de Infogénero.

Alejandra Valenzuela, coordinadora del grupo, narró que en 1997 Lutisuc, AC empezó a trabajar con mujeres Pimas que tenían varias cosas en común: casi todas eran analfabetas, con hijos, solas por viudez o abandono y pobres en extremo.

Después de trabajar primero en cuestiones tan elementales como la identidad de la mujer y autoestima, llegaron a organizar un grupo de trabajo que produjo el dinero necesario para adquirir alimentos básicos para sus hijos. Organizaron el taller de artesanas en diferentes comunidades de la región.

Al paso de los años, el grupo trabaja de manera formal en la comunidad de Juan Diego y gracias a su tenacidad y de la mano siempre de las mujeres de Lutisuc, hoy cuentan con su propio taller; una construcción de adobes que ellas mismas y sus familias fabrican.

Ahí mismo, cuidan a sus hijos mas pequeños, confeccionan todo tipo de artículos de manta y bordan a mano símbolos que son parte de sus raíces culturales, para después venderlos en espacios culturales en la capital del estado o en eventos indigenistas en otras partes de la República Mexicana.

TRABAJAR ORGANIZADAS, UNA VIDA MÁS DIGNA

Al principio, cuenta Alejandra, que en el proyecto no se permitía que las integrantes manejaran directamente el dinero producto de las ventas, porque sus hombres (esposos, padres o hijos mayores) se aprovechaban y malgastaban el recurso principalmente en bebidas alcohólicas.

Utilizaban un sistema de trueque por artículos de la canasta básica, hoy las cosas son distintas, ellas mismas hacen sus cuentas, manejan sus ingresos, reinvierten las ganancias y pueden hasta proyectar para su futuro.

Ahora, con máquinas de coser, después de tomar cursos de costura y con distintos proyectos productivos bajo el brazo, buscan la manera de instalar una tienda de artesanías y café para el turismo que visita el mismo pueblo donde viven.

Comparten su proyecto con mujeres de otras etnias mexicanas y sobre todo se preocupan por que las mujeres más pequeñas, sus hijas, aprendan el oficio y entiendan que, trabajando organizadas, pueden acceder a una forma de vida mas digna que la pobreza que les dan sus parejas o la limosna y el paternalismo oficial.

06/LR/CV

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