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Feministas árabes necesitan apoyo de mujeres y activistas en DH

Por Julia López

Es necesario que las organizaciones de mujeres y de derechos humanos apoyen la lucha de los grupos de mujeres árabes feministas que están trabajando porque las cosas cambien un poco, ya que la situación empeora día a día, dijo Haifa Haidar, especialista en violencia contra las mujeres y representante de la Unión de Mujeres de Jordania, quien estuvo recientemente en Barcelona.

En el Centro de Cultura de Mujeres Francisca Bonnemaisom, Haidar, responsable de una línea de atención telefónica a las mujeres sobre la violencia, dictó la conferencia Las luchas silenciadas: las mujeres en el Oriente Medio.

La jornada se realizó gracias a la cooperación de La Marcha Mundial de Mujeres conjuntamente con Entrepueblos, la Asamblea promotora FSMED en Barcelona (foro Social Mundial), Amnistía Internacional de Catalunya y de Sodepau.

Haifa Haidar nació en el norte de Siria y procede de una familia campesina, pero sus padres se preocuparon de que pudiera estudiar. Ella es abogada y ha realizado varios cursos internacionales de Igualdad de género y de Derechos Humanos. Vivió 3 años en Cuba, lo que le ha permitido tener un perfecto dominio del castellano. Ya ha visitado varias veces Barcelona y Madrid, para explicar la situación de las mujeres árabes en general y de las jordanas, en particular.

La Asociación a la que pertenece: “Jordania Woman’s Unión”, tiene más de cuarenta años, y unas 10 mil asociadas, que pagan una pequeña cantidad de dinero al mes para a pertenecer a ella. “No recibimos ninguna ayuda económica del gobierno jordano, al contrario nos ponen mucho dificultades, pero hemos podido desarrollar algunos programas, como el de la línea de atención telefónica, gracias a la ayuda internacional”.

NECESARIO APOYO

Haidar habló sobre la necesidad de que las organizaciones de mujeres y de derechos humanos apoyen la lucha de los grupos de mujeres árabes feministas que están trabajando porque las cosas cambien un poco, ya que la situación empeora día a día.

“Todo se agravó desde que los Estados Unidos han potenciado su particular guerra contra el terrorismo islamista, que en realidad está beneficiando a los mismos islamistas fundamentalistas que han colocado en el poder, y que mantienen bajo una opresión total a las mujeres, sean o no musulmanas”, dijo.

A su juicio, aunque muchas mujeres han conseguido gracias a su propio esfuerzo una mejor situación social y tienen un trabajo, se las sigue considerando como una propiedad privada de los hombres: nos miran como sirvientas de la casa, siempre al servicio del marido y de la familia. Nos obligan a estar encerradas. Si trabajas fuera, cuando vuelves a casa, nos espera una triple tarea, hay que tenerlo todo perfecto, educar a los hijos, y estar pendientes de todos los deseos del marido.

Para ella está muy claro, y así lo defiende en todos los foros a los que la invitan, que “los derechos de las mujeres, forman parte de los derechos humanos y son internacionales, tienen que cumplir en todo el mundo”. Sin embargo, en los países árabes, la mayoría de las mujeres jordanas y también las palestinas refugiadas allí, cada vez están peor.

Hay algunas pocas que, aunque están igualmente sometidas, forman parte de la elite del país y tienen ciertos privilegios, pero nuestras abuelas nos comentan que 50 ó 60 años antes, ellas estaban mucho mejor que nosotras, consideró. Ahora, el ascenso del islamismo fundamentalista y la rigurosa aplicación del Código de familia las mantiene durante toda la vida bajo el férreo control de los hombres.

Este ascenso del fundamentalismo islamista, ha conllevado un aumento de la situación de violencia dentro de los hogares: han aumentado enormemente las situaciones de maltrato, y las mujeres no tienen posibilidades de defenderse y denunciar. “Todas la jordanas han sufrido algún tipo de violencia de género –remarca Haifa – nos maltratan los maridos e incluso nos pueden matar ellos o los familiares, por asuntos de honor”, y el propio entorno familiar y social no ayuda mucho.

“Hay mucho miedo, y nuestra propia familia nos aconseja que, por favor, no saquemos de las cuatro paredes de la casa el problema”.

LA LÍNEA TELEFÓNICA HA MEJORADO LA SITUACIÓN

Sin embargo, según Haidar, las cosas están mejorando un poco. En el 2004, el primer año de funcionamiento de la línea de atención telefónica, sólo tuvieron unas 200 llamadas, este año pasado han atendido a unas 2500 mujeres. “En le mundo árabe –explica– no estamos acostumbradas a que una mujer maltratada, aunque se haya acogido a nuestro programa de ayuda, pueda dormir una noche fuera de su casa, así que tenemos que trabajar el problema, admitiendo que ella seguirá sufriendo cada día, y tratando de cambiar las cosas, hablando directamente con el marido, que al principio no quiere reconocer nada, pero después poco a poco van explicando sus motivos y justificaciones”.

Hay que tener en cuenta que en los países árabes los tabús más importantes siguen siendo criticar a la religión o hablar de la sexualidad. No es necesario que se prohíba porque está muy mal visto hablar de relaciones sexuales y de lo que ocurre en las relaciones personales entre hombres y mujeres.

“Los árabes no hablan jamás de sus relaciones íntimas –aclara Haidar– y a las mujeres les da una vergüenza muy grande comentar cómo se sienten y lo que les pasa en sus relaciones. Sin embargo, cada vez se están abriendo más y nos empiezan a contar de cómo viven en al intimidad, como sufren en sus relaciones sexuales y como las tratan”.

Por lo que se refiere al divorcio, si consiguen que se les conceda, pueden quedar completamente desamparadas, ellas y sus hijas e hijos se pueden quedar sin ninguna ayuda. “Aunque estamos ya en siglo XXI, las mujeres jordanas siguen sufriendo una reivindicación enorme. Los hombres pueden ir al juez y decir esta mujer no me conviene, me divorcio, y volverla a enviar con sus padres, dejándola sin nada”.

MATRIMONIO Y DERECHOS HUMANOS

Otra lucha que está desarrollando la Unión de mujeres Jordanas es conseguir que se respete la edad legal de matrimonio, que fue aprobada en el parlamento, a los 18 años. Pero en al realidad, no se cumple, ya que la decisión de casar a dos personas depende del juez local, que puede autorizar matrimonios de niñas de 14 y 15 años.

Da igual que estas jóvenes hayan sido compradas o intercambiadas por ganado o enseres, se las saca de su casa, y se las impide seguir sus estudios, y pueden convertirse en al segunda o tercera esposa del señor que pueda mantenerlas. Ellos todavía tienen derecho de casarse hasta con cuatro mujeres y repudiarlas cuando quiera.

Esta gran discriminación se agrava aún más entre las mujeres extranjeras que viven en Jordania como emigrantes o exiliadas. “Ustedes saben que en Jordania viven casi dos millones de palestinos y ya hay una segunda generación, que aunque ha nacido en nuestro país, no tiene reconocida la nacionalidad, aunque tampoco les importa demasiado, porque lo quieren es volver a sus pueblos en Palestina”.

Según Haifa, cuando les preguntas a estos niños, dicen que son del pueblo palestino del que fueron expulsados sus padres o abuelos, aunque ellos no hayan podido pisar jamás esos pueblos.

Aunque el gobierno jordano dispone de fondos internacionales para mejorar la vida de las y los palestinos que viven en los cuatro o cinco campos de refugiados, no utiliza el dinero para eso, y nadie controla nada. Los refugiados y refugiadas viven en unas condiciones miserables, en casas muy pequeñas, o en haimas, en las que pueden convivir hasta 10 ó 12 personas.

“La mujeres, como siempre ocurre –explica Haifa– son las que pagan esta malísima situación. Muchas sufren un maltrato continuo. Hacemos lo que podemos para ayudar a estas mujeres, visitamos continuamente los campos, y desarrollamos programas de formación para sus hijos e hijas. Les damos una formación para que puedan salir de los campos, aunque después se encuentran que no tienen oportunidades de trabajo”.

Parecida situación pueden padecer las mujeres extranjeras, inmigrantes de otros países árabes o, incluso, algunas europeas, que están casadas con jordanos pero no tienen la nacionalidad ni ningún derecho legal, concluyó Haifa.

07/JL/GG/CV

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